Confesión ardiente: Mi primer polvo lésbico con la stagiaire en la oficina

¡Ay, qué putada de despertador! Me lo repito cada mañana cuando esa alarma del demonio me saca de mis sueños. Esta vez peor, porque justo estaba chupando a una desconocida que pillé en el metro… Sí, como lo oís, fantaseo con tías a saco.

Tengo 29 tacos, casada hace casi diez años. Supongo que nos casamos demasiado jóvenes y mis ganas reprimidas explotaron con el sí quiero. Cada día me como el coco pensando en lo jodido que es el matrimonio: ¿cómo juras no desear a nadie más? ¿Cómo sabes tus gustos sexuales de antemano? Yo prohibiría casarse antes de los 50.

El despertar con un sueño mojado

Bueno, tengo que levantarme o llego tarde al curro. Mi marido se duerme en cuanto apago el pitido, puede, está desempleado. Lo miro antes de salir de la cama, sigue guapo como el primer día. Mido 1,60, peso 50 kg, pero mis tetas 95C vuelven loco a cualquiera. Esa diferencia siempre me ha puesto.

Me tomo un café rápido, voy al baño y me miro cinco minutos, como cada día. Arrugas nuevas, pelos blancos… No pasa nada, mi marido dice que soy la más guapa. Mido 1,60, pelo castaño, ojos verdes, y me cuido con dos horas de gym tres veces por semana.

El coche arranca a duras penas con el frío, llego al edificio feo de siempre. Mi despacho de contable. Me siento y veo una maletita en el escritorio pequeñito al lado del mío, que nunca se usa. La cojo para abrirla y oigo la voz de mi jefa:

—Eh, María, por fin llegas. Tengo una stagiaire una semana contigo para que aprenda lo del curro de contable.

¿Lo del curro? Ja, contar facturas todo el día, sola en un despacho sin mimos… Vale.

—Claro, me encanta enseñarle todo —digo con sonrisa falsa.

—Perfecto, os dejo, tengo lío.

Se llama Laura, acaba de sacar el bachillerato y tiene 18 años recién cumplidos. Es monísima: alta, morena, buen culito… Le paso facturas para clasificar y yo, fingiendo mirar cuentas en el ordenador, entro en REVEBEBE a leer historias de tías. Las conozco todas, pero hay una nueva sin notas. La leo y describe a una chavala igualita a Laura. Me la imagino en las escenas y me pongo a mil.

Saco la mano por la falda, me toco despacito la concha húmeda. Uff, qué gustazo. Contengo la respiración para no gemir.

—Joder —dice Laura dejando caer una factura. Se agacha a pillarla y se queda mirando mi mano en la falda. Pánico total, vergüenza máxima.

No aguanto el silencio: “¿Ves lo que me pones? No he podido evitar tocarme. ¿Te molesta? Si quieres ayúdame, si no sube y sigue con las facturas, porfa”.

No sé de dónde saqué esa frase cutre, pero ella responde:

El desmadre en el despacho

—No sé, nunca lo he hecho con una tía.

Se acerca, su aliento caliente en mi cuello. Le pongo la mano en la nuca, guío sus dedos a mi coño empapado. Sus dedos entran suaves, resbaladizos, oliendo a mi excitación agria y dulce. Gime bajito, acelera, me corro en su mano chorreando jugos por sus nudillos.

Empuja mi silla, se baja la falda y se sienta: “Déjame sitio, anda”. ¡A cuatro patas bajo el escritorio!

Me arrodillo, su coñito depilado delante, olor fuerte a hembra joven, labios hinchados rosados. La masturbo suave, ojos en su cara que se tuerce de placer. Me animo, lamo el clítoris, salado, duro como una perla. Lo chupo entero, succiones húmedas ‘slurp slurp’, ella gime ‘ahh… sí…’. Meto un dedo en su ano prieto, huele a sudor limpio. Se excita más, se mueve contra mi lengua, chorrea miel en mi boca.

En minutos eyacula gritito ahogado, trago todo, sabor almendrado.

Aprovecho el relax, sigo lamiéndole el culo, lengua en el agujerito, lo ablando, sabe terroso al principio pero suave después. Gime fuerte ‘¡Dios, qué rico!’, se empala en mi dedo, caderas locas, tetas bamboleando.

Paro un segundo, subo a besarla, lenguas enredadas con sabor a sexo.

—¿Te giras y te apoyas en el escritorio?

—Sí, pero suave eh, es mi primera vez con chica… ¡mi primera vez ever!

Se pone a cuatro, nalgas blancas abiertas, coño brillando. Me pego, clítoris frotando su raja, manos en sus tetas firmes, pezones duros. Le lamo la oreja, susurro: “Eres mi putita”, “¿Te mola un buen polvo de tía?”.

Ella mueve el culo contra mí, jadeos. Pongo dos dedos en su coño, chapoteo ‘ploc ploc’, entra fácil. Bombeo, ella empuja atrás. Le meto otro en el culo, doble penetración, grita placer. Siento mi orgasmo subir, la masturbo el clítoris, nos corremos juntas: ella chorrea suelo, yo tiemblo pegada a su espalda, olor a sudor y corrida mezclados.

Silencio pesado, nos vestimos sin mirarnos. El curro sigue. En mi cabeza, en éxtasis, pensando en follarla toda la semana… A cuenta del jefe.

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