Confidencia caliente: Mi polvo salvaje con el jefe detective

¡Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó ayer! Estaba yo, Marlena, vuestra española de 27 años, super abierta al sexo y las emociones fuertes, limpiando el despacho para el gran día de la agencia de detectives de mi jefe Phil. El olor a tabaco frío me picaba en la nariz, esos dos vasos sucios… uno con mi pintalabios rojo pegado, restos de la fiestecita de anoche que acabó tardísimo entre risas, copas y… bueno, casi sexo, pero no del todo. Paso el trapo por todos lados, ¡hasta por ahí abajo!, aspiradora zumbando, pongo un ramo de flores frescas que huele a jazmín dulce. Queda coqueto, íntimo, como un nidito.

La placa de cobre brilla: ‘Agencia Phil Defer – Detectives en todos los géneros’. Phil es mi jefe, ex-cuadro despedido, ahora emprendedor con mi ayuda. Yo, con mi pelo castaño ondulado, cuerpo curvilíneo que vuelve locos, diploma de secretaria, lo pillé en la oficina de empleo. Desde entonces, soy su todo: recepcionista, cocinera, horas extras. ‘Marlena, estamos mejor aquí que en casa’, le digo siempre. Vivo en un albergue lejano, así que cocino para él, platos españoles picantes que le encantan. Carne asada, olor a ajo y pimentón flotando.

Preparando el despacho y la llegada de la primera clienta

De repente, ¡ding-dong! Primera clienta. Me pongo nerviosa, corro a abrir. ‘Un momento, por favor, veo si el señor Defer está libre’, digo toda profesional. Vuelvo con Phil: ‘¡Tenemos la primera! Es una mujer, la hago pasar’. Nos tuteamos desde el día uno, ‘nada de usted, Phil, prefiero tutú’.

Entra Catherine Duel, unos 35-40, preciosa. Ojos verdes claros, pelo corto rizado, labios gruesos, fosita en la barbilla, pechos a punto de saltar del blusón semitransparente, piernas largas en medias. ‘Señor Defer, sospecho que mi marido me pone los cuernos con una colega joven’, dice con voz temblorosa, triste. Llena el cheque, se va. Yo: ‘¡Joder, qué tía! ¿Quién engañaría a esa?’. Phil: ‘Quizá sea intuición femenina, o actriz…’. La veo insegura, triste, y… la abrazo. ‘Tranquila, Marlena te cuida’, pienso.

Mi cabeza en su hombro, su pelo huele a colonia fresca, madera y hombre. Se lovea contra mí, pechos suaves contra mi pecho, caderas pegadas. Gira la cara… nuestras bocas se rozan. ‘Phil…’, susurro. Nuestros labios se encuentran, tímidos al principio. Lenguas se buscan, se enredan, chupando saliva dulce, jadeos suaves. ‘Mmm… Marlena, qué rica’, murmura él, voz ronca.

No aguanto. Sus manos bajo mi jersey, desabrocha el sujetador con un clic. Pechos libres, pezones duros como piedras. ‘¡Ay, Dios!’, gimo cuando los agarra, masajea. Se los mete en la boca, chupa uno, muerde suave el otro. ‘¡Sí, Phil, así! ¡Muerde más!’, ahano, cabeza echada atrás, pelo revuelto. Olor a su saliva mezclada con mi piel salada. Mi mano baja, cruza la goma de mis bragas, pelo púbico húmedo, labios hinchados. Dedo en el clítoris, resbaloso de mis jugos. ‘Estás empapada…’, dice él, riendo bajito.

La pasión descontrolada: sexo explícito en el bureau

Se da cuenta de mi bulto en los pantalones. ‘Déjame verte’, dice impaciente. Baja la cremallera, ¡zas!, mi polla salta tiesa, glande rojo brillante, gota de pre-semen perlando el meato. ‘¡Qué rica verga!’, exclama, se arrodilla. Labios calientes la envuelven, lengua girando en el glande, chupando fuerte. ‘Slurp, slurp…’, sonidos húmedos llenan el despacho. La mete toda, garganta profunda, me agarra las bolas. ‘¡Joder, Marlena, qué boca!’, gimo, manos en su pelo.

Mientras, yo le desabrocho la falda plisada, tanga negra bajando por piernas suaves. Coño rasurado, labios rosados abiertos, olor almizclado a excitación. Dedos en la entrada, húmeda, caliente. ‘¡Entra, fóllame con los dedos!’, pide. Empujo dos, luego tres, curvándolos. Busco el ano, lubrico con mi saliva y su flujo. ‘¡Sí, ahí, el culito!’, gime. Dedos entrando y saliendo, chapoteo húmedo. Tiembla toda, ‘¡Me corro! ¡Aaaah!’, orgasmo violento, jugos chorreando por mi mano.

No ha corrido él. Me tumba en el escritorio, papeles volando. Piernas abiertas, polla en mi coño. ‘¡Fóllame fuerte, Phil!’, suplico. Entra de un golpe, grueso, llenándome. ‘¡Qué apretada!’, gruñe. Golpes de leñador, piel contra piel, slap-slap-slap. Sudor goteando, olor a sexo intenso, testosterona y mi perfume. Cambio posición, yo encima, cabalgando, pechos rebotando. ‘¡Más rápido!’, jadea. Siento su polla palpitar.

Se retira, ‘¡Me vengo!’, chorros calientes en mi vientre, pechos, pegajosos, olor salado. Lamo un dedo, pruebo: ‘Mmm, delicioso, Philou’. Él: ‘¡Ha sido brutal, Marlena! Gracias por este desahogo’.

Remetemos ropa, ordenamos. Cena pantagruélica que preparo: paella improvisada, olores a azafrán. Beso tierno de despedida. Hoy, él vigilará al marido de Catherine. Yo aquí, recordando el placer, deseando más. ¿Y si la próxima clienta…? ¡Uf, qué ganas!

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