Eh… no sé por dónde empezar, pero… acabo de vivir algo que no me saco de la cabeza. Tengo 28 años, soy visitadora médica, viajo mucho por carreteras francesas… espera, vivo en París, pero soy española de pura cepa, de Madrid. El viernes pasado, lloviendo a cántaros, saliendo de Arras hacia la capital. Noche cerrada, viento que azotaba el coche. Llego al peaje y veo la vía automática bloqueada por un idiota. Cambio de fila y… allí están ellas. Dos chicas empapadas, temblando bajo el toldo, con un paraguas hecho mierda. La más cercana, morena de pelo corto, piel morena, ojos almendrados… unos 25 años. La otra, rubia con melena larga, cara angelical, ojos azules enormes, como de 19. Me miran con cara de perrillos mojados. Bajo la ventanilla, frío que pela, olor a lluvia y asfalto húmedo.
—¿Vais a París? —les pregunto gritando por el ruido.
El encuentro bajo la lluvia
— ¡Sí! —dice la morena, Sonia, protegiéndose la cara.
—Subid, chicas.
Corren con sus mochilas, las meten en el maletero mientras un capullo pita detrás. Se montan: Sonia delante, Camille atrás. Cierro la puerta y… uf, el calor de la calefacción contra su ropa mojada, olor a cuero mojado y perfume barato mezclado con sudor. Sonia se quita la chaqueta, sacude el pelo, tetas pequeñas marcadas bajo la camiseta. Camille callada, tiritando.
—Gracias, hacía una hora que esperábamos. Pensábamos que nos quedábamos allí —dice Sonia, voz ronca, sexy.
—Sois valientes con este tiempo. ¿Queréis algo caliente en la próxima área?
Paramos en una gasolinera. Bajo la lluvia fina ahora. Lleno el depósito, olor a diésel fuerte. Entro y las veo en la cafetera: Sonia bruna y atlética, Camille dulce y curvilínea. Pido chocolate para mí, ellas solo café por vergüenza, se nota que van tiesas de pasta. Nos presentamos: yo Ana-Sofía, ellas Sonia y Camille. Sonia llama con mi móvil, nada. Cara de derrota. Les ofrezco mi casa en el XV. Dudan, pero aceptan. En el coche, silencio pesado, olor a humedad subiendo.
Llegamos a mi piso moderno, cerca del parque. Cocino pasta carbonara, nos duchamos por turnos. Yo en chándal gris, Sonia sale en top y bragas blancas, pezones duros por el frescor, culo firme. Camille en mi albornoz blanco, enorme en su cuerpo menudo. Cenamos vino, charlamos, se sueltan. Canapé cama listo. Buenas noches.
La pasión desatada en mi cama
Me despierto a las 6:30, insomnio de costumbre. Abro la puerta entreabierta… y las veo. Luz de farola filtrándose. Sonia desnuda en medio, piernas abiertas, Camille entre ellas lamiéndole el coño. Chup chup suave, húmedo. Sonia gime bajito, mordiéndose la mano, ondula caderas. Olor a sexo flotando, almizclado, caliente. Se besan, dedos en chochos mojados. Luego 69: Camille encima, Sonia abajo acariciándole el culo redondo. Lenguas voraces, gemidos ahogados. Camille corre primero, cuerpo temblando, Sonia la lame toda. Cambian, Sonia cabalga la cara de Camille, tetas pequeñas rebotando, manos en pechos. Corre fuerte, arqueándose, jugos goteando.
Me mojo al instante, coño palpitando. Vuelvo a cama, me toco furiosa, huelo mi propia excitación, corro mordiéndome la mano.
Por la mañana, Camille sola, en string y camiseta corta, tetas grandes asomando. Café, confesamos que las vi. No les molesta, son pareja reciente, huyendo del padre homófobo de Camille. Historia triste: Sonia despedida por liarse con la contable, Camille fugitiva. Las dejo quedarse.
Noche siguiente, Sonia me pilla espiando otra vez. Se follan salvaje: Sonia lame a Camille, mirándome, guiño. 69 cruzado, coños depilados relucientes, saliva y jugos. Sonia me hace señas, me acerco. Beso su boca con sabor a Camille, salado dulce. Me guía a su coño: labios hinchados, clítoris duro, la chupo como loca, ella gime ‘¡Sí, me encanta!’ Camille no se entera. Sonia corre en mi boca, luego Camille en la mía. Sonia me sigue a cama después, me mete dedos, pero discuto: es sucio usar a Camille así. Se enfada, se va y folla brutal a Camille, anal incluido, agresiva.
Domingo, Sonia se pira. Camille se queda, desayuna en mi cama, se mete bajo sábanas, piel suave contra mí. Paseo, confesión: quiero que deje a Sonia. Discutimos en café, le cuento todo. Llora, nos abrazamos. Noche sola, Sonia vuelve con curro de bailarina, pero yo sé que Camille sufre.
Lunes se van. Note de Camille: me echarás de menos. Lloro.
Jueves, la encuentro dormida en mi puerta. Sonia la usó con su ex, la echaron. Nos besamos, lenguas urgentes, manos en tetas, coños. ‘Todo empieza ahora’, le digo. La follo suave: beso cuello, olor a su piel fresca, lame mis pezones duros, dedos en mi chocho chorreante. Tribbing lento, clítoris rozando, gemidos mezclados. Corre gritando mi nombre, yo después, explosión total. Ahora vive conmigo, sexo diario, amor real.