Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Tengo 28 años, soy de Madrid, y mi marido Dani siempre ha tenido este rollo en la cabeza. Me cuenta que le pone imaginarme con otro, que soy yo la que follo con tíos mientras él mira. Al principio flipé, pero… bueno, con el tiempo me empezó a excitar también. Nuestros polvos eran buenos, pero rutinarios. Él en llamas todo el día, yo con el curro y los niños… pues normal.
Una noche, estamos en el sofá, él leyendo una historia guarra en la tablet. ‘¿Te molaría con dos tíos?’, me suelta de repente. Me río, pero noto que va en serio. ‘¿Es una propuesta?’, le digo juguetona, subiéndome encima. Le beso fuerte, lengua dentro, y le digo: ‘Vale, pero yo elijo. Nada de cualquiera’. Se queda blanco, pero su polla está dura como piedra contra mí. Esa noche follamos como animales, oliendo a sudor y deseo.
El comienzo del fantasme: charlas calientes y la propuesta irresistible
Pasan semanas. Nos ponemos calientes hablando de eso. Yo le cuento de mis ex: Damián, un moreno alto y bestia que me follaba como un loco cuando tenía 23, y Juan, un negro francés superdotado que conocí en la uni. ‘¿Y si les llamo?’, le digo un día. Él traga saliva, pero asiente. ‘Hazlo tú, amor’. El corazón me late fuerte.
Fin de curso, los niños con los abuelos. Me cruzo con Damián en la calle. Hablamos, invita a cenar con su colega Juan. Llego a casa: ‘Son perfectos para tu fantasme’. Dani se pone pálido, celoso. ‘¿Has follado con él?’. ‘Sí, antes de ti’, le digo. Se cabrea, pero luego se calma. Al día siguiente, cancela, pero yo ya había movido hilos.
Una noche romántica, le confieso: ‘Todo estaba listo con Damián y Juan. Quería hacerte ilusión’. Él flipa: ‘Podríamos intentarlo’. Pero con cuidado, solo gente de confianza.
Llega el gran día. Cena en restaurante, yo con vestido corto negro, escotado, string rosa, tacones altos. Huelo a perfume dulce, piel suave. Dani: ‘¡Estás increíble!’. En el hotel, Juan nos espera en el bar. Moreno, musculoso, sonrisa pícara. Me besa en la boca, hola largo. Damián llega: alto, guapo, voz grave. ‘¿Tú eres el que me quitó a Ana? ¡Candaulista total!’.
Se sientan conmigo en el sofá. Damián me besa directo, lengua profunda, mano en mi muslo. Sube, aprieta nalga. ‘Mmm, qué dura’. Saco pecho, él mete mano en el escote, saca teta. La amasa, pezón duro entre dedos. Huele a su colonia fuerte, mi coño ya moja. Juan mira, polla hinchada en pantalón.
El camarero trae copas, ignora mi teta al aire. Sigo besando a Damián, saliva mezclada, sabor a whisky. Juan no aguanta: me besa él, muerde pezón. ‘¡Ay!’, gimo bajito. Chupa fuerte, lengua áspera, succión húmeda. Huele a su piel oscura, sudor leve. Mi teta hinchada, roja, sensible.
La noche loca: del bar al restaurante, la discoteca y el clímax en casa
Fuera, caminando al río. Me tumban en el parapet. Risas, forcejeo juguetón. ‘¡Nooo!’, digo riendo. Me quitan el string, vuela al agua. Piernas abiertas, Damián entre ellas, lame coño. Lengua en clítoris, chup chup, jugos salados. Juan besa, manos en tetas. Aire fresco en mi chochito expuesto, olor a río y mi excitación.
En el restaurante, mesa alta, público abajo. Damián mete dedos: dos, tres. ‘¡Joder, qué mojada!’. Gimo suave, cabeza atrás. Olor a mi flujo en su mano. Me corro: ‘¡Síii!’, temblor, contracciones. 14 minutos, dice él riendo. Limpiamos con servilletas, voy al baño. Damián me sigue: ‘Abre piernas’. Me folla contra pared, rápido, polla gorda entrando. ‘¡Ah! Más’. Salgo fresca, pero coño palpitante.
‘¿Soy cocu ahora?’, pregunta Dani. ‘Sí, amor’, le digo besándolo. Juan espera turrón. Bajo cremallera, polla enorme, negra, venosa. La mamo: glande salado, vena pulsando en lengua. Ojos en Dani mientras chupo, trago hasta garganta. Él se corre: chorros calientes en cara, boca. Limpio todo, lengua en uretra, bolas peludas.
Discoteca. Baile, manos en culos. Salgo con Dani, me folla contra reja. ‘¡Fuerte!’, grito. Entra suave, luego pica. Olor a noche, sudor. Juan llega: ‘Mi turno’. Me pone a cuatro, polla gigante. Empuja: ‘¡Aaaah!’, duele-placer. Raspa paredes, fondo. Grito como loca, mano en bolas suyas. Me corro gritando.
Hélène nos pilla, pero seguimos. En hotel, intentamos doble: Juan debajo, yo cabalgando. Polla negra arriba-abajo, lentos ‘han han’. Damián en culo: lubricado, entra fácil. ‘¡Dios, llena!’, chillidos. Ruido chap chap, olores a sexo, sudor. Vecinos llaman, paramos.
A casa. En coche, juegos con Juan: besos, manos. Desnuda, entro riendo. En cama, Juan me folla misionero, Damián espera. Luego doble otra vez: yo encima Juan, Damián atrás. Gemidos, pieles chocando, sudada. Dani mira desde puerta, celoso-excitado.
Dani sale, oímos sus pasos. Yo sigo: Juan me revienta coño, Damián culo. ‘¡Más, joder!’. Corro múltiples veces, cuerpo temblando, sabores a pollas en boca. Al final, exhaustos. Mañana, rutina: lessive, niños. Pero… fue brutal. Dani feliz, yo también. ¿Volver? Quién sabe. Me encanta el riesgo.