Ay, chica, acabo de llegar a casa y aún tengo el cuerpo temblando. Esta noche fuimos invitados a casa de Miguel y Marta, unos amigos que conocemos desde hace años. Yo, con 27 años, siempre abierta al placer, no imaginaba lo que nos esperaba. Mientras me vestía, Diego, mi marido, me miró con esa sonrisa pícara.
—¿Tienes que quedarte ahí mirándome?
La llegada y las primeras fotos calientes
—Me encanta verte, lo sabes…
—Sí, pero prefiero estar tranquila.
Llegamos rápido, a unos quince kilómetros. Miguel nos abrió la puerta, sonriente, diciendo que Marta aún se arreglaba. Con un guiño, soltó: ‘Sin vosotros, le estaría frotando la espalda’. Nos sentamos en el salón, apéritivo en mano. Marta bajó con un vestido ceñido, fendido alto, sus curvas perfectas. Hablamos de tonterías, luego Miguel me pidió ayuda con su PC. En el despacho, arreglé el problema en minutos. Me mostró su cámara digital, fotos del entorno… y un dossier ‘caliente’.
—¿Quieres ver? Son de Marta más… destapada.
¡Madre mía! Fotos en lencería, y luego desnuda. Piel blanca, tetas firmes, todo.
—Están increíbles. Qué suerte tienes.
—Al principio no quería, pero insistí que solo yo las vería. Le gustó posar.
Volvimos al salón. Durante la cena criolla, picante, bebimos más de la cuenta. Fotos en la mesa: besos, yo rozando labios de Diego. Luego, Miguel y Marta se besaron profundo, mano en muslo, subiendo falda. ¡Flash! Se veía casi su tanga transparente.
—Un poco más y se veía mi culito.
—A la playa sí se ve…
—Sí, pero no tan transparente.
Vuelta a nosotras: Diego me besó, mano en pierna, abrí thighs sin protestar. Fotos mostraban mi tanga, el contorno de mi coño, pelos asomando.
—Foto superbabe —dijo Miguel.
—Exageras…
—Es excitante —dijo Marta.
Miguel propuso ver sus fotos en el PC. Fuimos todos. Diapositivas de Marta desnuda. Yo me sonrojé, excitada. Pregunté por fotos de él.
—¿Quieres posar tú, Vero? —preguntó Miguel.
Al final cedí. En el salón, me desvestí despacio. Chemisier abierto, sujetador melocotón transparente, tetas visibles. Luego falda, tanga fina. Giré, postizo admirado. Flash. Luego sujetador fuera: pezones duros, aire fresco en piel.
Del striptease al éxtasis total en la cama
—Quítate la tanga —insistió Marta.
—¿En serio?
Chic! Ella se quitó todo primero, coño rubio, culo perfecto. Luego yo. Miguel se arrodilló, bajó mi tanga lento, oliendo mi humedad, mirada fija en mi raja depilada a medias. Piel erizada por sus dedos.
—Estás preciosa. ¿Te excita?
—Un poco… ¿Tú estás duro?
—Sí.
—Muéstramelo.
Yo le bajé el slip. ¡Joder, qué polla enorme! Gorda, venosa, oliendo a hombre. La toqué, suave piel, pulsando. Lamí, salado, lengua en tronco, huevos pesados. Chupé glande, hinchado, baba goteando.
Miguel se tumbó, 69. Su lengua en mi coño, lamiendo clítoris, metiendo en agujero chorreante. Gemí fuerte, ‘¡ahh, sí!’. Yo engullendo su verga hasta garganta, ahogándome un poco, olor a sexo fuerte. Él dedo en mi ano, yo en el suyo. Orgasmos: yo primero, chorro en su boca, dulce-amargo. Él eyaculó, leche caliente, tragué todo, espesa.
Mientras, Diego con Marta: ella chupándolo voraz, coño empapado que él lamía, ‘¡qué mojada estás!’. Gemidos, flashes. Él en su culo, volcan caliente.
Nuevo ron: Marta tocó mi muslo, dedos en coño. Miguel acercó su polla, frotando mi entrada.
—¿Quieres sentirla dentro?
—No… sí… Diego?
—Si te apetece, ve.
—Fóllame, métemela.
Empujó de golpe, ¡uf, llena! Estirándome, placer-dolor. Bombeó fuerte, ‘¡clap clap!’ piel contra piel, sudor salado. Tetas pellizcadas, grité: ‘¡Me partes, cabrón, pero qué rico!’. Dos orgasmos, cuerpo convulso. Él sacó, pajero en boca, leche fresca.
Luego yo con Marta: beso lengua, tetas suaves, pezones duros. 69 en cama, su coño olor almizclado, jugos dulces. Lengua en clítoris, ano.
Miguel en mi culo: vaselina fría, dedos primero, luego glande forzado. Dolor inicial, luego éxtasis, ‘¡encúlame fuerte!’. Diego folló a Marta igual. Doble orgasmo anal, semen caliente en recto.
Pasamos la noche allí, cuerpos enredados, olor a sexo impregnado. Mañana duele todo… pero repetiría ya mismo.