Ay, chicas, no sabéis lo que viví ayer… Es mi último día en Gran Canaria, el sol apenas sale y ya estoy temblando de recuerdos. Después de una noche loca con Axel y Aline, su colega francesa tan guapa, volvimos a la playa nudista. El aire salado me eriza la piel, el olor a mar y arena caliente… Mmm, nos quitamos los bikinis y nos tumbamos, piel bronceada brillando bajo el sol.
Axel nos mira con esa sonrisa pícara, dice que somos sus islas afortunadas. Nos reímos, nos besamos suaves, lenguas jugueteando. ‘Eres el más afortunado’, le digo yo, Elodie, mientras Aline me acaricia el muslo. El agua del Atlántico nos llama, entramos desnudos. Fría al principio, ¡uf!, pero luego… manos por todas partes. Sus dedos rozan mi coño, yo agarro su polla dura. ‘¡Para, cabrón!’, ríe Aline, pero ella también me aprieta los pechos.
El amanecer caliente y los spectacles en las dunas
Salimos, pero ya estoy mojada, no solo del mar. Caminamos a las dunas, esos montículos de arena que esconden secretos. Primero, dos tíos gays: uno de rodillas chupando al otro. Glups, glups… el sonido húmedo, el gemido grave. Nos paramos, mis pezones se endurecen, Axel ya medio tieso. El que chupa traga todo, menos unas gotas que caen… Se besan, intercambiando semen. ¡Qué olor a sexo en el aire!
Seguimos, y ¡pum!, un trío: una madura a cuatro patas, su marido la folla fuerte, plaf, plaf contra su culo. Un chaval joven le mete la polla en la boca, ‘¡Trágatela, puta!’, grita en francés. Ella gorgotea, saliva chorreando. Otro par de voyeurs: ella branlando furiosa su polla gorda. Él eyacula en su espalda, el joven en su garganta. La voyeuse se arrodilla, leche en sus tetitas pequeñas. ‘¡Salope!’, berrea él. Aline susurra: ‘Quiere que le crezcan’. Nos reímos bajito, pero mi coño palpita.
Axel va con la bandera alzada, ‘Nuestro caballero porta-estandarte’, bromeo. Encontramos un hueco vacío, extendemos la esterilla. Nos besamos ya, lenguas calientes, manos ansiosas. Sudor mezclado con sal, piel resbaladiza. ‘No aguanto más, os quiero follar’, dice él ronco. A cuatro patas nos ponemos, Aline y yo, culos en pompa, chorreamos las dos.
Nuestro orgasmo compartido bajo las miradas
Entra en Aline primero, ¡ahhh!, ella empuja atrás. ‘¡Sí, amor!’, gime. La folla profundo, ritmos amplios, sus tetas se mecen. Se cambia a mí, ¡dios!, su polla caliente me llena, más estrecha mi concha, pero tan húmeda… ‘¡Mmm, qué bien!’, susurro. Alterna, manos en caderas, piel sudada pegándose. Los voyeurs de antes nos pillan: él masturbándola fuerte, ella gimiendo alto.
Nos besamos Aline y yo, lenguas enredadas, mientras él nos penetra. ‘¿Te gusta, puta?’, le dice ella tirando de mis pezones. ‘¡Sí, joder, me encanta su polla!’, grito entre jadeos. ‘¡Dale duro, amor!’. El voyeur eyacula en su cara, chorros blancos en labios, nariz… Ella lame, extática. Yo exploto: ‘¡Me corro, aaaah!’, contracciones apretando su verga. Él gruñe, jets calientes dentro, ¡uf, quema delicioso!
Aline se corre tocándose, nos derrumbamos. Ella mete dedos en mi coño, saca nuestra mezcla cremosa, jabonosa. ‘¡Lámelo todo!’, ordena. Lo chupo, salado, amargo, nuestro sabor. Nos besamos, compartiendo. Plena, sudada, arena pegada… Volvemos al mar, agua lavando pecados. Luego ducha en la habitación, abrazos calientes. Se van al aeropuerto, promesas en miradas. ‘Tenerife nos espera’, guiña él. Ay, qué adiós tan húmedo…