La Visita Médica que Terminó en Sexo Salvaje

Ay, amiga, no sabes… acabo de vivir algo que me tiene aún temblando. Soy Martine, 28 años, médico del trabajo en la empresa. Llamé al chico de informática ayer porque mi ordenador no arrancaba. Mel, se llama. Lo había visto por los pasillos, alto, fuerte… su voz por teléfono ya me puso la piel de gallina.

—Hola, ¿servicio informático? —le dije.

El Reparo que Despertó el Deseo

—Soy Mel Chervente, ¿qué pasa con el equipo?

—Es que no enciende, ni se pone en marcha.

—Voy ahora mismo, ya de paso nos conocemos.

Entró y… uf, qué hombre. Le di la mano, mi bata blanca ajustada marcando mis tetas generosas. Se agachó bajo el escritorio para mirar los cables. Yo me senté enfrente, crucé las piernas despacio… dejando que viera un poco. Noté cómo su mirada subía por mis muslos, hasta el triángulo blanco de mis bragas. Empecé a mojarme solo con eso. Él se puso duro, lo vi en sus pantalones. Arregló el cable, se levantó… y mis ojos clavados en su paquete.

Pero justo entonces, mi secretaria tocó la puerta. Salí un momento, me abotoné bien la bata… y él se fue. Al salir, Monique me dijo: “Mel tiene que hacer su visita anual mañana por la tarde”. Perfecto.

Esa noche no dormí. Me duché pensando en él, me toqué el coño imaginando sus manos. Al día siguiente, me preparé: bata suelta, nada debajo. Lo vi llegar por la ventana. Corazón latiendo fuerte.

—Pasa, Mel —le dije, apretándole la mano. Se sentó. Le hice las preguntas de rutina, pero mis ojos en su cuerpo. Pelo moreno, músculos… me mordí el labio.

—¿Te desvestir para el examen?

Se quitó todo menos el bóxer. ¡Madre mía, qué culo! Me acerqué a la báscula, le rozé la piel… su polla empezó a endurecerse. Intentó disimular, pero no pudo. Yo ya chorreaba, el olor a excitación en el aire.

El Examen que Nos Llevó al Éxtasis

—Tumbado en la camilla, porfa.

Le puse el tensiómetro, me incliné… un botón de mi bata saltó. Vio mi pezón rosado, erecto. Su verga saltó como un resorte, enorme bajo el bóxer. Cada roce mío le hacía gemir bajito. Mi coño lampiño goteaba por mis muslos.

Iba a chequear reflejos cuando… sentí su mano caliente bajo mi bata. No me giré. Subió por mis piernas, tocó mi coño desnudo, resbaladizo. “Joder…”, susurré. Metió un dedo, luego dos. Yo abrí las piernas, gimiendo suave. El sonido húmedo de sus dedos entrando y saliendo… olor a sexo puro.

Me giré un poco, solté mi pelo, abrí la bata de golpe. Mis tetas firmes saltaron libres, pezones duros como piedras. Él jadeaba. Me incliné, besé su polla por encima del bóxer, lamí la hampe gruesa. La bajé con los dientes… ¡qué polla! Gorda, venosa, pre-semen saliendo. La chupé despacio, lengua alrededor del glande, hasta la garganta. Él aceleró los dedos en mi coño, pulgar en mi ano. Me corrí un poco, temblando.

No aguantó más. Me levantó, beso salvaje, lenguas enredadas con sabor a saliva y deseo. Me puso contra la camilla, de espaldas. Agarró mi pelo, tiró… y ¡zas! Me clavó la polla hasta el fondo. “¡Aaaah!”, grité. Entraba y salía, chapoteando en mi jugo. Olor a sudor, piel chocando: plof plof plof.

Me inclinó más, follándome duro. Cambió: glande en mi culo. Lo abrí con las manos, mis nalgas grandes separadas. Entró lento… ardor delicioso, luego embestidas brutales. “¡Rómpeme el culo!”, le ordené. Sus huevos golpeaban mi clítoris, yo gritaba, él gruñía. Orgasmos nos pillaron: él eyaculando caliente dentro, yo convulsionando, coño contrayéndose vacío pero extasiado.

Caímos al suelo, besándonos. Luego, ducha juntos en la pieza de al lado. Agua caliente, jabón resbalando por nuestros cuerpos. Sus dedos otra vez en mí, me corrí lasciva, gimiendo su nombre.

Se vistió. “¿Haces reparaciones a domicilio?” Le di mi dirección. Mañana por la noche. Salió con un beso que me dejó las rodillas flojas.

Ahora estoy aquí, desnuda bajo el vestido, verificando la webcam… todo grabado. Mi marido va a flipar viéndolo. Esta noche nos calentaremos juntos. ¿Qué me esperará mañana? Uf, ya estoy mojada otra vez…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *