Ay, amiga, no sabes lo que viví anoche. Todo empezó hace semanas en ese sitio de citas. Mensajes calientes, fantasías que nos encendían. Yo, casada, con niños, pero con un fuego dentro que no paraba. No quería fotos, nada que me delatara. Mi marido… uf, mejor no pensar. Pero el deseo crecía. Quería tocar, lamer, sentir carne de verdad.
Lo planeé todo al milímetro. Hotel cutre cerca de la autopista, fácil de entrar y salir sin que nadie me viera. Le di instrucciones precisas: Honda Accord gris, placa exacta, cartel con ‘613’ en el salpicadero. Habitación 316. Llegar 30 minutos antes, cerrar cortinas, tapar ventana con aluminio y cinta. Luces fuera, oscuridad total. Deshacer cama, Diana Krall en bucle, condones everywhere. Puerta entreabierta. Y él, en el baño, esperándome.
El plan perfecto que lo cambió todo
Llego a las 22:30 en punto. Noche negra. Abro la puerta despacio, huelo el champagne en hielo – toque personal, me encanta. Recorro la habitación: perfecto, todo como ordené. Sonrío. Pulso repeat en el CD. Luces fuera. Toco la puerta del baño. Se abre.
No veo nada. Ni una mierda. Oscuridad absoluta, como quería. Mi fantasía: follar con un desconocido sin rostros. Solo cuerpos. Siento su presencia, cálida, vibrante. Mi mano tiembla un poco, toca su pecho firme. Él busca mi hombro, mi cara. Es alto. Me agarra la cara suave, se inclina. Sus labios… ay, suaves, calientes. Chupa mi labio superior, lengua adentro. Lento, joder, tan lento. Huele a colonia fresca, limpia.
Ahora yo. Lo beso fuerte, mi lengua explora su boca, dientes. ‘¿Estás listo?’, susurro. Río bajito, nerviosa. Tiro de su corbata – por eso la pedí, control total. Lo arrastro al cuarto. Abrazos frenéticos. Vuelo mi chaqueta… no sé dónde cae. Manos por todos lados. Mi vestido ligero, nada debajo. Siento su polla dura contra mi vientre, enorme, palpitante.
‘Quítamelo todo’, le ordeno. Desabrocho su camisa rápido, él intenta ayudar, ‘No, yo’. Mi vestido cae. Piel contra piel. Sus pechos… mis tetas contra su torso. Duro, sudor ya. Lo muerdo en el hombro. ‘¡Mmm!’. Lenguas enredadas, saliva dulce. Desabrocho su cinturón, botón, cremallera. Libero esa verga gruesa. La aprieto, huevos pesados. Masturbo arriba-abajo mientras nos besamos. Baja, lengua por el cuerpo, lame mi cuello, pechos.
El éxtasis en la negrura absoluta
De rodillas, lamo desde huevos hasta glande. Sabe salado, pre-semen aceitoso. Lo trago entero. ‘¡Joder, qué buena!’, gime él. Manos en sus muslos firmes, culo apretado. Chupó fuerte, dientes suaves. Gimo con la boca llena, vibrando. ‘¡Aahh!’, su gemido llena la habitación. Diana Krall de fondo, sexy.
Lo levanto, beso. Quiero que me coma el coño, pero no. Lo empujo al letto. ‘Shhh’. Monto a horcajadas. Agarro su polla, húmeda ya por mí. Me empalo de golpe. ‘¡Love me like a man!’, canta ella. Clavada hasta el fondo, mojada perdida. Cabeza atrás, subo-bajo lento… luego rápido. Sus manos en mi cintura, culo, tetas pequeñas y duras. Pezones pinchando. ‘¡Sí, fóllame! ¡Más fuerte!’, grito. Sonidos chapoteantes, respiraciones jadeantes, olores a sexo, sudor.
Siento el orgasmo venir. Cuerpo tenso. ‘¡Aahhh! ¡Sí, sí!’. Exploto, tiemblo toda. Caigo sobre él, jadeando. Su verga aún dura dentro. Beso su frente. ‘No has acabado, ¿verdad?’, digo riendo. Me gira de lado, cuchara. Polla entre muslos, entra despacio por detrás. Manos en tetas, pellizca pezones. Bombeamos lento, profundo. ‘¡Qué coño tan apretado!’, gruñe. Yo: ‘¡Dame más, joder!’.
Sudor por todos lados, piel pegajosa. Olor a nosotros, intenso. Gemidos, carne chocando. Otra vez cerca. ‘¡Córrete dentro, con condón!’. Él acelera. ‘¡Voy!’. Se corre fuerte, palpita. Yo sigo, segundo orgasmo. Agotados. Duchita rápida, champagne frío burbujeante, sabe a victoria. Vuelvo al letto. ¿Luces? Aún no. Tal vez mañana. O nunca. Mi secreto.