Confesión ardiente: El amante de mi madre me folló como nunca

Estaba en la bañera, el agua caliente rozando mi piel, jabón espumoso cubriendo apenas mis tetas. Oí la puerta abrirse. Era él, Jacques, el amante de mi madre. Sus ojos se clavaron en mí, en mis pezones duros asomando. ‘Oh, perdón’, murmuró, pero no se fue. Me miró, yo sonreí. ‘Quédate, tío, no pasa nada’. Su polla se endureció bajo el pijama, visible, gruesa. La bajé de un tirón. ‘Mira qué calibre tiene mamá’, le dije riendo. Entró en la bañera conmigo, su cuerpo fuerte contra el mío.

Sus manos en mis tetas, pesadas, perfectas. Las amasó, suave al principio, luego apretando. Gemí bajito, ‘Sí, así…’. El agua chapoteaba. Su boca en mi cuello, olor a jabón y hombre sudado. Bajó la mano, dedos en mi coño, resbaladizo. Metió uno, luego dos. ‘Estás tan mojada, Myriam’, susurró. Yo, con el pie, le froté la verga bajo el agua. Dura como piedra, palpitante. Él gruñó, ‘Joder, qué puta eres’.

La sorpresa en la ducha

Salimos, nos secamos mutuamente. Toallas ásperas en piel húmeda. Lo arrastré a mi cuarto, salté sobre él, piernas alrededor de su cintura. Me tiró en la cama, su peso encima. Besos salvajes, lengua en mi boca, sabor a menta y deseo. ‘No deberíamos…’, dijo él, pero su polla ya empujaba mi entrada. ‘Cállate y fóllame’, le ordené. Entró de golpe, llenándome. ‘¡Ahhh!’, grité. Caliente, grueso, estirándome.

Me folló missionero primero, lento, profundo. Oía sus pelotas golpeando mi culo, ploc-ploc. Sudor goteando, olor a sexo crudo. ‘Tus tetas son increíbles’, jadeó, chupando un pezón. Mordisqueó, tiré de su pelo. Cambiamos, yo encima, cabalgándolo. Sus manos en mis caderas, guiándome. ‘Más rápido, nena’. Rebotaba, mi clítoris rozando su pubis. Gemidos míos, altos, ‘¡Sí, tío, dame más!’.

Noches de pasión oculta

Le di la vuelta, levrette. Su verga entró brutal, mano en mi pelo tirando. ‘¿Te gusta, puta?’, gruñó. ‘Sí, rómpeme’. Golpes fuertes, piel contra piel, chap-chap. Dedo en mi culo, girando. ‘Algún día te follo ahí’. Exploté, coño contrayéndose, chorros de jugo. Él salió, semen caliente en mi espalda, espeso, olor fuerte a macho. Caímos exhaustos, respirando agitado.

‘¿Has follado antes?’, preguntó después, limpiándome. ‘No con un hombre de verdad, solo practicado con un dildo y chupado pollas de amigos’. Se rio, ‘Eres una ninfómana’. Pero volvió. Cada noche que mamá trabajaba, venía a mi cama. Olores de crema, sudor, semen seco en sábanas. Diálogos sucios: ‘Chupa mi polla, Myriam’. La tragaba entera, garganta profunda, babeando. ‘Buena chica’. Él me lamía el coño, lengua en mi ano, dedos dentro. Orgasmos múltiples, piernas temblando.

Una vez casi nos pillan. Nos dormimos follados, mamá entró. Salí corriendo desnuda al pasillo, corazón latiendo. Él fingió dormir. Al día siguiente, ella le chupó la verga, yo oí gemidos desde mi cuarto. Celos, pero excitada. ‘Sigue follándola, pero fóllame a mí también’, le dije después. Él cedió. Ahora alternamos, placer prohibido, adictivo. Huele a pecado, sabe a paraíso. No pararé.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *