Mi despertar sexual: de la espera al placer salvaje con un desconocido

El amor, siempre creí en él. Como todas, ¿no? Pero la vida no me lo puso en el camino. Me dicen simpática, guapa, divertida. A punto de cumplir 28, decidí: basta de esperar al hombre perfecto.

No era una santa, tengo mis conquistas. Pero revisando, ningún tipo ideal. Altos, bajos, musculosos, flacos, peludos, lampiños… Ningún patrón. Intenté listas: físico, no. Mental, tampoco. Así que, adiós espera, hola vida plena.

El cambio radical y mi primer auto-placer

Primero, armario. Jeans por todos lados, ropa sosa. Lencería: dos tangas olvidadas. Todo a la basura. Con un tanga nuevo sin estrenar, sin sujetador, vestido sexy, shopping loco. Volví exhausta, lavé todo, dormí desnuda por primera vez. Sensación rara… liberadora.

Domingo, vacaciones. String puesto, desayuno. Abro persianas por costumbre. Me miro al espejo: ¿me vio alguien? Sonrío. ‘¡Hola, Cata! ¿Lista para el día?’

‘¡Gata, si fuera hombre, te ligaría!’ Me toco frente al lavabo. Dedos en mi coño húmedo, froto el clítoris. Gimo bajito. Jugo en los dedos, lo lamo. Salado, dulce. ‘¡Joder, Gata, qué puta estás de ganas!’

Mañana planchando compras. Armario lleno de faldas, tangas. Me pongo portaligas y medias. Espejo: mi coño peludo, pero suave. Me tumbo, mano derecha en la mata. Húmeda ya. Dos dedos dentro, resbalan. Izquierda se une. Abro con índices, clítoris hinchado. Auro y anular: ano expuesto, palpita.

Levrette con dildo en el culo por primera vez. Vibra, lleno. Dedos en coño, exploto. ‘¡Gata, si quieres saber, prueba una polla de verdad en el culo!’ Duermo siesta, hambrienta.

Pido pizza. Toco timbre.

‘¿Buenas?’

‘Primera vez pidiendo. Entra, móvil en cocina.’

Escarpines altos, minifalda sin bragas. Camino ondulante, él mira mi culo. Me agacho, escote 90C al aire. App abierta, code: 2290.

Se acerca, mirada en tetas. Huele a sudor masculino, excitante. Bulge en pantalón.

‘¡Buen provecho!’

‘Espera… ¿no aceptas propina?’

‘Ya me diste una que no olvido.’ Se va, puerta azota.

Hamburguesa fría. Río: ‘Gata, desinstala app. Próxima: chef a domicilio.’

Paseo centro, hombres miran. Coño mojado. Terraza café cutre.

‘¿Buenas?’

‘Coca zero fría. Hace calor, estoy empapada.’ Cruzo piernas lento.

‘¿Fumas?’

‘Nunca fumé.’

‘¿Te traigo?’

Doy billete. Entra. Me levanto, entro.

‘¿Problema?’

El encuentro ardiente en el bar y el clímax

‘Tu coca está caducada.’

Río, flirteo. Detallo: mi altura, castaño, ojos marrones, barriguita sexy.

Soy el jefe. Heredé esto.’

Whisky sin hielo. Nos reímos, piques. Botella casi vacía.

‘Un más y no respondo.’

Me desmayo.

Despierto: cabeza bomba, boca pasta, desnuda. Mano toca cuerpo.

‘¿Quién coño eres? ¿Me violaste?’

‘No abuso. Vomitaste.’

‘¿Café?’

‘Agua.’

‘¿Por qué sabes mi nombre?’

‘Pasamos noche juntos, Gata.’

Agua burbujeante. Se levanta desnudo. Polla dura, cuerpo perfecto: proporcionado, vello en muslos.

Me lleva en brazos a ducha. Agua fría. Sexos rozan en cada paso. Gimo.

‘Para apagar fuego.’

Me levanta, entra en mí. Folla lento. Agua helada, polla caliente. Tetas contra pecho, olor jabón y sexo. Clímax brutal, grito.

Dormimos. Despierto, recuerdos. Me deslizo bajo sábana, chupa polla. Salado pre-semen, venas palpitan. Trago todo.

‘Mejor mamada ever. ¿Más talentos?’

‘Si supieras, me secuestras.’

Desayuno. ‘Machín, ¿nombre?’

‘Machín vale.’

Hoy, Gata vive con Machín. Dejé todo: curro, piso. Placer total. ¿Machín? Mejor que “cosa”, ¿no?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *