Confesión ardiente: Mi orgía salvaje con el fontanero y sus amigos

Ay, chica… no sé por dónde empezar. Estaba sola en casa esta mañana, mi marido trabajando, y… decidí llamar al fontanero. No había ninguna fuga real, eh, solo… quería ver qué pasaba. Él me había gustado la última vez que vino, alto, fuerte, con esa mirada que te desnuda. Me duché rápido, me puse un albornoz suelto, nada debajo, y mules. Sonó el timbre. Abrí, y ahí estaba, con su caja de herramientas. ‘Buenos días, ¿dónde está la fuga?’, dijo con voz grave. Le sonreí, ruborizada ya. ‘En la cocina, ven’. Lo guie, sintiendo su mirada en mi culo bajo el albornoz.

En la cocina, preparé café. El olor fuerte del café molido llenaba el aire, caliente, amargo. Me giré con la taza y el azucarero, y… desaté el cinturón. El albornoz cayó abierto, mis tetas pequeñas al aire, pezones duros por la emoción. Sus ojos se clavaron. Dudó un segundo, luego… sus manos grandes en mis pechos. ‘Joder, qué ricas’, murmuró, acariciando, pellizcando suave. Yo quieta, jadeando. Una mano bajó, entre mis muslos, dedos rozando mi coño ya húmedo, resbaladizo. ‘No te muevas’, dijo, tomó la taza, sorbió café, azúcar crujiente en su boca, y volvió a mis tetas. Me quitó todo, albornoz al suelo frío. Me palpó entera, dedos en mi coño, en mi culo, oliendo a jabón y deseo.

La llegada del fontanero y la seducción en la cocina

Gemí bajito, cabeza atrás. Él se abrió el pantalón, verga gruesa, venosa, saliendo. Se puso detrás, frotándola entre mis nalgas, pellizcando tetas. ‘Arrodíllate’, mandó, mano en mi hombro. Me agaché, su polla a la altura de mi cara, olor musgoso, hombre. La metí en la boca, profunda, saliva chorreando. Él apoyado en la encimera, codos atrás. ‘Así, chupa bien…’. Lamí toda la longitud, lengua en el glande salado. Volví a mamar, garganta llena. De repente, tiró mi pelo, se sacó, masturbó furioso. Primer chorro en mi cara, caliente, pegajoso. Luego en mi boca, temblando, gimiendo ‘Ahhh…’. Se vació, retiró flácida. ‘Buen comienzo’, rio, y abrió la nevera por una cerveza fría.

Hablamos poco, nervioso el aire con olor a semen fresco. Fui al salón, me tumbé en la mesita baja, piernas abiertas. Él acercó la botella de cerveza al coño. Fría, condensada. ‘Métetela’, dijo. Dudé, pero la guió, entró lenta, vidrio resbalando en mis labios vaginales. Moví cadera, follándome sola, él en el sofá mirando, polla endureciéndose otra vez. Salió fuera un momento, volvió sin pantalón. ‘Invité a dos amigos a café. Te van a gustar’. Sin dar tiempo, me tiró hacia él, botella al suelo con clac, me puso a cuatro patas en la mesita. Entró de golpe, polla dura llenándome. ‘¡Sí, fóllame!’. Gemí, supliqué, corrí fuerte, coño contrayéndose. Él siguió, se pegó a mi culo, eyaculó dentro, chorros calientes inundando.

Quedamos jadeando, sudor pegajoso. Le di agua, otra cerveza. Subí a ducharme rápido, bajé con lencería: liga negra, medias, tacones finos, collar de perlas. Pubis negro contrastando piel bronceada. Él silbó. ‘Estás para follarte toda la noche’. Dos corbatas en la mano. Extendió una manta roja en el suelo. Sonó el timbre. ‘Son ellos’. Me vendó ojos con una corbata, ató manos atrás. Oscuridad total, corazón latiendo fuerte. Pasos, voces masculinas: ‘Joder, qué puta buena’. Cuatro tíos, biers en mano, sentados alrededor.

Los amigos entran en escena: gangbang sin límites

El fontanero contó todo: ‘Ya le di en la boca y en el coño’. Risas. Se desnudaron, olor a tabaco y sudor. Uno primero, polla tiesa contra mi mejilla. Salté, pero la metió en garganta, follando boca rápido. ‘¡Glug glug!’, saliva y semen explotando, tragando amargo. Los otros dos, pollas en mis mejillas, pelo tirado: ‘Chupa esta, ahora la otra’. Lamí, mamé alternando, manos en mi pelo. Se masturbaron, semen caliente en cara, tetas, goteando lento, olor rancio. Caía al suelo, manchando manta.

Segunda ronda. Me tumbaron en la manta, brazos arriba atados, piernas abiertas. Fontanero entró primero, follada profunda, ‘¡Ay, qué coño apretado!’. Gemí, corrí otra vez. Se sacó, eyaculó en barriga, blanco sobre encaje negro. Los tres siguieron, cada uno clavándome, saliendo para correrse encima. El último, chorros potentes: cara, tetas, vientre, pubis empapado. Se agachó sobre mi cara, lamí su polla blanda, glups de semen mezclado saliva.

Se vistieron, fumaron, cenicero entre mis tetas. ‘¡No se te pegue!’, risas. Ceniza caliente cayendo en piel sensible. Se fueron. El fontanero me desató, limpió con trapo: rastros grises de semen y ceniza. ‘Bésame los pies’, dijo suave. Me arrodillé, besé pies sudorosos, subí lamiendo piernas, muslos peludos, polla. La endurecí mamando hondo, masturbándome. Eyaculó en garganta, yo corrí gritando. ‘Limpia mi polla’. Lamí todo, saboreando restos.

Se vistió. ‘Gracias, volveré por la fuga’. ‘No hay fuga’, confesé. Le di bolsa con corbatas, botellas. ‘¿Puedo volver?’. ‘¡Nunca!’. Se fue. Lavé todo, me bañé, agua caliente lavando esperma seco. Mi marido volvió, ‘¿Qué tal el día?’. ‘Compras, amiga canceló’. Le sugerí fontanero para ‘fuga’. ‘No, busquemos otro’. Esa noche follamos como locos, yo oliendo a ellos en secreto. Aún me mojo recordándolo…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *