Confesión ardiente: Mi polvo prohibido en la playa del Var con el marido de mi amiga

Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó el otro día en esa playa perdida del Var. Habíamos ido con dos parejas de amigos, todos con niños, buscando un rincón aislado lejos del gentío de Niza. Llegamos temprano, untamos a los peques con crema solar… ‘¡Cuidado, niños, no os alejéis mucho para que os vigilemos!’, gritábamos. Luego nos instalamos bajo los parasoles, nos quitamos la ropa y nos untamos nosotros. Yo, con mi monokini blanco que deja poco a la imaginación, a pesar de mis curvas generosas.

Vi la escena: el marido de Julie, ese tío bueno frustrado, le unta crema a su mujer y se le va la mano bajo el bikini. ¡Zas! Julie le monta un pollo frío. Pobre, desde que nació la última niña hace cuatro años, ni flujo tienen. Él parece un alma en pena, y Jacques y Eric, los maridos de las otras, no paran de mirarme las tetas cuando sus mujeres no miran.

La playa perfecta y las primeras chispas

Anuncio que voy a nadar, pero él ya está en el agua, huyendo. Lo sigo. El agua está tibia, cristalina, huele a sal y algas. ‘Pff, esa tía de allí está siliconada, ¿no?’, le digo riendo para romper el hielo. Charlamos. ‘¿Todo bien con Julie?’, pregunto bajito. ‘Rutina total… hace años que no…’, suspira él. ‘¿Cuatro años? ¡Madre mía! Habla con ella, o hazla celosa’, sugiero juguetona.

‘¿Carrera hasta las boyas? ¡El último paga prenda!’, lanzo. Él acepta, pensando que mis kilitos extra me frenarán. Pero nado como una loca, braseando fuerte. Gano por los pelos. ‘¡Ja! Ahora trae una concha’, le digo triunfal. Se sumerge… y tarda una eternidad. Emerge pálido, con arena en la mano. ‘¿Has visto un tiburón?’, bromeo. ‘No, una sirena’, dice mirándome los ojos azules. Se apoya en mis hombros, su cuerpo contra el mío… uf, siento su paquete endureciéndose contra mi culo.

‘¿La sirena te ha puesto cachondo y te conformas con la ballena?’, digo medio en broma. ‘Idiota, tú eres la sirena’, responde apretándome. Glup, trago agua. Toso, pero él me besa. Labios salados, dientes chocando, su lengua explorando la mía. Agua por todas partes, olor a mar intenso. Sus manos en mi culo, mis piernas abriéndose solas. Ondulo contra su polla dura bajo el short. ‘¿Capote?’, gime entre besos. No hay tiempo, froto mi coño contra él a través de la tela. Gemidos ahogados, agua chapoteando. Mi orgasmo llega brutal, él eyacula justo después. Nos hundimos un segundo, saliendo entre risas y semen flotando.

El clímax en las boyas: sexo acuático inolvidable

‘Ha sido brutal, hacía años que no follaba así’, confiesa. ‘Yo lo soñaba desde hace tiempo’, admito. Volvemos nadando lento. ‘¿Lo lamentas?’, pregunta. ‘Qué va… pero ¿y Eric? Él se folla a su secretaria, yo hago lo que quiero’, digo. Aterrizamos sin que nadie note nada. Pique-nique, lo pillo mirándome el escote cuando me unto crema en las tetas, mirándolo desafiante.

Él va por cafés y vuelve misterioso. Más tarde, en el agua con mi mini-tabla: ‘No me diste la concha…’. Me alejo ondulando el culo, metiendo el tanga entre las nalgas. Me alcanza en las boyas. Sumerge la cara entre mis tetas enormes, besos furiosos. ‘Te deseo tanto’, susurro. ‘Espera’, dice, ata la tabla a la boya. Me manosea tetas, culo… Luego baja, muerde mi pubis a través del maillot. Huele a mi excitación mezclada con sal. Ecarte la tela, lame mi clítoris depilado. ‘¡Ay, sí! Más fuerte’, gimo apretándole la cabeza. Lengua en mi coño, nariz frotando el clítoris, manos en mis muslos gordos. TiemBlo, grito ahogado, orgasmo me sacude.

Saca un condón nuevo. ‘¡Qué listo!’, río ayudándole a ponérselo bajo el agua, difícil pero excitante. Baja su short, me monto a horcajadas. Sus labios grandes rozan su polla, entro hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta!’, gime. Agua tibia envolviéndonos, tetas aplastadas contra su pecho, piernas enroscadas. Ondulo lento, acelero. Gemidos, chapoteos, olor a sexo salado. Mi orgasmo primero, luego el suyo, temblando juntos.

‘Casi mejor de lo soñado’, digo. ‘Me has hechizado’, responde. Vemos un nadador cerca, nos separamos. Él pierde el short… ¡drama! Pero lo recupera. Vuelvo primero, él después con sonrisa boba mientras Julie le echa la bronca. Nuestras miradas se cruzan: secreto compartido, piel erizada aún por el placer.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *