Mi Confesión: El Beso del Diablo que Me Volvió Loca

Oye, amiga, mírame la taza de café, con ese poso de azúcar derretido… Llevamos como veinte minutos aquí y Carlos no para con su rollo filosófico sobre los derechos de los pueblos. Me aburre, pero… ay, es tan guapo. Lo llamo ‘el guapísimo’ con las chicas. Alto, moreno, ojos grises, cuello fuerte, hombros de porteador, músculos que quitan el aliento. Camina con esa gracia felina, y huele a hombre de verdad, a colonia fresca mezclada con sudor ligero.

Estoy loca por él desde la clase. Cuando me propuso tomar algo, dije sí sin pensarlo. Pero este monólogo… uf, ya van dos rondas de consumiciones. Por fin se calla, me mira fijo, buscando que le diga que es un genio.

Del Café Filosófico al Fuego en Mi Piso

—Está bien hablar… —empiezo yo.

—…pero mejor actuar —termina él, con esa sonrisa pícara.

—¡Sí, mucho mejor!

Paga discreto y salimos. Paseamos del brazo hasta mi pisito cerca. Apenas entramos, me plaquea contra la pared del pasillo. Sus labios en los míos, beso largo, tierno pero hambriento. Huele a menta y café. Mi corazón late fuerte, lo agarro y lo arrastro al sofá-cama. Nos caemos rodando, él no suelta mi boca. Su lengua invade, experta, jugosa. Nuestras salivas se mezclan, sabe dulce, salado.

Sus manos… dios, atrapan mis hombros, bajan por mi cuerpo. Me palpita toda. Rudas a veces, suaves otras. Envuelven mis tetas, aprietan mi culo, rozan mi vientre, mi entrepierna. Parece que tiene diez manos. Me desnuda rápido. En segundos estoy desnuda, abierta en la cama, él aún vestido. Baja besos por mi cuello, llega a mis pechos. Redondos como manzanas, pezones marrones duros, apuntando. Los chupa, muerde suave, lame. Suspiro hondo, mi coño chorrea ya. Jamás un tío usó la lengua así.

Sigue bajando, mete la lengua en mi ombligo. ¡Qué cosquilleo! Me eriza la piel, chicken skin en brazos. Llega a mi monte de Venus, pelo suave. Lamidas cortas en labios mayores, roza mi clítoris. Lo conozco bien, suelo tocarme sola porque los chicos son torpes. Pero él… lo rodea, lo aspira, lo muerde. Grito fuerte, placer nuevo me retuerce el vientre. Sacudo cabeza, abro piernas, mi jugo moja todo.

Su barba roza mi entrada, frota. Pongo manos bajo rodillas, ofrezco todo. Cyprine corre por mi culo. Su lengua penetra, dura, explora paredes. Como un pollón, entra-sale, golpea un punto rugoso dentro. Siento que voy a mear, pero exploto en orgasmo brutal. Olas eternas, cuerpo tieso, ojos en blanco.

Sigue lamiendo, baja al ano. Primer toque, piel de gallina, coño palpita, jet de jugo. Él separa nalgas, lame alrededor milímetro a milímetro. Lengua roza anillo, contrae-relaja. Primera vez que dejo esto, ni sola lo toco. Tiendo culo, invito. Entra suave, aspira, folla mi culo con lengua. Gimo, jadeo, exploto otra vez. Dilata, explora mucosas lisas, raspa paredes. Tetas y clítoris duelen de placer. Hurlo, caigo exhausta, temblores.

—No… espera un poco… —susurro.

—Como quieras… pero…

Pongo dedo en su boca, silencio. Disfruto el afterglow. Al fin beso yo, saboreo mi gusto acre en su lengua. Bajo mano a su paquete. Duro… ¿no? Desabrocho, meto mano. Pelo púbico, huevos… pero nada.

—Perdona, tengo un problema… No tengo polla de verdad.

El Éxtasis Prohibido y la Sorpresa Final

—¿Qué? ¿Cómo haces el amor?

—Con lengua, dedos…

—¿No te frustra?

—No sé… Mi placer es darlo.

—¿Y pipí?

—Solo uretra pequeña.

Me quedo muda. Quería todo: mamarle, que me folle culo… Pero él ya me dio lo máximo.

—No pasa nada, me has hecho volar.

—¿En serio?

—Sí. ¿Repetimos el ‘beso del diablo’?

—Claro…

Nos abrazamos, beso fogoso. Amiga, fue… inolvidable.

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