Y pensar que todo empezó con una charla tonta en el bar de nuestro hotel… Recuerdo ese jueves de marzo como si fuera ayer. Mi novio y yo jugábamos con una app para parejas, probando posiciones locas, canciones sexys y ese vibrador que me hace correrme como una loca. Ese día, abrí la app en mi iPad y le pregunté: ‘De 1 a 10, ¿cuánto hetero eres? 1 total hetero, 10 total gay’. Su cara… Dios, vi sorpresa en mis ojos reflejados. Él dudó y dijo: ‘Antes diría 1 sin pensarlo, pero ahora…’.
Fue como un rayo. Mi fantasme más grande: verlo follar con otra mujer. Hablamos semanas, fantaseamos, nos masturbamos pensando en eso. Decidimos hacerlo en Quebec, anónimos total. Elegí a Julie, 35 años, morena de ojos azules, cuerpo de diosa, del tamaño mío. Agencia de escorts online, fácil. Hotel: Château Frontenac, para hacerlo épico. Cena en Saint-Amour, cervezas en el bar a las 21h. Yo nerviosa, excitada, el corazón latiendo fuerte. ‘Podemos parar cuando sea’, me dijo él, besándome la mano.
La pregunta que lo cambió todo
Llega Julie. Manto largo negro, vestido ajustado, tacones, maquillaje sutil. Nos miramos: perfecta. Charla ligera, risas, pero el aire cargado de deseo. Ella pregunta directo: ‘¿Qué queréis exactamente?’. Cervezas acabadas, subimos a la 307. En el baño, le miro fijo: ‘¿Seguro que quieres verme con ella?’. Él agarra mi cara: ‘Sí, nena, y disfruta’. Nos besamos salvaje, saliva mezclada, olor a su colonia y mi perfume. Salgo, él se sienta en el sillón frente a la cama.
Julie sin manto, sentada en la cama, piernas cruzadas. Me acerco, temblando un poco. Nos miramos de arriba abajo. Se levanta, roza mi mejilla con los dedos… Uf, escalofrío. Nuestros labios se tocan suaves, tímidos. Luego, lenguas… húmedas, calientes, sabor a cerveza y menta. Manos por todos lados. Vestidos al suelo, clic de cremalleras. Ella se tumba desnuda, piel bronceada, pechos firmes, pezones duros. La miro, toco su cuello, suave como seda. Bajo a sus tetas, pellizco pezones, ella gime bajito: ‘Mmm… sí…’.
Huelo su piel, mezcla de perfume y excitación. Dedos en su vientre plano, luego en su coño depilado, labios hinchados. Me acerco la cara, huelo ese aroma almizclado, salado. Lamida tentativa… sabor dulce-amargo. Él me mira, polla dura bajo el pantalón. Me giro: ‘Mira bien, amor’. Me lanzo, lengua plana en su clítoris, chupando fuerte. Dedos dentro, dos, calientes y apretados. Ella agarra mi pelo: ‘¡Dios, qué lengua!’. Gemidos suyos, chapoteo de mi boca. Sudor en su piel, salado en mis labios.
Explosión de placer en la habitación 307
Se gira, me pone debajo. Nuestras pieles rozan, tetas contra tetas, pezones pinchando. Me besa, sabe a su propio coño. ‘Ahora yo’, dice. Me quita la ropa interior, despacio. Se sube encima, coño en mi cara. Huele fuerte, jugoso. Lamida profunda, ella ondula: ‘¡Así, come!’. Mis manos en sus tetas, luego en mi clítoris, frotando rápido. Ritmo sincronizado, mis dedos chapoteando en mí, lengua en ella. Él ya se pajilla, pantalón bajado, polla goteando. Olor a sexo por toda la habitación, gemidos ahogados.
Julie baja, lame mis pezones, mordisquea suave. Entre mis piernas: besos en muslos, interior sensible. Lengua en labios de coño, picoteando. ‘Estás empapada’, murmura. Chupa clítoris, dedos en ano y vagina, girando. Agarro tobillos, piernas abiertas, expuesta. Sensación de vacío llenándose, calor subiendo. Gimo: ‘¡No pares!’. Él me mira, pajillándose furioso. Estoy al borde, músculos tensos, aliento corto.
Pero ella para, se tumba. Vuelvo a ella, dedos adentro, lengua furiosa en clítoris. Remango culo hacia él: ‘¡Fóllame mientras la como!’. Se levanta, polla dura entra de golpe en mi coño chorreante. Plaf, plaf, su vientre en mis nalgas. Huelo su sudor, siento su calor. Julie grita: ‘¡Me corro!’. Cuerpo arqueado, uñas en mi cabeza, voz ronca: ‘¡Aaaah!’. Él eyacula dentro, chorros calientes. Me besa, sabor a Julie en mi boca, dedos en mi coño con su semen.
‘Tu turno, cariño’, dice Julie. Me tumbo, él a mi lado. Ella entre mis piernas, chupa mi coño con su semen dentro. Lengua en clítoris, sabor salado-dulce. Él me besa, lengua en mi boca. Explosión: grito, cuerpo convulsionando, orgasmos en olas. Tiempos después, relajados, piel pegajosa de sudor y fluidos. Julie se va con guiño. Nos miramos: ‘¿Más preguntas en la app?’, digo riendo. Él sonríe: ‘Todas las que quieras’.