Confesión ardiente: exhibida y follada en un restaurante de lujo en Bremen

Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Es como si acabara de pasar anoche. Mi marido y yo, en Bremen, explorando la ciudad. Yo, 27 años, 1,80m, curvas que vuelven loco a cualquiera: tetas 90C firmes, culo redondo, piernas largas de bailarina. Pelo castaño con mechas rojas, y esa noche, mi vestido morado vaporoso, sin sujetador ni bragas, porque Ramón me obligó. Sentía el aire fresco rozando mis pezones duros.

Estábamos en el tranvía, cansados después de caminar. ‘Mira ese viejo, parece Drácula’, susurró Ramón. El tipo, enorme, dos metros, capa negra con forro turquesa, barba plateada, se acerca. ‘No soy un fantasma, solo un viejo con modales’, dice con voz grave, profunda como un trueno lejano. Se presenta: Michaelis. Charla, nos invita a su restaurante, ‘Zum Silbernen Weinstock’. Gratis, champagne ilimitado. Yo dudo: ‘No podemos pagar eso’. Él: ‘Yo invito, sois una pareja encantadora, y tú, preciosa’. Tira de la cuerda, baja. ¿Ir o no?

La invitación misteriosa en el tranvía

Al día siguiente, vestido puesto. Tela fina, transparente abajo, mis piernas al aire. Pezones marcados, excitada ya. Ramón: ‘Pareces una puta elegante, sin nada debajo’. Yo: ‘¿Quieres que lo sea? Ordena’. Él: ‘Sin sujetador, sin bragas. Obedece’. Entramos, portero musculoso nos guiña. Sala mágica, vid en plata al techo. Michaelis nos sienta. Champagne burbujeante, frío en la lengua, olor a levadura fina. Platos exquisitos, vinos nuevos cada vez. Mis ojos brillan, cuerpo caliente.

Bailamos. Michaelis me agarra, alto, fuerte. ‘Tu vestido es precioso… y sin bragas, qué delicia’. Me sonrojo, pero: ‘Mis tetas también están libres’. Él: ‘Déjalas al aire, todos las admirarán’. Vuelvo a la mesa temblando. ‘Ronan, me lo pidió… ¿topless aquí?’. Él: ‘Hazlo, mi puta’. Vuelvo a bailar, nudos sueltos. ¡Plop! Vestido baja, tetas al aire. Pezones erectos, piel erizada por las miradas. Murmullos: ‘Wunderschön’. Siento calor entre piernas, humedad goteando.

Vuelvo, tetas desnudas bamboleando. ‘¿Qué tal?’, pregunto a Ramón, voz ronca. Él: ‘Eres una diosa, todos babean’. Toco su polla dura bajo la mesa. ‘¿Te pongo así?’. Champagne sigue, postre ‘mousse de A a Z’. Clientes se van, solos con Michaelis, Alexis (el chef gigante) y Zelda (camarera sexy). Pongo collar de sumisa. Cuero negro contra piel desnuda, anillos fríos. ‘Ahora soy tu esclava’, digo. Bailo, froto espalda contra vid fría, ‘¡Frío, delicioso!’. Me masturbo, dedos en coño mojado, olor a sexo subiendo.

El clímax: topless, collar y placer prohibido

Ramón se toca, polla gruesa saliendo, venas pulsando. Yo: ‘¡Mírame, amor!’. Zelda abre blusa, Alexis la toca. Michaelis observa. Me atan manos con cinturón, mesa contra muslos. Zelda venda ojos. ¡Splash! Tetas en champagne helado, burbujas picando pezones. ‘¡Qué cosquilleo!’. Ofrezco tetas: bocas calientes chupando, lenguas ásperas. Michaelis sube vestido, culo al aire, fresco. Botella fría entre piernas, condensación en clítoris. ‘¡Gélido, pero rico!’. Champagne chorrea por culo, pica dulce.

Zelda lame directo del coño, lengua suave, sorbiendo jugos. Gimo: ‘¡Sí, lame!’. Jugo uno, fuerte, piernas temblando, olor almizclado. Ramón me folla, polla caliente llenándome, embiste rápidas. ‘¡Córrete dentro!’. Sale, Zelda lame semen mezclado. Michaelis mete pomo de bastón helado: ‘¡Ahhh, invade!’. Luego su polla fina, vieja pero dura, me hace correrme otra vez. Zelda limpia, lengua voraz.

Alexis desnudo: verga monstruosa, 25cm gruesos. ‘¡No cabe!’, grito. Pero entra, estira coño al límite, dolor-placer. Bombeos brutales, huevos golpeando. ‘¡Me rompes, amor! ¿Ok?’. Ramón besa: ‘Sí, trágatela toda’. Orgasmo brutal, grito ahogado, chorro saliendo. Él eyacula dentro, Zelda lame todo. Ahora Zelda en suelo, coño depilado. Yo meto botella: ‘¡Gime, puta!’. Ella corre, chillido agudo.

Fin de noche. Tetas al aire bajo chal, salimos. Miradas quemando piel. ‘Quiero más noches así’, le digo a Ramón. Michaelis: ‘Volveréis, las esposas como tú no paran’. Odoro a sexo, champagne, sudor. Cuerpo dolorido, pero feliz. ¿Repetir? Dios, sí.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *