Confidencia erótica: Mi polvo salvaje con el nuevo en la Compañía Dorada

¡Ay, amiga! No te imaginas lo que me ha pasado esta mañana. Soy Ana, 28 años, española hasta la médula, y en esta Compañía Dorada nos lo tomamos todo con intensidad. Me encanta el sexo, las emociones fuertes, sentir el deseo ardiendo en la piel. Te lo cuento como si acabara de salir de la ducha, con el cuerpo aún temblando.

Estábamos en el comedor, todos alrededor de la gran mesa. El olor a café recién hecho flotaba en el aire, mezclado con el pan crujiente y un toque de sudor matutino de la gente que había entrenado. Julien, el nuevo, el periodista ese con cicatrices de guerra, estaba sentado justo enfrente de mí. Dimitri charlaba en ruso, riendo bajito. Le miro a él, a Julien, con esos ojos que dicen ‘ven y tómalo’. Mi pie descalzo se escapa del albornoz, roza su pierna. Siento la tela suave de su bata, luego su piel caliente.

El jueguito bajo la mesa en el desayuno

—Dimitri, mira qué bien sienta este café —le digo en ruso, para disimular, mientras mi pie sube más. Él ríe.

—Agnete, siempre tan juguetona —me responde, pero sabe lo que hago.

Julien se tensa. ¡Uf, qué delicia! Mi ortejo roza sus huevos, pesados, calientes. Los aparto un poquito, y ahí está su polla, endureciéndose contra mi planta. Huele a hombre, a testosterona fresca. La envuelvo con los dos pies, suave al principio, arriba y abajo. Siento las venas palpitando, el glande hinchándose. Él finge beber su café, pero su cara… roja, mordiéndose el labio.

Acelero. Slurp, slurp, el sonido húmedo bajo la mesa, solo para nosotros. Sus bolas se aprietan, y ¡zas! Caliente, espeso, su leche chorrea por mis pies, pegajosa, oliendo a sal y sexo puro. Me mira, atónito. Yo sigo charlando como si nada.

En el pasillo, me pego a él. Huelo su jabón, mezclado con mi propia humedad que ya gotea entre mis muslos.

—Debiste follarme en el sauna —le susurro en ruso, para picarle—. Tenemos 38 minutos.

Entro en su habitación como un huracán. Tiro el mochila al suelo. Me quito el cinturón, desabrocho la camisa militar, dejando caer los pantalones. Mis tetas saltan libres, pezones duros como piedras. Me siento en la cama, descalzo las botas. Él me mira, flipado, pero se desnuda. Su polla semi tiesa, gruesa, con esa curva que promete.

Me tumbo, piernas abiertas. Mi coño depilado brilla, mojado, oliendo a deseo femenino, almizclado. Él se arrodilla, mete la lengua. ¡Dios! Raspa mis labios hinchados, chupa el clítoris, succiona mis jugos. Gimo fuerte, arqueo la espalda. ‘¡Joder, sí!’, grito. Huele a mi excitación, sabe salado-dulce.

No aguanta. Lo tumbo, me pongo encima de su boca. No, mejor: lo giro yo. Chupo su verga, entera, hasta las bolas. Glup, glup, saliva chorreando. La endurezco, la mastico suave. ‘¡Qué bien montado estás!’, digo, admirándola, venosa, reluciente.

Me monto. ¡Aaaah! Su polla me llena, quema como hierro al rojo. Froto mi clítoris contra su pubis peludo, áspero. Cierro los ojos, cabalgo lento. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones. Mis paredes lo aprietan, masajeándolo. Respiro entrecortada, sudando. El slap-slap de carne contra carne llena la habitación.

¡Me corro! Un chorro me sale, inunda su vientre. Grito, tiemblo, clítoris latiendo.

Explosión de placer en mi habitación

Me echo sobre él, jadeando. Su corazón bombea contra mi mejilla. Huelo nuestro sudor mezclado.

—¿Follas así con todos los nuevos? —pregunta.

—Solo con los que me ponen cachonda. ¿Y Dimitri?

—Nos contamos todo. Pica el sexo.

Mi mano baja, revivo su polla. Besos húmedos, lenguas enredadas. Me pongo a cuatro patas. Le enseño mi ano con el plug brillando, joya plateada. Él empuja, lento. Mi coño chupa su verga, el plug entra-sale sincronizado. Sensación doble, llena hasta reventar.

—Más rápido, ¡joder! —suplico.

Acelera. Golpes profundos, huevos contra mi clítoris. Grito sin parar. Me corro otra vez, apretándolo. Él eyacula dentro, caliente, llenándome. Se retira, chorros en mis tetas, cara. Salado en la lengua cuando pruebo.

Nos abrazamos, pegajosos, respirando juntos. Sus dedos en mi coño calmado, suave.

El terminal pita. Me levanto, ducha rápida. Salgo húmeda, pezones erectos por el frío.

—Guárdate el plug. Para la que te robe el corazón. ¡Ojalá hubiéramos follado todo el día!

Me voy, con su mirada en mi culo meneándose. Amiga, fue brutal. Aún siento su polla dentro. ¿Quieres más detalles?

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