Ay, chicas, no sé por dónde empezar… Acabo de volver de ese fin de semana loco con mi marido y Alain, ese artista musculoso que me vuelve loca desde hace un año. Tengo el coño todavía palpitando, oliendo a él, a su sudor mezclado con cloro de la piscina. Uf, fue una locura total.
Estábamos en el coche, atascados en la autopista por un accidente. Mi marido me mira, sonriendo pícaro, y me dice: ‘Llama a Alain, dile que llegamos, que va a follarte como se merece’. Yo dudo, el corazón me late fuerte, pero marco. ‘¡Hola Alain! Sí, venimos… Solo un retraso por el atasco. Prepárate, que todo va a pasar como soñamos’. Su voz ronca al teléfono, excitada, me moja al instante. Huele a gasolina y a mi excitación en el aire cerrado del coche.
El viaje tenso y la llegada ardiente
Llegamos por fin. Alain sale corriendo, me besa castamente en la boca, pero sus ojos me devoran. Almorzamos, riendo, pero la tensión sexual es palpable. Sus miradas, sus sonrisas… Mi marido bromea: ‘Marie, ¿estás enamorada?’. Yo: ‘No, solo feliz por el sol’. Pero miento, chicas, mi coño ya chorrea pensando en su polla.
Entramos en la serra, calor sofocante, más de 30 grados. Alain se quita la camiseta primero, uf, músculos perfectos, como un dios griego. Luego el pantalón, slip… Se gira, culo firme, redondo. Se da la vuelta: polla semi-dura, 15 cm colgando, gruesa. Yo me desnudo despacio, sintiendo sus ojos en mis tetas duras, pezones erectos. Mi marido también, pero él… bueno, no compite. Nos metemos en la piscina, agua fresca contra piel caliente. Nado, gimo bajito: ‘¡Hum, qué gusto estar desnuda!’. Alain sale, con la red, exhibiendo su polla que se endurece mirándome. Yo me apoyo en el borde, tetas fuera del agua, cambrada. Él habla banalidades, pero su verga late, erecta. Huele a hombre excitado, a deseo puro.
Salimos, nos secamos al sol. Me tumbo boca abajo entre ellos, pollas a la vista. Mi marido empieza acariciándome la espalda, caderas. Yo me giro, tetas colgando. Alain me toca un pecho, suave. Me besa. ‘Hace demasiado calor, vamos a la sombra’, dice. Me tumbo boca arriba. Él me mama el pezón con furia, chupando fuerte, mordisqueando. Yo miro a mi marido: ‘¿Y tú qué?’. ‘Miro’. Alain me desprecia con la mirada, se echa sobre mí, nos besamos devorándonos, lenguas calientes, saliva dulce.
Se levanta, trae un condón. Me lleva al sol, me abre las piernas, las levanta. Su glande roza mi entrada empapada. Empuja lento… Ay, chicas, entra fácil, mi coño lo succiona. Va despacio, mirándome. Acelera, polla dura golpeando fondo. Tetetillas botando, slap-slap de huevos contra mi culo. Succión húmeda al salir y entrar. Salgo dos veces, yo la agarro, impaciente, guío de nuevo. Follando como animales, sudor goteando, olor a sexo fuerte. No sé si corrí, pero exploté de placer.
Folladas intensas en la piscina y la noche de placer
Mi marido se acerca: ‘¿Te hizo correr?’. ‘Sí, ¿quieres más?’. ‘Con él’. Alain trae té, nos sentamos desnudos, como si nada. Paseamos, cenamos, ping-pong: yo rozándolo todo el rato, tetas contra su brazo.
Noche. ‘¿Tres camas o una?’. Mi marido bougonne, pero acabamos en la misma. Yo desnuda, tetas balanceándose. Él se esconde bajo las sábanas. Yo le pajeo, él corre rápido. Plastik rasgándose: Alain con condón, salta sobre mí, me penetra furioso. ‘¡Ahhh!’, gimo bajito, como puta. Polla honda, golpes fuertes, susurro cosas que no le digo a mi marido. Corre, se pega a mí. Yo vuelvo con mi marido, cuerpo pegajoso contra él toda la noche.
Mañana. Mi marido me acaricia, dedos en coño mojado. Alain mete dos, tres dedos, me hace correr, dándome la vuelta a él. Besos profundos, dedos sangrantes de mi regla ligera. Baja a desayunar, polla semi dura, más grande que la de mi marido.
Tensión sube. Piscina otra vez, pero él se cabrea por la cámara. Salgo primero, me visto. Almuerzo triste. ‘Mejor volvemos’. En el coche, pesada: ‘Pasá este verano’. Regresamos, yo queriendo más, él celoso. Pero chicas, fue adictivo… Ese olor a él aún en mi piel, el slap de su polla… Quiero repetir.