Confesión caliente: Mi primera vez lésbica después de años fantaseando con ellas

Sabes, siempre lo supe. Desde la adolescencia, me atraían las chicas. Me tocaba pensando en ellas, en sus cuerpos suaves, en cómo se rozarían. Pero crecí en un sitio donde eso no se dice. Así que lo negaba todo. Iba con chicos, besos, caricias… pero nada más. En mi cabeza, era un festival.

Imaginaba a las amigas de mi madre, probándose ropa en el baño, riendo. ‘¿Te queda bien?’, decían, mientras se quitaban las bragas despacio. Sus pechos rozándose, el vapor del agua caliente llenando el aire con olor a jabón dulce. Yo me metía en la fantasía, viéndolas desde un rincón. Sus dedos temblorosos bajando por la espalda de la otra, hasta tocar ese calor húmedo entre las piernas.

Los años de fantasías que me consumían

Cuántas veces me corrí así. Tardes enteras en mi cuarto, puerta cerrada, mano dentro de las bragas. El sonido de mis jadeos ahogados, el olor de mi propia excitación, salado y dulce. Retrasaba el orgasmo, imaginando masajes que duraban horas. Pezones duros como piedras bajo lenguas expertas. Gemidos suaves: ‘Ay, sí… no pares’. Pero nunca pasaba a más con nadie.

Los chicos eran mi escudo. Jugaba al fútbol con amigos, besaba chicas en fiestas. Parecía normal. Pero sola, fumando un cigarro, me desnudaba frente al espejo. Mi coño mojado brillando, dedos entrando y saliendo con chasquidos húmedos. Pasaba de lesbianas a tríos con mujeres mayores. Profesoras, vecinas. ‘Ven, déjame enseñarte’, me decían en mi mente. Sus tetas grandes aplastándome, su aliento caliente en mi cuello.

Pero el deseo por chicas crecía. En la uni, solo en mi piso, pornografía everywhere. Revistas de lesbianas, videos de lenguas en clítoris hinchados. Me ponía a cuatro patas frente al espejo, fumando porro, oliendo a humo y sexo. Imaginaba a mis compañeras de clase, durmiendo juntas después de estudiar. Sus piernas entrelazadas bajo las sábanas, frotándose despacio.

‘Ay, qué calor hace’, murmuraba una. ‘Ven, acércate’. Sus labios rozándose primero, tímidos. Luego lenguas enredadas, saliva dulce. Manos bajando, dedos abriendo labios vaginales empapados. El slap slap de piel mojada, gemidos crecientes. Yo aceleraba mi mano, corriéndome con chorros calientes en el vientre.

Llegó un punto que no aguantaba. Llamaba a líneas eróticas, hablando con tías. ‘Cuéntame qué me harías’, les pedía. Me corrían al teléfono, pero huía de citas. Una noche, borracha de una fiesta, pasé por un bar de chicas. Entré, bailé. Una me miró. Era Laura, mi amiga de toda la vida. 28 años, curvas perfectas, pelo negro largo.

Nos besamos en la pista. Sus labios suaves, sabor a ron y menta. ‘Vamos a mi casa’, me susurró al oído, su aliento caliente erizándome la piel. Temblaba. En el taxi, su mano en mi muslo, subiendo despacio. Mis bragas ya empapadas, olor a deseo flotando.

La noche inolvidable con mi mejor amiga

Llegamos. Puerta cerrada, nos arrancamos la ropa. Sus tetas firmes, pezones oscuros duros. La empujé al sofá. ‘Te deseo tanto tiempo’, le dije, voz ronca. Besé su cuello, bajando. Olor a perfume mezclado con sudor fresco. Lamí sus pezones, chupando fuerte. ‘¡Dios, sí! Muerde’, gimió ella, arqueando la espalda.

Bajé más. Sus muslos abiertos, coño depilado, labios hinchados brillando. Olía a mar, salado y adictivo. Metí la lengua plana, lamiendo despacio. Su clítoris pulsando contra mi boca. ‘¡Joder, qué buena lengua!’, gritó, manos en mi pelo tirando. Chasquidos de succión, jugos resbalando por mi barbilla.

Me giró. Sesenta y nueve en el suelo. Su culo perfecto sobre mi cara, ano rosado tentándome. Lamí todo, lengua en su coño y rozando atrás. Ella devoraba el mío, dos dedos dentro, curvados en mi punto G. ‘Estás tan mojada… sabor increíble’, murmuró entre lamidas. Gemidos sincronizados, cuerpos sudados pegándose.

Cambié posición. Ella a cuatro patas, yo detrás. Dedos en su coño, tres entrando con facilidad, polla imaginaria. ‘Fóllame fuerte’, suplicó. El sonido chap chap de fluidos, su culo rebotando. La corrí así, gritando, chorros mojándome la mano. Olor intenso a orgasmo femenino.

Luego yo. Me tumbó, piernas abiertas. Lengua en mi clítoris, vibrando. Dos dedos en mi culo, despacio. ‘Relájate, guapa’. Sensación de plenitud, presión deliciosa. Subía y subía. ‘¡Me corro! ¡No pares!’, chillé. Explosión, piernas temblando, chorro caliente en su boca.

Nos quedamos abrazadas, sudorosas, oliendo a sexo. ‘Siempre quise esto contigo’, me dijo besándome. Ahora sé que no hay vuelta atrás. El placer es real, crudo, adictivo. Y quiero más.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *