Confesión Erótica: Mis Polvos Salvajes en el Banco del Jardín Familiar

Ay, chicas… acabo de llegar de la casa de mis padres y no aguanto más. Tengo que contároslo. Ese banco viejo del jardín, de madera áspera, sapin o lo que sea… uf, me pone tan cachonda solo pensarlo. Estaba allí, bajo la pérgola, oliendo a tierra húmeda y flores silvestres. El sol de verano pegaba fuerte, y yo, con 18 añitos, acababa de volver de un paseo con ese chico, Pedro. Moreno, delgado, con granos en la cara aún. Nervioso, el pobre.

Sus manos temblaban cuando lo empujé contra el banco. ‘Cállate, ven aquí’, le susurré, besándolo con lengua, saboreando su saliva dulce y un poco a chicle. Mi falda plisada se subió sola, rozando mis muslos desnudos contra la madera caliente. Crujió el banco, como gimiendo. Olía a mi coño ya mojado, ese aroma almizclado que me excita tanto. ‘Quítame las bragas’, le ordené, jadeando. Él, torpe, las bajó de un tirón. Se perdieron en la hierba, blancas y empapadas.

El primer polvo que me volvió loca

Me senté a horcajadas sobre él, sintiendo su polla dura contra mi clítoris. ‘Mierda, estás enorme’, gemí, frotándome despacio. El roce de la madera en mi culo desnudo… áspero, quemante, delicioso. Él gruñó: ‘Catherine, ¿y si nos pillan?’. ‘Que nos pillen, joder, me da igual’. Lo guié dentro de mí. Entró de golpe, llenándome. ¡Ahhh! El estiramiento, el calor, sus venas pulsando. Empecé a cabalgar, fuerte, el banco temblando bajo nosotros. Sudor goteando, mezclándose con mi humedad. Sonidos: chapoteo húmedo, mis tetas rebotando, sus pelotas chocando.

‘¡Más rápido!’, le grité, clavándole las uñas en los hombros. Olía a sexo puro, a pino caliente y our pieles. Gemí alto, como un búho, asustando a los pájaros. Él se corrió primero, caliente dentro, pero yo seguí, frotando mi clítoris hasta explotar. Temblores, jugos chorreando por el banco. Me quedé ahí, jadeando, su semen saliendo, pegajoso en mis muslos.

Eso fue el principio. Robert, mi hermano, lo había hecho él mismo, ese banco. Papá se burlaba: ‘No durará, chico’. Pero aguantó mis saltos. Noemí, la novia perfecta de Robert, lo admiraba siempre. Yo la envidiaba un poco, tan fina ella, con su culito delicado rozando la madera. Pero el banco era mío para follar.

Veranos enteros así. Dos, tres tíos distintos. Uno era alto, con polla gruesa. Llegamos de noche, luna llena. ‘Siéntate’, le dije, empujándolo. Yo de rodillas primero, chupándosela. Gusto salado, venas hinchadas en mi lengua. Él gimiendo: ‘Joder, Catherine, qué boca’. Luego me tumbó sobre el banco, boca abajo. Madera clavándose en mis tetas, dolor placentero. Me penetró por detrás, doggy style. ¡Plaf, plaf! Sus caderas contra mi culo, eco en el jardín. Olía a tierra removida, a mi sudor ácido. ‘¡Fóllame más fuerte!’, supliqué. Me corrí gritando, él llenándome el coño de leche caliente.

Noches de deseo incontrolable en el banco

Otro día, con dos amigos. Insaciable yo. ‘Uno por delante, otro por detrás’, les propuse, riendo. El banco crujió como loco. Uno en mi boca, sabor a precum, el otro embistiéndome. Gemidos ahogados: ‘¡Casi, casi!’. Sensación de llena total, roces en mis paredes. Sudor por todos lados, olores mezclados: pollas, coño, hierba. Explosión múltiple, semen en mi cara, en mi culo. Me limpié con las hojas, riendo.

Robert se casó con Noemí. Ella lo vernizó con amor, pincelada a pincelada. Yo los vi besarse allí, lentos, románticos. ‘Felicidades’, dijo ella, sentándose grácil. Yo pensé: ‘Si supieras lo que ha visto este banco’. Luego, años después, volví. Robert engordado, Noemí eterna. Discutían venta. ‘No, no lo tires’, dije yo, pero filé mi media en una astilla. ‘¡Mierda!’.

Una noche sola, madura ya con 28, volví al banco. Noche cálida, brisa. Me quité todo, desnuda sobre la madera lisa ahora. Dedos en mi coño, recordando. Olor a verniz viejo, a mis jugos frescos. Gemí bajito: ‘Banco mío, cuánto te he usado’. Orgasmo lento, ondas por mi cuerpo, tetas erguidas al cielo estrellado.

Ahora, chicas, cada vez que paso, me mojo. Ese banco guarda mis secretos más sucios. ¿Queréis más detalles? Ay, qué ganas de volver y follar de nuevo…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *