Mi confesión caliente: el dentista que me folló en su consulta

Era una tarde calurosa de julio, ¿sabes? Me dolía una muela horrible, un martirio. Había esperado demasiado al mío, que estaba de vacaciones. No aguantaba más. Llamé y el contestador me dio el número de un sustituto.

Marqué. Una voz grave, sexy, me dijo: ‘Puedo verte al final del día, serás la última para tener todo el tiempo’. Me relajé un poco tomando el sol en el jardín, sudando bajo el calor.

El dolor de muelas que cambió todo

Antes de ir, me puse una falda ligera y una blusa blanca con escote que resaltaba mis tetas bronceadas. Entré en el coche, el aire caliente me dejó el cuerpo húmedo, brillante de sudor.

Llegué al consultorio, toqué el timbre. Abrió un tío de unos 45, guapo, atlético, piel morena, sienes grises. Pantalón beige, camisa amarilla, bata abierta. Sonrisa que me derritió.

‘Pasa, ¿qué te pasa?’, dijo mirándome fijo, intenso. Le conté del dolor mientras charlábamos del verano, pacientes escasos, familia en la playa. ‘Puedo ordenar papeles tranquilo’, murmuró.

Me llevó al sillón grande. Al pasar, nos rozamos. ¡Un escalofrío! Me tumbé, manos en los reposabrazos. El sillón se reclinó. Se sentó detrás, me puso el babero. Su aliento caliente en mi cara, ojos clavados.

‘Abre bien’, ordenó. Encontró el diente rápido. Inyectó anestesia, el dolor se fue. Una hora trabajando sobre mí. Su cara cerca, brazos rozándome, piernas… Me sentía a su merced, excitante.

Al final, puso una brocha en el diente para que fraguara. ‘Espera un poco’. Quitó el babero, mi escote al aire con gotas de saliva y sangre. Las limpió despacio, mirándome a los ojos.

Vi mi temblor. ‘¿Frío?’, susurró acariciándome el cuello, bajando a las tetas. No podía hablar por la brocha, pero gemí bajito. Me gustaba. Su mano entró bajo la blusa, rozó el sujetador. ‘Mmm, tetas para llenar manos de hombre honrado’, dijo pesándolas.

Desabotonó la blusa, desabrochó el sujetador azul. Tetas al aire, bronceadas. Se puso al lado, las amasó como panadero. Boca en mis pezones grandes, chupando, mordiendo, mamando. ‘¡Qué ricas!’, gruñó.

Yo gimiendo más fuerte, coño empapado. Quise tocarlo, pero me sujetó las manos. ‘Quieta, déjame disfrutar’. Se frotó la cara con ellas, oliendo mi piel sudada, salada.

Su mano bajó a mis muslos, áspera, cálida. Rodó la silla al final del sillón, tiró de mis pies. Piernas en sus hombros, falda arriba. Chupó mi coño a través del tanga de encaje. Dedos en pezones. ‘Hueles a sexo, puta’, murmuró.

Lengua colándose, abriendo labios húmedos. Entró en mi vagina, profunda. Luego al clítoris hinchado. ¡Salté! ‘¡Sí, así!’, grité. Me levantó el tanga, lo quitó. Ecartelada, gimiendo.

El clímax en el sillón dental y más

Lamía clítoris, mordisqueaba. Lengua en vagina, luego ano. Manos bajo nalgas, alzándome. ‘Tu culito virgen me llama’, dijo lamiendo el agujero, dedos abriéndome. Primera vez ahí, placer loco, cosquilleo.

Excitados al máximo. Me tumbó, se frotó vestido contra mí. Polla enorme contra pubis. ‘Te como’, besó fuerte quitando la brocha. Probé mi coño en su boca, salado, dulce.

Me giró, culo al aire. ‘Agárrate’. Lamía coño, clítoris, lengua en ano, dedos en vagina. ‘¡Fóllame ya!’, supliqué jadeando.

Me embistió vaginal, duro como piedra. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñó dándome golpes violentos. Agarró tetas, pilonazo. Corrí, jugos bajando muslos.

Salió, nalgadas. ‘¡Ah!’. Luego ano. ‘¡No, espera… aaah!’. Dolor a placer rápido. Ritmo frenético, sudor, olor a sexo. ‘¡Me corro en tu culo!’, eyaculó dentro, luego fuera, semen caliente en nalgas.

Caí exhausta. Me giró, arrodillada. ‘Chupa, salope, boca nueva’. Polla de bragueta, yo desarreglada. Lamí semen del glande, salado. Endureció. Chupé, mamé, bolas en mano.

Agarró cabeza, follando boca. ‘¡Traga todo!’. Eyaculó chorros, tragué, sabroso. ‘Buena puta’. Beso furioso.

Me subió a armario, tierno ahora. Piernas abiertas, lamió suave. ‘Qué coño bonito, medio afeitado’. Usó aspirador dental: succionó jugos, semen de coño, ano, nalgas. Besos suaves.

Puso tanga, sujetador, blusa. Guardó polla. ‘Me encantó follarte, recuerdo eterno’. Me bajó, beso adiós. Silencio con dedo en labios.

Por eso fantaseo con médicos. ¿Voluntarios? Estoy lista.

Ana

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