Mi aventura ardiente en la panadería: la cola que me volvió loca

Ay, chicas, esta mañana… uf, no sé por dónde empezar. Estaba desnuda, de pie en la panadería, aún cerrada. Alain, mi novio, me tenía jadeando. Sus manos en mis caderas, su lengua… dios, lamiéndome despacio. ‘Quédate así todo el día’, me dijo, metiéndome una bolita de masa de buñuelo en el coño. Estaba un poco dura, fría al principio, pero ya dentro… mmm, se calentó rápido. Olía a levadura fresca, a harina, mezclado con mi humedad. Sentí cómo se hinchaba un poco, rozando mis paredes. ‘Para que tu pan tenga sabor especial’, murmuró él, riendo.

Me puse la falda corta, sin bragas, el chemisier transparente con encaje de corazoncitos. Pezones duros asomando. Abrí la puerta, el calor del horno me hacía sudar. La cola empezó a formarse. Primera, esa vieja brava, Geneviève, empujando a todos. ‘¡Baguette no muy cocida!’, gritaba. La miré, sonriendo, mientras la masa se movía dentro de mí con cada paso. Me picaba delicioso, un cosquilleo que subía por mi vientre.

La preparación jugosa antes de abrir

Luego entró Serge, el de la posta, con esa sonrisa boba. Ojos en mis tetas. ‘Tres croissants, por favor’, dijo, voz ronca. Me incliné para servirle, la falda se subió un poco. Sentí aire fresco en mi coño húmedo. Él olió mi excitación, lo vi en su mirada. ‘¿Todo bien, Justine?’, preguntó, guiñando. ‘Sí, amor, solo… calor’, respondí, mordiéndome el labio. La masa rodaba, presionando mi clítoris. Uf, casi gimo.

Jordan, el chaval de 16, rojo como tomate. ‘Pa… pan’, balbuceó, ojos fijos en mi escote. Le di la baguette rozando su mano. ‘¿Quieres algo más dulce?’, le susurré juguetona. Él huyó, pero yo reí, el roce me puso más cachonda. Béatrice, la beata, pagando rápido. Olía a incienso, misteriosa. Clara, la profe, con cara de recién follada. ‘Dos barras’, dijo, voz temblorosa. La vi: falda arrugada, labios hinchados. ‘Buen polvo esta mañana, ¿eh?’, le dije bajito. Ella se sonrojó. ‘Calla, Justine…’

Florent, el tonto sonriente, pidiendo pasteles. Me contó de su historia erótica, riendo. ‘Mira, Alice se pone a mamar polla dormida…’. Yo me reí, pero dentro ardía. Cada cliente, cada movimiento, la masa me follaba sola. Sudor perlando mi piel, olor a sexo mezclado con pan caliente. Geneviève doblando a todos, gruñendo. Llegó al mostrador, furiosa. ‘¡Baguette no muy cocida!’

La cola interminable y el clímax explosivo

El chevelu, último antes de ella, la miró. ‘¿Problema con las colas, señora?’, dijo pícaro. Todos rieron. Yo no aguantaba más. La masa hinchada, mi coño chorreando. ‘¡Venga, folladme ya!’, pensé. Pero en vez, el chevelu se acercó: ‘Justine, saca eso que tienes dentro’. ¿Cómo lo sabía? Alain se lo había dicho. Ante todos, subí al mostrador. Falda arriba, piernas abiertas. Olor a masa y coño invadiendo la tienda.

‘¡Mira esto!’, grité. Serge se acercó primero, lamió la masa saliendo de mí. Lengua caliente, succionando. ‘Sabe a ti, puta deliciosa’, murmuró. Jordan volvió, polla dura en el pantalón. Béatrice tocándose disimulo. Clara gemía: ‘Yo también quiero’. Geneviève, atónita, pero se arrodilló: ‘¡Dame esa baguette mojada!’. El chevelu sacó su verga gorda, me penetró de golpe. ‘¡Ahhh!’, grité. Golpes profundos, chapoteo húmedo. Olor a semen, sudor, harina.

Florent me folló la boca, su polla salada. ‘Como en mi historia’, jadeó. Alain salió del fondo, uniéndose. Me dieron la vuelta, en cuatro sobre el mostrador. Uno en coño, otro en culo. Sensación de lleno total, estirada, ardiente. Gruñidos, slap-slap de carne. ‘¡Más fuerte, joder!’, supliqué. Orgasmo viniendo, olas. Grité, temblando, chorros calientes saliendo. Todos eyacularon: semen en mi piel, en mi cara, goteando.

Al final, panadería oliendo a sexo puro. Geneviève se fue con su baguette… y un beso mío. ‘Vuelve, guerrera’. Yo, exhausta, feliz. Alain me besó: ‘Mejor que cualquier buñuelo’. Chicas, nunca una cola fue tan buena.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *