Era una noche de enero en París, joder qué frío. Salí del bar, mis amigas se quedaron charlando, yo caminaba sola bajo las luces amarillentas de las farolas. La lluvia fina me mojaba el pelo, gotas heladas resbalando por mi cuello. Me metí la capucha del abrigo, miré el móvil: 22:22. Nada en WhatsApp, nada interesante. Vacío total. Tenía frío, pero no quería volver a casa. Tampoco ir a una discoteca o buscar un polvo rápido.
Pasé por Faidherbe-Chaligny, cerca del Hula-Hoop, ese bar punk. Pensé en Éric. Hace dos años que nos conocemos, un rollo a ratos. Lo dejé hace meses, pero… uf, su cuerpo. 45 años, alto, musculado justo, bronceado de sus viajes a Túnez, Italia. Pelo rubio rizado corto, ojos azules que te clavan. Y su polla… Dios. Gorda, larga, incluso floja mide 14 cm. Un chorizo suave que se hincha en un porro duro, con un capullo enorme, morado-rosado, siempre húmedo. Me encanta verla balancearse cuando camina desnudo por su piso.
La noche fría y el mensaje que lo cambió todo
Me caliento solo pensando. Imagino llegar empapada, él en pijama, velas encendidas. Me besa, quito el abrigo, el pantalón de chándal. Bajo la mirada a su paquete. La acaricio, se pone tiesa en mi boca. La chupo despacio, lengua alrededor del prepucio largo. Luego me apoyo en el sofá, culito en pompa. Él pone condón, empuja… uf, ese ‘cloc-cloc’ del prepucio y el capullo abriéndome el ano. Sin lubricante, mi coño… no, mi culito se moja solo viéndola.
La lluvia arrecia, piernas flojas. Le mando WhatsApp: ‘Ey, ¿estás en casa? Estoy cerca. ¿Nos vemos?’ Corazón latiendo fuerte. Responde rápido: ‘Sí, pero no en mi casa. Hablemos.’ Me da una dirección de bar. Llego pronto. Ahí está, guapísimo. Jeans, zapatillas chulas, chaqueta negra. Yo, un desastre: abrigo gordo, sudadera, pantalón ancho sin bragas, zapas viejas. Sonrío, quiero besarlo ya.
Nos sentamos, pedimos vino blanco. La camarera nos mira sonriendo. Él parece triste, ojos rojos. ‘Me has faltado mucho’, dice. Se desahoga: sueña conmigo, se masturba pensando en mí. En Florencia me vio en los Botticelli, en Túnez leyó El Principito y lloró, era yo. Se fue a masturbar en la arena. ‘No soy solo una polla para ti. Te quiero de verdad.’ Me duele, lo escucho. Tomo su mano: ‘Lo siento, no puedo darte lo que quieres.’
Salimos a fumar. Manos entrelazadas. Luz tenue en el bar. ‘Vamos a caminar’, digo. Él quiere ir a casa. ‘Te acompaño, pero no subo’, miento. Cerca de su portal, me besa fuerte. Lenguas enredadas, su saliva sabe a vino. Manos en su culo, pollas… quiero decir, su polla contra mí. ‘No, esta noche no’, dice empujándome. ‘Porfi, déjame usar el baño, tengo ganas de mear.’ Abre la puerta.
Del bar al éxtasis: sexo salvaje sin límites
En el rellano, otro beso. Subimos besándonos, olor a moqueta vieja. En su piso: ‘Ve a mear.’ Dejo la puerta abierta. Bajo el pantalón, mi coñito depilado. Él entra: ‘Yo también.’ Nuestras partes al aire. Su polla gorda colgando del jeans, la mía pequeña y rosada. Mearnos juntos, jets cruzándose. ‘Qué guapo cuando dos pisan así’, murmura. Mi mano va a su polla, la meneo suave. Prepucio deslizándose, gotas doradas. Él agarra la mía, tres dedos, me calotta.
Respiramos fuerte. ‘Me encanta que me la menees’, gime. Me arrodillo, chupo el capullo. Salado, olor a hombre. La meto entera, garganta profunda. ‘Joder, chupas de puta madre. ¿A cuántos has mamado?’ No respondo, sigo. Él jadea: ‘Me corro… no.’ Me levanta, me tira en la cama. Arranca mi ropa, besa todo. Me pone a cuatro patas, condón puesto. Empuja en mi culito.
‘Ahh, despacio, amor, ¡eres enorme!’, grito. Duele al principio, pero poppers y entra. En cuchara, follando hondo. ‘Te voy a follar como soñé’, gruñe. Gimo: ‘Sí, fóllame, ábreme el culo. ¡Soy tuya!’ Cambiamos, yo de lado, luego boca abajo, cambrada. Sus manos en mis caderas, uñas clavadas. Clac-clac de piel contra piel, olor a sexo, sudor. ‘Sientes cómo te abro? ¿Te gusta mi polla?’ ‘Sí, joder, fóllame fuerte, lléname.’
Se corre, espasmos en mi culo. Se sale, yo me masturbo mirando su polla chorreando. La chupo de nuevo, se pone dura. Teto el capullo como teta, y me corro gritando, leche en sus sábanas. Nos limpiamos, fumamos en el sofá. Ano palpitando, satisfecho. No resolvimos nada, pero… uf, qué noche.