Confidencia ardiente: Mi sumiso expuesto y ordeñado para el té de mi amiga

Ay, chicas… Aún tengo el cuerpo caliente recordándolo. Ayer fue… uf, increíble. Mi sumiso, ese chico que vivo entrenando desde hace meses, ya no usa plug todo el día, pero sus nalgas están siempre listas para mí. Llevo el arnés puesto casi siempre, y basta que se incline un poco limpiando para que lo monte como una yegua en celo. Pero vamos al grano…

El mensaje llegó por la mañana: ‘Esta noche, viejo amigo a cenar a las 20:30. Servicio en tu uniforme habitual. ¿Te atreves?’. Mi corazón latió fuerte. Sabía que le daba pánico, exponerse ante un desconocido. Pero yo adoro verlo ruborizarse, temblar. Llegó el momento, él bajó las escaleras con el plug vibrando, voz bajita: ‘Buenas noches…’. El amigo, voz ronca: ‘Hmm, qué sitio tan acogedor, huele genial’. Serví en silencio, nalgas al aire, sintiendo sus miradas. Al final, subí a mi cuarto, pero el plug vibró de nuevo. Nota en la mesa: ‘Trae agua fría, tengo sed’. Bajé temblando, abrí la puerta… y allí estaba yo, a cuatro patas en la cama, el amigo embistiéndome por detrás. Mis tetas colgaban, balanceándose con cada golpe. ‘Ah, gracias. Siéntate ahí, luego me lo das’, le dije sin mirarlo.

La cena con el viejo amigo y mi sorpresa

Se sentó en el sillón, bandeja en las rodillas, ojos fijos. Olía a sexo ya, sudor salado, mi coño mojado. El tipo me follaba duro, piel contra piel, chapoteos húmedos. Me giré, lo chupé: saliva en su glande, bolas pesadas en mi mano, garganta profunda. ‘Mmm, qué polla tan rica…’, gemí. Luego boca arriba, piernas en pecho: ‘Ven, fóllame fuerte’. Él jadeaba, yo gritaba: ‘¡Sí, hmm! ¡Más!’. Eyaculó sobre mi vientre, chorros calientes, olor fuerte a semen fresco. Lo unté en mi piel, mirándolo a él, que estaba tieso como una vara. Bebí el agua gluglú, sedienta, y lo eché con una mirada. Salió con la polla saltando.

Meses después, otro mensaje: ‘Amiga de toda la vida viene a tomar té sábado 16h. Acuélala bien’. Llegó en uniforme, abrió la puerta rojo como tomate. Elegante, madura, tetas enormes bajo el escote. Charla banal, pero vibración del plug… ella lo notó, sonrisa pícara. Entré yo: ‘Veo que habéis charlado. Perfecto’. Sirviendo té: ‘Tú siempre con nubecita de leche, ¿verdad?’. Lo puse a cuatro patas sobre la taza, vapor caliente en su polla hinchada. Le metí dedos en el culo, masaje prostático, mano en su verga. ‘Mmm, mira cómo se pone duro…’, le dije a mi amiga. Ella abrió el corsé, pechos lactantes enormes. Él gruñó largo, yo controlé: apretón en bolas, leche cayendo goteo goteo en el té caliente. Ellas bebieron charlando, yo babeando por esos pechos.

El té con la amiga: ordeño y placer compartido

‘Tu ve a aliviarla, los viajes cansan’, ordené. Él se lanzó a sus tetas, succionando leche dulce, olor a vainilla y sudor. Bajó, lamió su coño a través del collant fino, saliva empapando. Ella rasgó: ‘¡Come mi coño, chico!’. Muslos apretándome la cabeza, lengua en su raja depilada, jugos agrios en mi boca… espera, no, él lamía, yo lo follé. Retiré plug, arnés lubricado, embestida brutal. ‘¡Aaaah!’, ahogado en su coño. Ritmo sincronizado: ella gemía ronca, yo gruñía penetrándolo, fake semen caliente llenándolo. Gritamos juntas, orgasmo explosivo, temblores compartidos.

Después, él confuso, semen chorreando muslos, sirvió aperitivos. Nos fuimos riendo, él guardó el collant roto como trofeo. Chicas, esto es mi vida ahora… placer puro, sin límites. ¿Queréis más detalles?

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