Ay, chicas, no sé por dónde empezar… Tengo 28 años, soy de Madrid, y el sexo es mi vicio. Me encanta el riesgo, esa adrenalina que te pone la piel de gallina y el coño palpitando. Hace unos días, una noche de junio calurosa, no aguanté más. Me puse un vestido ligero sin nada debajo, agarré mi bolsito con lubricante, pañuelos y agua, y salí a mi parque favorito. Ese con los baños que por la noche se llenan de tíos buscando acción. Heteros, gays, lo que sea… a mí me da igual, mientras haya placer.
Caminé hasta allí, el aire tibio rozándome las piernas. Salté la verja baja, fácil. Me metí entre los arbustos, olía a jazmín y tierra húmeda. Me quité el vestido, lo metí en el bolso. Desnuda total, la luna iluminando mi piel. Uf… mi pezón se endurecieron al instante. Empecé a caminar por los senderos oscuros, acariciándome los pechos, bajando la mano al coño ya mojado. El corazón me latía fuerte, ¿y si me pillan? Esa idea me ponía a mil.
La escapada nocturna y la excitación en el parque
Me acerqué a los baños. Oí gemidos… Un tío de unos 40 salía, pantalón bajado, pajéandose una polla gorda. Otro se sentó a su lado, le agarró la verga sin decir nada. ‘Joder, qué dura está’, murmuró el segundo. Yo, escondida a tres metros, me metí dos dedos en el coño, mordiéndome el labio para no jadear. El primero se la metió en la boca al otro, slurp slurp, chupando con avidez. ‘¿Vamos a mi casa?’, dijo uno. ‘Sí, vente’. Se fueron, dejándome sola y cachonda perdida.
Seguí paseando, pajéandome despacio, metiéndome un dedo en el culo lubricado con saliva. Huele a mi excitación, ese olor dulce y salado. De repente, una sombra delante. ¡Pánico! Un tío grandote, musculoso, bigote, unos 35 años. Me miró, saludó con un ‘Buenas noches, guapa’. Yo, nerviosa, me vestí rápido y corrí al portón. Pero… miré atrás. Me seguía. El pulso se me aceleró, pero ahora de morbo. Salté la verja, él también, ágil como un gato.
Zigzagueé por las calles vacías, él a 20 metros. No parecía malo, al contrario, atractivo. Recordé un edificio en obras cerca, perfecto para follar sin testigos. Giré, entré en la obra oscura. Polvo fino en el suelo, pero limpio. Me desnudé otra vez, polla… espera, mi coño chorreaba. Encendí un cigarro en la penumbra para que me viera. Cruzó la calle, titubeando. Salí un poco: ‘Ven aquí, no muerdo… mucho’.
Se acercó, me abrazó fuerte. Sus manos en mi culo, apretando. ‘Estás buenísima, desnuda así’, gruñó olfateando mi cuello. Intentó besarme la boca, yo no, pero su lengua en mi oreja… ay, temblé. Me masturbó el coño, dedos gruesos entrando y saliendo, chap chap. ‘Qué mojada estás, puta… quiero follarte’. Lo tiré dentro, le bajé los pantalones. Polla enorme, gruesa, oliendo a hombre limpio. Besos desde el ombligo, lamiendo las bolas peludas. ‘Mmm, chúpamela’, dijo. La engullí, vaivén con la boca, saliva goteando. Groñía: ‘Sí, así, joder qué boca’.
La persecución, el encuentro y el clímax explosivo
‘¿Quieres metérmela por el culo?’, le pregunté, jadeando. ‘¡Claro, zorra!’. Me unté lubricante, dos dedos abriendo mi ano. Dolía un poco, pero rico. Lo chupé más, lubricándolo. Me puse de espaldas, guié su verga. Empujó fuerte… ¡ay! Dolor agudo. ‘Despacio, coño’, gemí. Se disculpó: ‘Perdón, estás tan apretada’. Lo calmé acariciando su polla dura como piedra. Volví a guiarla, reculé yo: centímetro a centímetro, llenándome. Placer puro, caliente en las entrañas.
Empecé a moverme, él me abrazó, besos en el cuello. ‘Me encanta tu culo’, murmuraba. Su aliento caliente, sudor mezclado. Me follaba lento, profundo. Agarré sus nalgas: ‘No corras aún’. Me tocó la polla… el clítoris, frotando. ‘Voy a correrme’, dije. Ondulé más rápido. Él aceleró: plaf plaf, sus huevos golpeando. Mordiscos en la nuca, pellizcos en tetas. ‘¡Fóllame fuerte!’, grité. Me inclinó contra la pared, embestidas brutales. Entraba y salía toda, mi ano ardiendo de placer.
‘¡Me corro!’, rugió. Se hundió al máximo, espasmos, llenándome de leche caliente. Sentí cada chorro, pulsando. Yo exploté, coño contrayéndose, orgasmos múltiples. Nos quedamos jadeando, él dentro. ‘Nunca follé un culo así’, dijo. Lo limpié con la boca, saboreando nuestra mezcla, salado y dulce.
Nos vestimos. ‘Ven la próxima semana, traigo un amigo’. Sonreí: ‘Quizá’. Nunca volví, pero revivo esa noche cada vez que me toco. Placer total, inolvidable.