¡Ay, chica, no sabes lo que me pasó anoche! Llegué a casa el viernes por la noche, cansada del curro, pero con ganas de mimos. Pablo, mi novio, me esperaba en el salón. Me abrazó fuerte, sus labios calientes en mi cuello. Olía a su colonia mixta con sudor del día. ‘Te he echado de menos’, murmuró, mientras sus manos bajaban por mi espalda.
Me separé un poco para respirar, riendo bajito. ‘Yo también, amor’. Entonces vi la pantalla del ordenador encendida. MSN abierto, vídeo chat con un tío que no conocía. ‘¿Qué es esto?’, pregunté curiosa, con el corazón latiendo más rápido.
La llegada y la sorpresa en pantalla
Él sonrió pícaro. ‘Mira, se llama Carlos. Estaba… calentando motores’. Hizo clic y el cámara bajó. ¡Madre mía! Su polla dura, gruesa, en plena mano. Se la meneaba lento, el glande brillando de saliva. El sonido de su respiración agitada salía de los altavoces, ronca, excitante.
Me quedé mirando, hipnotizada. El olor de mi propia excitación empezaba a subir. Pablo me abrazó por detrás, sus dedos rozando mis pechos. ‘¿Te gusta?’, susurró en mi oreja. Asentí, mordiéndome el labio. ‘Muéstrale algo, nena’.
Me quité la blusa despacio, el sujetador negro asomando. Carlos tecleó: ‘¡Joder, qué tetas! Quítatelo todo’. Pablo desabrochó el sujetador, mis pezones duros al aire fresco. Los pellizcó suave, enviando chispas por mi cuerpo. Gemí bajito, ‘Ahh… sí…’
Bajé la falda, el tanga empapado pegado a mi coño. Olía a deseo puro, salado. Me arrodillé frente a Pablo, desabroché su pantalón. Su verga saltó, venosa, caliente. La lamí desde la base, lengua plana, saboreando su piel salada. ‘Mmm, qué rica estás’, gruñó él.
Carlos jadeaba en pantalla: ‘Chúpala toda, zorrita’. La metí en la boca, succionando, saliva chorreando. Pablo me agarró el pelo, follando mi boca suave. Tosí un poco, pero seguí, garganta apretada.
El clímax compartido frente a la cámara
Me puse de pie, subí el pie en la silla, coño abierto a la cámara. Pablo separó mis labios, rosados, hinchados, jugos brillando. ‘Mira esto, Carlos’. Metió dos dedos, chapoteo húmedo resonando. ‘¡Dios, qué puta mojada!’, escribió él, pajeándose furioso.
Pablo frotó su glande en mi entrada, resbaladizo. ‘¿Quieres que te folle delante de él?’. ‘Sí, por favor… métemela ya’. Empujó lento, centímetro a centímetro. Llenándome, estirándome. ‘Uff… tan apretada’, gimió. El estirón ardía delicioso, mi clítoris palpitando.
Carlos no aguantó: ‘¡Me corro!’. Chorros blancos salpicando su panza, gruñidos guturales. Yo me movía contra Pablo, tetas rebotando. ‘Más fuerte… fóllame duro’. Él aceleró, piel contra piel, slap-slap húmedo. Sudor goteando, olor a sexo denso.
Sentí el orgasmo subir, coño contrayéndose. ‘Me vengo… ahhh!’. Él explotó dentro, semen caliente inundándome. Carlos ya dura otra vez, pajeándose de nuevo.
Nos miramos, riendo exhaustos. ‘Gracias por el show’, tecleó él. Pablo se retiró, semen chorreando por mis muslos, pegajoso, cálido. Limpieza rápida, besos, y adiós a la pantalla. ¿Repetimos en persona? Quién sabe… pero fue brutal.