¡Ay, qué ganas tenía de verte! Llamé a Marta un miércoles por la mañana, como quedamos. Hacía sol radiante, ella subió a mi coche con un vestido blanco holgado, abotonado por delante. Olía a vainilla y mar. Hablamos de vacaciones, de lo mucho que nos echamos de menos.
—Fui a Grecia con mi marido, quince días. Muy buena chica, ¿eh? Hicimos el amor normal… salvo una vez.
La llamada y el secreto de la playa
—¿Salvo una vez? ¡Cuéntamelo todo!
Mientras conducía hacia una colina apartada, ella empezó. Voz suave, excitada.
—Fuimos a una playa desierta, rocas altas en la arena. El paraíso. Me quité el sujetador, nadie alrededor. Me bañé, el agua caliente… Deslicé el bikini abajo, nadé desnuda, sujetando las bragas en el brazo. ¡Qué delicia, la piel libre!
—¿Lo has hecho? ¿Nadar a pelo?
—Sí, me encanta. Algún día lo hacemos.
—Bien. Nadaba, volví… Vi una cabeza tras una roca.
—¿Lo viste o lo creíste?
—No sé. Ignoré, nadé más, giré despacio. Un hombre mayor, campesino quizás, se escondió. Me dio un cosquilleo en la tripa. Mi marido roncaba bajo el parasol. Salí del agua sin ponerme las bragas, me las puse sin mirar. Me tumbé, pero no paraba de pensar en él. Me excitaba saber que me miraba.
—¡Vicosa! Te exhibes ante un desconocido.
—Me giré, piernas hacia la roca. Abrí las rodillas, espiaba entre pestañas. Me acaricié los pechos, el vientre. Él asomaba más. Solo veía su cara, torso. Me preguntaba si le ponía. Yo ardía. Aparté la braguita… me toqué.
—¿Y si tu marido despertaba?
—Roncaba fuerte, lo conozco.
—Sigue.
—Me levanté, caminé como si rodeara la roca, fuera de su vista. Luego, rápido, hacia él. A dos metros: cincuenta años, no feo, se pajeaba. Me vio, se asustó. Lo calmé con la mirada, fijé en su polla. Quería sentirla dentro. Nunca me pasó. Me acerqué, cogí sus manos, las puse en mis tetas. Le pajeé… Me giré, bajé la braguita.
—¡Increíble! ¿Te folló un desconocido así?
—Se hundió en mí. Jugué al instante, él también. Rápido. Me encanta guardar el semen dentro. Ni lo miré, volví con mi marido. Se movió: ‘¿Te bañaste? ¿Está buena?’ ‘Sí, vuelvo, está deliciosa’. Pensaba en esa polla…
—Eres una guarra. Me has puesto durísimo.
Llegamos a la colina. Árboles, un viejo lavadora oxidada. Triste, pero íntimo. Bajamos. Saqué un saco del maletero: medias de red, liguero.
—Hace calor, pero fóllame con esto. Fotos sexys.
—Medias negras bajo vestido blanco… Virgen por fuera, puta por dentro.
—¿Puta? Solo sexy.
—Tienes razón, zorra gratis. Para complacerte.
—Para los dos.
Se cambió. Vi su culotte blanca. ‘Primero, quiero mear.’
—Perfecto, cámara lista.
—¡No!
—Venga, no es la primera vez.
Aceptó. Vestido arriba, bragas abajo, piernas abiertas. Tímida.
—No sale… Tengo ganas.
En la colina: fotos, pipí y clímax intensos
—Piensa en otra cosa. Estás obscena, me excitas. Vacíate, yo te lleno…
Chorrito fino, luego fuerte. ‘¡Uf, qué alivio!’ Golpeaba el suelo, olía a pis cálido. Termina, cámara quieta. Saqué la polla, se la ofrecí. Chupó ansiosa, paró: ‘Incomoda.’ La levanté, besé. Se puso las medias. Me pajeaba viéndola.
Se apoyó en un árbol, falda abierta, muslos. Besé, lamí. Abrió arriba, sujetador transparente. Saqué pezón, chupé.
—¿Muchas modelos como yo?
—Ninguna que quiera la recompensa.
Chupé el otro, suspiró. Culotte asoma, beso. La abro, boca en sus pelos. Presiona mi cara.
—¡Lámeme, tengo ganas! Mi marido nunca…
Lengua dentro, pies abiertos, frota pubis. Bajo bragas, abro labios, aspiro clítoris. Tiembla, cae al suelo. Serviette grande, se tumba. Alanguida, yo activo: tetas fuera, dedos en coño mojado.
Camisa off, polla a su boca. Chupa divino. La dedo, suplica lamida. Elevo cadera, lengua en agujero abierto, titilo ano, froto clítoris.
—Mira mi lengua viciosa en tu coño de zorra… ¡Dilo!
—Sí, zorra prof, me excitas. Voy a correrme…
Pellizca tetas, grita, tiembla. ‘¡Dios, corro!’ La beso, perezosa.
—Gracias… Ahora yo.
Cariños, chupa pezones, malaxea huevos, garganta profunda primera vez. Calor húmedo total.
—¿Te gusta? En Grecia probé con marido, pero náuseas. Contigo perfecto.
—Genial.
—Vámonos al coche, expuestos.
Striptease, ‘Pajeate, me encanta verte.’ Se dobla, abre nalgas, mueve culo. Frota fente en mi glande, empala gimiendo. Va y viene fuera coche.
—Qué bien al aire libre…
—Tienes culo perfecto.
Se gira, monta, aprieta.
—Sientes cuando aprieto?
—Delicia. Zorra para mí.
—Sí, con tigo quiero más… Ser más puta.
Ruidos: caballos galopan cerca. ¡Susto! Se aparta.
—Tengo miedo.
La tumbo, abro coño dilatado, tres dedos.
—Rápido, corro…
Espasmos. Luego chupa, trago todo. Paraíso.