Confidencia caliente: Mi follada salvaje con mi jefe en su casa

La historia que os voy a contar me pasó hace unos meses. Tengo 27 años, soy española, mido 1,70, morena con curvas que vuelven locos. Me encanta el sexo, las emociones fuertes, sentirme deseada hasta el límite.

Volví de París, donde estuve un par de años en el ejército, y conseguí curro en una agencia inmobiliaria en Madrid. Mi jefe, Miguel, es un tío impresionante. Unos 50 tacos, 1,85, moreno, con un cuerpo que cuida en el gym. Brazos fuertes, sonrisa pícara y un paquete que se marca en los pantalones… Ay, madre, cuántas noches fantaseando con que me la metía por el culo.

La tensión que me quemaba en la oficina

En la oficina, cada vez que entraba, no podía evitar mirarle el bulto. Él lo pillaba, ¿sabéis? Y jugaba conmigo. Me llamaba a su despacho para ‘clases’ sobre leyes inmobiliarias españolas. Yo me ponía nerviosa, la braguita se me humedecía…

Un día me dijo:

—Sofía, ¿qué te pasa últimamente? Estás rara…

—No, jefe, todo bien —mentí, pero mis ojos iban directos a su entrepierna.

—Venga, cuéntame. Sé que me miras de otra forma.

Me acerqué, roja como un tomate. Su olor, colonia mezclada con hombre, me volvía loca.

—Es que eres… tan atractivo. Me pones incómoda a veces.

Silencio. Me miró como un lobo. Pensé que me echaba. Pero se acercó más, su aliento caliente en mi cuello.

—Gracias, preciosa. Me halaga.

Se sentó en el escritorio, piernas abiertas. Su polla dura asomaba. Entró una compañera, me fui…

—Hablamos luego, Sofía.

Pasaron semanas de miradas calientes. Él rozándome ‘sin querer’, yo mordiéndome el labio.

Organizó una fiesta en su chalet en la sierra. Todo el equipo. Fui con mi novio, un tío guapo pero sin la intensidad de Miguel. Mi novio y yo tenemos una vida sexual brutal, hemos hecho tríos, pero eso es otra historia.

En la fiesta, Miguel se me acercó:

—¿Has visto la casa, Sofía?

—No, me encantaría.

—Sube en cinco minutos a mi despacho.

Besé a mi novio, le dije que iba a ‘hablar de curro’. Subí las escaleras, corazón a mil.

Allí estaba, en el sofá, camisa abierta mostrando pecho peludo, pantalón tenso. Olor a whisky y testosterona. Se quitó las gafas, ojos hambrientos.

Me senté frente. Silencio pesado. Respiraciones roncas. Su polla latía.

—¿Soy yo quien te pone así? —preguntó, señalando mi pezón duro bajo la blusa.

—Sí… Quiero chupártela.

La explosión de placer en su mansión

Se levantó, me besó. Lenguas salvajes, saliva dulce. Manos en mis tetas, apretando. Gemí:

—Ay, Miguel, qué duro estás…

Desabroché su pantalón. Polla gruesa, venosa, olor a macho. La lamí, salada, pre-semen en la punta. La tragué despacio, garganta profunda. Él gruñía:

—Joder, Sofía, qué boca… Traga todo, quiero correrme en tu garganta.

Chupé con furia, bolas en la mano, succionando. Ruido de babas, slap-slap.

Sonido de tacones. Se apartó, me tapó con su cuerpo. Mis manos en su polla aún dura.

—Sigue… —susurró.

Le apreté las pelotas, él jadeaba. Me tumbó en la alfombra, piel suave bajo mis dedos.

Quitó mi tanga, olió mi coño mojado:

—Hueles a puta en celo.

Lamio mi clítoris, lengua áspera. Grité:

—¡Más! Métemela ya!

Cogió su polla, frotó mi entrada. Entró de golpe, estirándome. Placer-dolor.

—Fóllame fuerte, hazme daño.

Me cabalgaba, tetas botando. Sudor goteando, olor a sexo crudo. Cambiamos: a cuatro patas. Sacó, volvió a meter, chapoteo de fluidos.

—Ahora el culo, quiero tu polla en mi ojete.

Lubricado con mi propia leche, empujó. Lentito al principio, ardor delicioso. Luego brutal, cachetazos en el culo. Gritaba:

—¡Sí, rómpeme el culo! Más rápido!

Jadeos, piel chocando, slap-slap-slap. Me corrí temblando, coño chorreando.

De lado, dedo en clítoris, bombeando anal. Hurlaba de gozo.

Me puse de rodillas, mamada final. Semen caliente, espeso, tragué todo, sabor amargo.

Quedamos jadeando, olor a corrida y sudor en el aire. No sé cuánto duró…

Fue mi primera vez con un jefe. Y no la última…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *