Acabo de desayunar y veo pasar a Estrella, no, espera, soy yo la que está ahí, pero déjame contarte como si fuera ayer. Estaba en la terraza, el sol calentando la piel, el olor a cloro fresco de la piscina subiendo. Mi marido, tu sabes, el sobrino de Michel, con su cosita pequeña que no satisface. Yo nado furiosa, agua salpicando, pechos rebotando bajo el bikini. Salgo agotada, me apoyo en el borde, jadeando, el agua chorreando por mis curvas.
Michel se acerca con vasos de zumo, en bañador, camisa abierta mostrando su pecho bronceado. ‘Buenos días, Estelle. ¿Todo bien?’ dice con esa voz grave que me eriza la piel. Sonrío tensa. ‘Hola, Michel. Gracias. Tu sobrino es bueno, pero su polla… me tiene harta.’ Él se ríe, mete las piernas en el agua fría que me roza las caderas. ‘La calidad no espera el número de centímetros.’
La confesión que lo cambió todo
Bebo, el zumo dulce bajando por mi garganta seca. ‘No es solo pequeña, es que no sabe usarla. De tu familia, solo heredó lo feo.’ Él guiña. ‘¿Segura de que no me hubieras preferido a mí?’ Rio nerviosa. ‘¡Seguro que no tienes una noodle en el slip!’ Él pregunta cómo sé. ‘Te veo, y oigo a tus visitas gimiendo de noche. A veces vengo aquí a relajarme después de trabajar.’
Hesito, el corazón latiendo fuerte. ‘Michel… haces orgías, ¿verdad? Club Azmonden, demonio de la lujuria.’ Él asiente. ‘¿Envidiosa?’ Bajo la mirada, el bikini mojado pegado, pezones duros. ‘Nunca lo probé. Quiero más que lo plano de mi marido.’ Él ofrece consejos: atención, lengua, dedos. Suspiro. ‘¡Ojalá!’ De repente, noto su erección asomando roja por el bañador. ‘¡Popol está despierto!’ Intenta cubrirse, yo lo paro. ‘Déjalo, me gusta. Quítatelo.’ Se desnuda, su polla gruesa, venosa, apuntando al cielo. ¡Dios, el doble de la de mi marido!
‘Ecarta las piernas, déjame ver bien.’ Obedece, huevos pesados colgando. Me acerco, huelo su masculinidad, salada por el sudor. ‘¡Qué pedazo! Podrías hacer porno.’ Él admite que alquila la casa para eso. Mi coño palpita, humedad mezclada con cloro. Me quito el tanga, se lo doy. Nado desnuda, agua fría entre mis labios depilados. Salgo, piernas abiertas, mi raja lisa brillando. Él gime. ‘¡Qué coñito tan mono!’ Toco su polla con el pie, dura como hierro, piel caliente.
‘¡Ven al agua!’ Salta, me persigue riendo, salpicaduras. Me acorrala contra la pared, cuerpos chocando, su polla dura contra mi vientre suave. ‘Estás atrapada.’ Nuestras bocas se unen, lenguas danzando húmedas, sabor a zumo y cloro. Sus manos en mi culo redondo, apretando carne mojada. Gimo en su boca, pezones rozando su pecho peludo. ‘¡Bésame más!’ Sus dedos encuentran mi clítoris hinchado, frotando círculos. ‘¡Oh, mierda, qué bien!’ Mi coño chorrea jugos calientes en el agua.
Placeres intensos en el agua y más allá
‘¿Quieres que te folle?’ Susurro jadeante. ‘Sí, métemela ya, sin condón. Estoy limpia, él es mi único.’ La levanta, piernas enroscadas, gland gordo presionando mi entrada resbaladiza. Empuja, ¡aaaaah! Llenándome hasta el fondo, estirándome deliciosamente. ‘¡Qué polla tan gorda!’ Empieza a bombear lento, agua chapoteando, slap-slap contra mi piel. Huelo su axila masculina, siento venas pulsando dentro. Acelera, mis tetas saltando, uñas clavándose en su espalda. ‘¡Más fuerte!’
Exploto primero, coño contrayéndose, chorros calientes, grito ahogado. ‘¡Joder, qué orgasmo!’ Él sigue, implacable. Cambio, me pone a cuatro patas en el borde, entra de nuevo, doggy salvaje. Sus bolas golpeando mi clítoris, olor a sexo en el aire húmedo. ‘¡Siente cómo te rompo el coño!’ Grito, ‘¡Sí, fóllame como puta!’ Otro clímax, piernas temblando, jugos goteando.
Me saca, me pone a mamar. Sabor salado, venoso, lamo el prepucio, chupo profundo, garganta apretando. ‘¡Me vengo!’ Jet tras jet, cremoso, salado, trago todo, labios pringosos. Luego él me come el coño, lengua plana lamiendo, chupando mi clítoris hinchado. ‘¡No pares!’ Exploto en su cara, miel dulce en su boca.
Me monta a lo amazona, yo rebotando, polla tocando útero, pechos en su cara, él mordisqueando pezones. Huelo mi propio sudor mezclado con el suyo. Cambio a misionero en el transat, piernas en hombros, embiste profundo, piel sudada chocando. ‘¡Córrete dentro!’ Él ruge, semen caliente inundándome, desbordando por mi raja.
No paró ahí. Ahora viene a escondidas, me folla en la cocina mientras mi marido cena al lado, riesgo excitante, su semen chorreando por mis muslos. Pronto, su club… pero eso es otra confidencia. ¿Qué te parece, amiga? ¿Te mojó?