Oigo pasos en la terraza… Me quedo quieta, atenta. El chirrido de la puerta corredera de la cocina me pone la piel de gallina. Casi al instante, un tintineo fresco sube por el aire. La botella de champán chocando contra los hielos en el cubo que preparé para él. Está aquí, en la cocina. Mi corazón late fuerte, las sienes me palpitan de nervios.
Estoy de pie en el centro, vestida solo con un conjunto negro transparente que deja ver mi desnudez. Camisa y falda corta, zapatos de tacón negro abiertos. Mi melena rizada y pelirroja recogida en un moño alto, desordenado a propósito, con dos horquillas de plata. Largos mechones enmarcan mi cara. Un pañuelo de seda negro me venda los ojos. Recta, arqueada, manos a la espalda, ofrecida… Paciente. Impaciente.
La Espera en la Cocina
Mi respiración se acelera, el pulso también. Espero sonidos, roces que me digan dónde está esa masa de hombre que me dará placer intenso. De pronto, detrás de mí, un crujido… Un fósforo. Huele a tabaco, especiado, delicioso, me invade las fosas nasales. Ha encendido un puro. El humo me envuelve, me marea de gusto.
Su aliento largo me eriza la piel, tan cerca. Quita las horquillas, mi pelo cae en cascada sobre los hombros. El juego empieza. La falda sube despacio, rozándome, se engancha en la cintura. Mi culo al aire, sensación fresca.
Una mano grande me separa las piernas con firmeza, la otra presiona mis riñones para arquearme más, sacar mis nalgas redondas y mis tetas. Suspiro. Oigo un suspiro suyo. ¿Abre una bolsa?
Un objeto frío en mi muslo, sube entre las piernas, roza… Luego un golpecito firme, me obliga a abrir más. Se pasea por mis labios íntimos. Cierro un poco… ¡Plas! Un azote seco bajo el coño, piel sensible. Vuelvo a la pose, más abierta. La cravacha sube por mi raja, baja de golpe. ¡Clac! ¡Clac! En las nalgas. Queman.
—Separa más, mi dulce… Más… —dice dos veces, voz calmada, firme.
La cravacha recorre mi piel pecosa, azota por la tela fina en las tetas, juega con los pezones. Luego mi coño liso, labios grandes y pequeños, el clítoris. Pica, excita… Mis pezones se endurecen, hinchados, listos para su boca.
Vuelve: una, dos, tres… Cinco azotes. Gritos míos. —¡No te muevas! Quédate en posición —susurra en mi oreja, sereno pero mandón.
Abre el champán. ¡Plop! Llena vasos. Burbujas bajo mi nariz. Tengo la boca seca. Me da de beber, fresco, lágrimas bajan por mi pecho curvilíneo.
Sus manos frías acarician mis nalgas rojas, contrastan con el calor. Lengua húmeda las calma. Dedos en mi monte de Venus, suave, liso. Abre labios, pellizca los pequeños, tuerce, mete dedos en mi agujero caliente, húmedo.
—Mmm… Estás empapada, mi amor… Tu flujo corre… —Su voz cruda, sonrisa lobuna.
Solo gimo, no hablo. Me agarra el pelo, me lleva al sofá, me sienta. Abre mi camisa, pellizca pezones, los estira. Pone pinzas en ellos. ¡Dolor-placer! Cabeza me da vueltas, sentidos a tope, ciega.
El Éxtasis sin Control
Más champán. Me tumba boca arriba, abre piernas. Mi coño expuesto. Vierte champán frío allí. ¡Grito!
—Humm… ¡No, por favor, señor!
—Ja ja, sí, me encanta… —Vuelve a enterrar la cara.
Lengua retiene el champán, lame, muerde labios. Dedos y lengua follan, chupan clítoris hinchado, violeta. Sursaltos. Manillar de cravacha entra en mi coño lubricado. Va y viene húmedo. Lengua en clítoris. Mi cuerpo se retuerce, flujo baja al ano.
Manos en cojín. Toco sus piernas, subo al bulto. Él permite. Bajo venda. Nariz en cremallera metálica.
Sus manos amasan mis tetas grandes. Desabrocha pantalón. Polla dura bajo bóxer negro. La rozo, la libero. Gruesa, tiesa, venosa. Escroto, bolas redondas. Las masajeo.
Boca en glande, lengua lo destapa, lame. Dientes arañan corona. Chupa bolas, las muerdo suave. Dedos en su pecho, pezones duros. Mano masturba, otra roza ano.
—Sigue… ¡Rhaa, me encanta! —gime.
Me guía cabeza. Boca lo traga entero. Aspiro, lengua en freio sensible. Se tensa. Explota en mi boca, semen caliente chorrea cara, tetas. Sigo ordeñando.
Sus rugidos… ¡Uf! Me corre un escalofrío. Se calma, me besa.
—Eres increíble, mi puta dulce —susurra.
Nos fundimos en brazos, sudados, satisfechos. Noche inolvidable.