¡Ay, chica! No sé por dónde empezar, pero… uf, acabo de recordar esa tarde en nuestro nuevo piso. Tengo 27 años, soy Natalia, y el sexo es mi vicio favorito. Ingrid, mi amor silenciosa, esa chica de ojos azules que no habla pero dice todo con su cuerpo… Dios, qué fuerte fue.
Estábamos en medio del salón vacío, la luz del sol entrando por la cristalera enorme. Olía a madera nueva, a polvo flotando en el aire cálido. Yo acababa de decirle que quería vivir juntas. Ella me miró, temblando, y de repente… sus labios contra los míos. ‘¿Sí?’, le susurré, jadeando ya. Asintió, y sus manos subieron a mi cara.
El Reencuentro en el Nuevo Apartamento
Nos besamos como locas. Sus lenguas… mmm, su lengua fina y caliente se enredaba con la mía, saboreando a menta fresca de su chicle. Sentí sus tetas apretándose contra las mías, los pezones endureciéndose bajo la tela fina de su vestido azul. ‘Quítatelo’, le dije, y ella levantó los brazos, dejando que cayera al suelo. Su piel… olía a vainilla, suave, con esas cicatrices en la espalda que me ponían aún más cachonda.
Me acerqué por detrás, besando su cuello. Lamí su nuca, bajando por la columna. ‘¿Te gusta?’, murmuré. Ella gimió bajito, arqueando la espalda. Mis manos en sus caderas, bajando la braguita blanca, ya empapada. Olía a su excitación, ese aroma dulce y salado que me volvía loca. Metí un dedo entre sus labios hinchados, resbaladizo, caliente. Ella tembló, apoyando la cabeza en mi hombro.
Se giró, me quitó el vestido blanco de un tirón. Nuestros cuerpos desnudos frotándose. Sus pechos perfectos contra los míos, pezones rozando como chispas. ‘Ven aquí’, le dije, y nos tumbamos en el parqué caliente. El sol nos quemaba la piel, sudor perlando nuestros cuerpos. Bajé la boca a sus tetas, chupando el pezón derecho, duro como una piedra. Ella jadeaba, ‘Ah… ah…’, sonidos ahogados.
El Placer Desbordante Bajo el Sol
Mi mano entre sus piernas, dedos entrando y saliendo, chapoteando en su humedad. ‘Estás tan mojada, amor’, gemí. Ella me miró, ojos vidriosos, y me volteó. Su boca en mi coño, lengua lamiendo despacio, de abajo arriba. Sentí el calor subiendo, mis caderas moviéndose solas. ‘Sí, así, Ingrid… no pares’. Lamía más rápido, sorbiendo mi clítoris, y yo exploté, chorros calientes salpicándole la cara.
La subí encima, tribbing puro. Nuestros coños frotándose, resbaladizos, calientes. ‘Fóllame’, le susurré. Nuestras respiraciones mezcladas, olores a sexo llenando la habitación. Gemidos, pieles chocando, sudor goteando. Sentí su orgasmo primero, temblando, mojándome entera. Yo la seguí, gritando bajito, ‘¡Sí, joder, sí!’. Nos quedamos ahí, jadeando, el parqué brillante de nuestros jugos bajo el sol.
Pero eso fue solo el principio. Después de todo el drama… su intento, mi culpa, el ex loco… esto nos unió más. Ahora vivimos juntas, follando cada día como si fuera el último. Lo que no nos mata… nos hace más cachondas.