Mi primera exhibición en el restaurante con mi marido

¡Hola! Bueno… os cuento lo que me pasó ayer por la noche. Después de mi operación en los pechos, ahora tengo un 105D que vuelve loco a mi marido Pedro. Él me animó a mostrarme más, a acortar las faldas. Y yo… uf, me encanta que me miren, ese cosquilleo en la piel.

Me puse un bustier negro, sin sujetador. Me aprieta la cintura, empuja los pechos como melones maduros. El escote es un abismo, las aréolas asoman un poquito por arriba. Dudé, eh… pero me excitó. Encima, un traje sastre malva, chaqueta con dos botones. Minifalda ajustada, hasta media pierna. Pedro la mandó acortar más: “Mi amor, hasta medio muslo, tienes piernas de infarto”.

Preparándome para salir

—Vale, pero solo contigo al lado —le digo, mirándolo con ojos juguetones.

Medias negras autofijantes, con costura atrás y encaje ancho arriba. Las subo alto para que no se vean de pie. String negro de encaje transparente debajo. Escarpines de 10 cm, camino como si nada. Maquillaje ligero, labios y uñas malva a juego. Salgo del cuarto, Pedro me devora con la mirada. Sus ojos brillan, huelo su deseo en el aire.

Vamos al coche. Al sentarme, la falda sube, enseña el encaje de las medias. Pedro posa la mano en mi muslo, suave, cálida. Conduce y sube… sube más.

—Pedro, exageraaas, los peatones me ven el string.

—Para eso lo hago, amor. Desabróchate la chaqueta.

Humo por dentro, botón a botón. El escote explota. Pechos casi al aire, huelo mi perfume mezclado con sudor nervioso.

—¿Así te gusta?

—Perfecto… por ahora. Tenemos toda la noche para jugar.

Su mano llega al coño, roza el string. Estoy empapada, jugos calientes. Gimo bajito, hmmm… el motor ronronea, mi clítoris palpita.

Llegamos al restaurante. Bajo con cuidado, falda alta, noto aire fresco en las nalgas. Pasantes miran, sus ojos como dedos. Entramos. El maître me clava la vista en el escote, traga saliva audible.

Pedro me pone en la banqueta, frente a la sala.

—Al sentarte, no bajes la falda. Quiero ver el encaje.

—Eres un pícaro… Vale, pero si la toco, ¿penalidad?

—Si la tocas, un castigo que no rechazarás.

Me siento, falda sube, encaje al aire. Vecinos laterales babean mis muslos. Nuestros ojos se cruzan, los suyos arden. Pide champán. Bebo, burbujas en lengua, me desinhibe.

—Quítate la chaqueta, hace calor.

Desabrocho, pechos medio fuera, aréolas rozando el borde. Vecinos frontales se giran, murmullos. Maître vuelve, ojos en mis tetas, polla dura bajo delantal.

Cruzo y descruzo piernas por orden de Pedro. Falda sube más. Tiro instintivamente… Error.

—Castigo —dice serio.

—¿Cuál?

—Al baño. Quítate el string y dámelo discreto.

Corazón late fuerte. Voy al baño, piso fresco en tacones clic-clac. Me bajo el string, huelo mi humedad almizclada, dulce. Me limpio el coño chorreante con papel, labios hinchados. Vuelvo, falda algo baja. Me inclino, meto string en su bolsillo. Su aliento caliente:

—Otro castigo. Tiraste la falda otra vez. Quítate la chaqueta.

Pánico y vértigo. La quito natural, como si calor. Me siento, falda sube, coño al aire. Aire roza labios húmedos, escalofrío.

El juego prohibido en la mesa

—Tengo sed, sírveme.

—Te veo, amor… ardiendo.

No miro alrededor, pero siento ojos perforando. Tetas al límite, pezones duros.

—No toques arriba, o castigo.

Pedro tira tenedor. “Abre piernas, quiero ver tu coño depilado”.

—¿Quieres que vecinos lo vean?

—Sí. Quédate abierta hasta que diga.

Descruzo. Miradas caen como lluvia entre muslos. Pedro se agacha lento… pero el camarero, ¡zas! Se agacha también. Ve todo: coño abierto, jugos brillando bajo luces. Huelo mi excitación fuerte, oigo su jadeo. Vecinos murmuran, pollas tensas.

Tres minutos eternos. Camarero sirve café, ojos en tetas y coño. Calor sube, clítoris duele.

Pedro: Cruza ahora.

Aprieto muslos, labios se frotan, ¡aaah! Jugo brota, orgasmo me sacude. Ojos vidriosos, muerdo labio para no gritar. Pedro rojo:

—Bandearrro como loco.

—Pues paga y vámonos. Te calmaré.

—No puedo levantarme, se nota.

—Ese es mi castigo.

Me pongo chaqueta. Maître la sujeta, último vistazo a tetas. Salgo, falda indecente, muslos desnudos, coño goteando. Todos miran, murmullos: “Sin bragas…”. Adrenalina, pezones rozan tela.

En acera, Pedro me besa salvaje, polla contra vientre. “A la voiture, no aguanto”.

Al parking. Me empuja contra capó, falda arriba. Manos en tetas, pellizca pezones. Huelo gasolina, su sudor salado.

—Fóllame ya, Pedro.

Me gira, cuatro patas en asiento trasero. Polla entra de golpe, gruesa, caliente. ¡Aaaah! Golpes profundos, slap-slap contra nalgas. Coño aprieta, jugos salpican.

—Córrete dentro, lléname.

Acelera, gruñe, semen caliente inunda. Yo reviento otra vez, grito libre, temblores.

Uf… qué noche. No volveré a ese sitio, pero repetiría con Pedro.

Beatriz

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