Estoy sentada en la terraza de este café junto a la playa, con un cóctel fresco en la mano. Hace sol, brisa marina… sola por unos días, sin compromisos. Me encanta esta libertad. De repente, un tío se planta delante de mí.
—Pero por favor, haz como en tu casa, ¡no te prives!
El incidente en la terraza que lo cambió todo
Me quedo flipada. ¿Qué coño? El sol lo siluetea, no le veo la cara bien.
—¿Perdona?
—Haz la inocente, ¿eh? —insiste, con voz agria.
No entiendo nada. ¿Una nueva forma de ligar? Soy de 28, abierta al sexo, me flipan las sensaciones fuertes, pero esto… pff. Pensaba que quizás algún tío me miraría, me haría sentir deseada. Pero este parece cabreado.
Se acerca más, susurra:
—Deberías avergonzarte.
Y se va con su amigo, dos tíos guapísimos, unos 30, bien puestos. Parecen pareja, un poco efféminos. Me quedo pensando.
Bajo a la playa, extiendo la toalla. Tiro de mi vestido… ¡joder! Nada debajo. Olvidé el bikini en el hotel. Mis tetas al aire, y antes en la terraza, con las piernas abiertas… mi coño expuesto al sol, como un foco. Ahora lo pillo: me vieron todo. Un hetero se habría puesto cachondo, pero estos… ¿celos?
Al día siguiente, en el desayuno, ahí están. Me acerco, pido disculpas.
—Perdón por lo de ayer…
Se ríen. El callado, Marc, me dice:
—Guillaume es celoso. Soy bi, tu… visión me puso la polla dura. Él flipó.
—¿Bandé? —digo directa, sonriendo.
—Shh, bajito. Sí.
Nos miramos cómplices. Esa noche no duermo. Calor asfixiante, mi cuerpo arde. Me falta polla, lengua… resisto masturbarme por mi pacto con mi rollo en casa. Salgo al balcón, nuisette fina, pezones duros por la brisa.
Se abre la ventana al lado. Son ellos.
Del voyeurismo al trío explosivo: penetraciones dobles y éxtasis
—Qué calor, joder —dice Marc.
Guillaume lo abraza:
—Ven, cariño, me tienes cachondo toda la noche.
Se besan, lenguas chasqueando. Entro a espiar por la puerta entreabierta. Nunca vi tíos follando. Se desnudan, pollas duras, venosas. Se pajean mutuo, olores a sudor macho, mar.
Marc chupa los pezones de Guillaume, baja… glup, glup. Su polla enorme entra en la boca, bolas en la mano. Me mojo ya. Mi coño palpita, huelo mi propia excitación dulce-salada.
No aguanto, me toco. Dedos en el clítoris hinchado, tetas sensibles. ¡Ahh! Resbalo, ruido.
Guillaume salta:
—¡Tú otra vez!
Me arrastra dentro. Marc:
—Cálmate, solo miraba.
Guillaume se sienta, polla floja. Marc lo calma, lo besa, lo mama de nuevo. Lametazos en el culo, saliva brillante. Luego, levanta piernas de Guillaume, empuja… ¡zas! Entra su polla en el ano. Plaf, plaf. Brillos sudorosos, gemidos roncos: “¡Sí, fóllame!” Olor a sexo intenso, culos abiertos.
Marc eyacula dentro, baba de semen sale. Cambian: Guillaume en levrette a Marc, polla gigante dilatando el ojete. Chapoteo húmedo, como coño mojado. Guillaume gruñe, bombea, eyacula fuerte.
Se duermen. Me escabullo, ducha fría. Pero vuelven. Marc me tumba, lame mi coño: lengua plana, chupando clítoris, “¡Qué rica estás!” Huele a mi flujo, salado. Levanto piernas, su polla resbala dentro. Llena, caliente, venas pulsando.
Guillaume mira, celoso. Se pone detrás de Marc, saliva, ¡pum! Lo encule. Siento el empujón doble: polla de Marc más honda. Ritmo: boum, boum. Sudor gotea, tetas rebotan, mi coño chorrea. “¡Más fuerte!” grito.
Marc corre primero, semen caliente inundándome. Guillaume sale, chorros en la espalda de Marc, salpica mi cara. Pruebo: salado, espeso. “Mmm, rico.”
No contenta, agacho a Guillaume. Su polla huele a culo, semen. La chupo, endurece. “¿Quieres mi coño?” Lo monto, él en mi culo… espera, no. Los coloco: yo a cuatro, Marc en coño, Guillaume en culo. Doble llenado. Estirada, ardor placentero, fricción clítoris. Gemidos locos: “¡Folladme! ¡Joder, sí!” Eyaculamos juntos, temblores, líquidos chorreando.
Agotados, risas. Mañana vuelvo a la normalidad, pero esto… inolvidable.