Mientras me preparaba para esa noche, estaba hecha un flan. Bueno, las cenas con amigas no eran nada nuevo, pero esta amiga… Ay, Dios, la chica de mis sueños, a la que le solté mi deseo en un momento de locura, me invita tres días después a su casa. Como si nada. Sin pizca de vergüenza, naturalísima.
Pensaba esconderme para siempre, evitar su mirada que me quemaba de pudor. Pero ahí estaba, temblando frente al espejo, empolvándome la nariz. Terror a que viera mi secreto tatuado en la frente. Desde que se me escapó, no la había visto. Me fui corriendo, muerta de vergüenza, jurando borrarla de mi vida. Adiós amiga.
La invitación que me puso cardíaca
Ella, un bombón total. Humor que te mata, piel como melocotón maduro, movimientos de diosa. Y esa calor que sale de su cuerpo… Un tormento diario. Amigas cercanas, nos veíamos mucho. Cada vez, el estómago revuelto de ganas contenidas.
Tres días después, su mensaje en el móvil: “Cena de chicas esta noche”. Risa ligera, como siempre. Caí redonda. Seguro que me perdonaba y quería salvar la amistad con pizza y vino. No podía decir que no. Qué suerte tenerla tan buena onda.
Llego a su casa, manos sudadas, garganta seca. ¿Por qué solas? Sabía que hablaríamos. Lista para el sermón. Me abre sonriendo, beso cálido como siempre. Charla ligera, yo tiesa, evitando sus ojos. Rojo como tomate.
¿Finge? ¿Juega conmigo? La miro de reojo. Joder, qué guapa. Se agacha por copas, veo sus tetas grandes, pesadas, asomando. Sonrío hipnotizada, imagino sus labios dulces como fruta.
Me alejo a la ventana, la veo de espaldas. Curvas everywhere: hombros redondos, caderas anchas, culo firme y jugoso meneándose. Me la imagino empujándola al sofá, levantando falda, enterrando la cara entre sus muslos, mordiendo esa piel tierna… Uff, para.
Vuelvo a la mesa, decidida a aclararlo. Silencio repentino. La miro. Me clava los ojos, intensa. Abro boca… pero avanza, sin palabras. Cuerpo contra el mío, calmada. Sus labios en los míos, beso ardiente. Sufoco. Le devuelvo, febril. Lenguas se enredan, saliva mezclada, mano en nuca apretando.
Cuerpos pegados, mis manos en su cintura, su cadera contra mi vientre. Desabrocha mi blusa. ¡Basta! Necesito saber. Pero ella, voz clara, jadeante:
—Puta idiota… ¡Cuánto tardaste en decírmelo! ¿Sabes cuántas veces me he tocado pensando en tu boca, tu mano en mi coño?
—¿Pero…?
—Esperaba que te decidieras. No quería asustarte.
Nuestros cuerpos en llamas y el orgasmo brutal
—¿Tanto se notaba?
—Yo lo veía, lo sentía. Tu confesión nos salvó, ¿no?
Cerebro en marcha lenta, excitada a tope. Deseo mutuo. Nada nos para. Mano en su cintura, tiro del top, palpo cadera caliente, suave. Subo por espalda. Suspira, ojos semicerrados. Beso lento, lenguas juguetonas.
Muerdo su cuello: “Me vuelves loca, tu piel… Te voy a comer viva”. Se quita top, tetas al aire. La llevo al cuarto, sientan en cama. Abro sus piernas, me arrodillo. Se echa atrás, sublime. “Estás preciosa”, digo. Ríe.
Boca a sus tetas, lengua rozando, manos envolviéndolas. Suaves, vivas, sabor salado dulce. Chupo pezón, titilo, lamo lento. Mano en nuca guía. Gime bajito, cuerpo ondula.
Cauto, deseo quema. Pienso en su coño húmedo, palpitante. Quiero lamerlo, pero espero señal. Ella empuja, me tumba en cama riendo. Pierna entre mías, abre. Manos suben piernas lentas.
Segura, ojos brillantes. Dedo bajo braga, roza fente mojada. Palpa coño, dedos entran, me moja con mis jugos. Cabro. Al clítoris, gimo fuerte. ¡La puta sabe!
Me da espalda, agarro sus nalgas carnosas mientras me masturba: círculos, idas venidas. Se inclina, culo arriba. Levanto falda, braga húmeda. Coño en palma, caliente.
Me enjamba, coño cerca de cara. Echo braga, beso muslos. Ella lame mi coño, lengua velvet. Me lanzo: huelo su aroma dulce-musgoso, embriagador. Lamo sin ver, culotte aparte.
Ella lame de arriba abajo, dedos en raie. Masajea ano, moja. Lengua en clítoris, dedos entran despacio en culo. Gimo sin freno. Me chupa botón, aspira, ondas. Orgasmo sube, explota violento. Espasmos, grito ahogado en su coño chorreante.
Bajo a tierra, culpable por correr primero. Pero soy mujer, placer infinito. Abro ojos, lista para devorarla.