Ay, chica, acabo de salir del dermatólogo y… uf, no sé ni por dónde empezar. Tengo 27 años, el verano ha sido una locura de playas, sol todo el día, topless con las amigas… y de repente, me salen estas manchitas más claras en la piel bronceada. Mis padres me dicen: ve al dermatólogo, será un hongo de la playa, nada grave.
Cojo cita para la tarde, último turno de la semana porque no quiero perder ni un día de vacaciones. Llego diez minutos antes, sale el paciente anterior y la asistente, una tía buenísima de unos 35, con bata blanca que se le pega al cuerpo… cierra la puerta con llave y me suelta con una sonrisa pícara: ‘Eres la última, relájate’. Huele a desinfectante mezclado con algo dulce, como vainilla.
La llegada al consultorio y el primer toque
Entro al consultorio, luz tenue. El doc, un hombre maduro, atractivo, tipo 50, me pregunta qué pasa. Le explico lo de las manchas. ‘Desnúdate y túmbate en la camilla’, dice seco. Me quito la camiseta, el short… me quedo en bragas. Me tumbo bocarriba, piel erizada por el aire fresco. Él se acerca con una lupa, examina. ‘Prepara a la paciente’, le dice a la asistente.
Ella baja las persianas, penumbra total. Saca un polvo blanco, talco suave, fresco… empieza a untármelo en hombros, pechos… sus manos calientes, rozan mis pezones, que se endurecen al instante. ‘Quítate las bragas’, murmura. Las baja despacio, rozando mis muslos. Estoy expuesta, desnuda, coño al aire. El talco en el vientre, baja… toca mi monte de Venus, labios… olor a mi excitación empezando a subir, húmeda ya.
‘¿Qué… qué haces?’, balbuceo. ‘Shh, es para el examen’, responde ella, voz ronca. El doc vuelve con luz negra, las manchas brillan. ‘Date la vuelta’. Lo hago, culo arriba. Ella unta talco en espalda, piernas… llega a nalgas. Manos separando cachetes, dedo rozando ano. ‘Bien abierto’, dice el doc. Siento su aliento cerca, caliente. Empiezo a mojarme fuerte, clítoris hinchado, coño palpitando.
Él posa manos en mis nalgas, masajea el talco, dedo presiona mi ano. ‘Para ver bien’, dice. Gimo bajito, ‘Ahh…’. Me tocan el culo, dedos entrando un poco, resbaladizo. Estoy ardiendo, coño chorreando. ‘Vuélvete’, ordena. Me giro, manos en el sexo para tapar, pero él sonríe: ‘Déjalo así, está perfecto para examinar’. Ella unta más talco en mi coño, dedos rozan clítoris.
El examen que se volvió salvaje y mis orgasmos
El doc coge mi clítoris, pellizca suave, ‘¿Sientes esto?’. ‘Sí… oh dios’, jadeo. Empieza a frotar lento, círculos. Ella masajea mis tetas, pezones duros como piedras. ‘Qué piel tan suave’, murmura ella. Acelera, dedo entra en mi coño, chapotea mi humedad. ‘¡No pares!’, suplico. Gimo fuerte, ‘Ahh, ahh… me corro…’. Explosión, jugos saliendo, cuerpo temblando, olor a sexo fuerte en la habitación.
Él se aparta, escribe receta. ‘Límpiala’. Ella trae toalla húmeda, tibia, pasa por mi cuerpo, quita talco y mi corrida. ‘Date la vuelta otra vez’. Lo hago. Limpia espalda, piernas, nalgas… dedo en ano de nuevo. ‘Tratamiento local’, dice él volviendo. Saca tubo, vaselina. ‘Úntasela bien en la raja y ano’. Ella obedece, dedos untando, entrando… dos dedos en mi culo, estirándome. ‘¡Joder, qué rico!’, gimo, coño otra vez empapado.
Mientras, él se baja la cremallera, saca polla dura, gorda. Se masturba viéndome doigteada. ‘Mira cómo te follan el culo’, gruñe. Eyacula rápido, chorros calientes en el suelo, olor a semen. Se va: ‘Hasta luego’. Ella sigue, dedos en mi ano moviéndose, otra mano en mi coño. ‘Siéntate aquí, piernas abiertas’. Me siento en la camilla, ella en sillón frente, sube bata: coño rasurado, brillando de jugos.
‘Yo también estoy cachonda, mírame’. Se frota clítoris rápido, dedos en chocheta, ‘¡Mastúrbate para mí!’. Obedezco, frotando mi clítoris hinchado, tetas rebotando. ‘Ven más cerca, de pie’. Lo hago, ella gime: ‘¡Sí, córrete viéndome!’. Ella tiembla, ‘¡Me vengo! Ahhhh…’, chorro saliendo. Yo acelero, ‘¡Yo también…!’. Me acerco, pero ella me agarra: ‘Échamelo en la cara’. No tengo semen, pero ella se corre otra vez, yo exploto, dedos empapados.
Uf, salí temblando. Ahora sé por qué este doc es famoso… por sus ‘tratamientos especiales’. Durante meses me masturbaré recordándolo. Y ahora, mi nuevo fetiche: que me follen el culo así, de verdad.