Ay, chica, no sé por dónde empezar… Acabo de despertarme sudada, con el coño palpitando todavía. Tengo 28 años, soy de Madrid, y siempre he sido una puta abierta al sexo, al deseo puro, a esas sensaciones que te dejan temblando. Pero esto… esto fue otro nivel. Te lo cuento como si estuviéramos en confidencia, eh, con todos los detalles sucios.
Estaba en un bar cutre con un tío y su novia, pero me agobié. Salí a fumar, el aire fresco me golpeó la cara, olor a cerveza rancia y humo. Ahí lo vi: un hombre de unos 50, barba de tres días, chaqueta de cuero gastada, ojos cansados. Me sonaba de la biblioteca. ‘¿Tienes fuego?’, me dijo con voz ronca, como si arrastrara grava en la garganta.
El Misterioso Encuentro en el Bar
Le di el mechero, mis manos rozaron las suyas, frías, ásperas. Fumamos juntos, el humo se enredaba entre nosotros. ‘Vives con un cuadro raro’, soltó de repente. Sentí un escalofrío, el corazón latiéndome fuerte. Habló del Hombre Negro, de Lovecraft, de un portal. ‘Es real, usa tus sueños para anclarse’. Me dio una daga de obsidiana, pesada, fría como el hielo. ‘Clávala en el retrato cuando venga’. Desapareció como humo. Me quedé flipada, pero decidida. Volví al piso, whisky en mano, olor a turba quemándome la lengua.
Me desnudé, piel erizada por el aire. Me tumbé en la cama, luces apagadas. Entonces… surgió del cuadro. Una sombra como alas de raia gigante, brillando púrpura. Me envolvió, cálida, eléctrica. Empezó por los pies: chupó mis dedos, uno a uno, succionando, húmedo, cosquilleante. Subió por las piernas, arcos de placer que me pusieron la piel azulada. Me rozó el coño, mordisqueó el vientre, tetas hinchadas, pezones duros como piedras. Gemí largo, ‘¡Ahhh!’, el cuerpo vibrando.
Apareció él, el Hombre Negro, alto, piel ebano. Me besó, su lengua se hinchó en mi boca, dura, venosa, como una polla palpitante. ‘Muéstrate tal como eres’, le susurré al oído. ‘Tu mente no lo aguantaría’, gruñó grave, melancólico. Lo besé fuerte, la chupé, la dejé entrar en mi garganta, salivas chorreando, ‘glup glup’, sabor salado, musgoso.
Me subí encima, froté mi coño empapado en su boca. Cyprina chorreando, olores almizclados mezclados con sudor. Sus dedos en mis tetas, pellizcando pezones. Miré atrás: ¡tentáculos pálidos donde estaban sus piernas! Manos humanas al final, retorciéndose. Me giraron, boca en su polla negra, bolas pesadas en mi palma, lengua lamiendo la verga, venas pulsando.
La Posesión Tentacular en la Oscuridad
‘¡Fóllame ya!’, pensé fuerte. Me levantó las piernas, pies agarrados firmes. Un tentáculo recogió mi jugo, lo untó en mi culo. Presión en el ano, circular, entrando despacio. ‘¡Sí, más profundo!’, jadeé. Otro tentáculo en mi coño, llenándome, ritmo acelerando. ‘¡Joder, qué grueso!’, grité. Tentáculos everywhere: tirando pelo, ahogándome suave, abriendo nalgas, magreando tetas.
Me estiraron brazos arriba, dos en el culo follándome, polla chocando contra ellos a través de la pared fina. ‘¡Han! ¡Han!’, gemidos ahogados por su lengua-phala en mi boca. Gotas calientes en mi piel, lluvia tibia. Abrí ojos: ruinas ardientes, gente follando salvaje entre escombros, ‘Cthulhu fhtagn’, cantaban. Horror y éxtasis. Él encima, follándome duro, cuerpo temblando.
Corrí como nunca, líquido quemando entre piernas, espasmos brutales. Desperté al lado suyo, pero cogí la daga. Lágrimas, visión de apocalipsis mezclada con placer. Clavé en el cuadro, ‘¡Crac!’, obsidiana hundiéndose.
Ahora… todo parece normal. ¿Sueño? ¿Real? Miro por la ventana, veo un tipo de cuero siguiendo a un gigante negro. Me encojo de hombros, vuelvo a la cama. Mi amiga duerme, olor a sexo pasado. Hoy promete más placeres… normales, espero.