Confesión ardiente: Mi éxtasis en la cascada con el grupo salvaje

La luz del sol se filtra por las persianas… Me despierto sobresaltada. Al lado, Cécile y Julien abrazados, desnudos como yo. ¿Qué hago aquí? Debería estar con Manon, pero… no importa. Los miro. Son tan guapos, sus brazos enredados gritan amor. ¿Encajo yo?

Intento levantarme. Cécile se gira, me regala esa sonrisa que me derrite. Caigo en sus brazos. Besos, caricias… Sus manos despiertan el fuego de anoche. Me deshago bajo sus dedos, ella bajo los míos. Huele a sexo reciente, a sudor dulce mezclado con su perfume floral.

El despertar entre cuerpos entrelazados

Julien despierta. Nuestras manos se encuentran en el pezón duro de Cécile, se enredan. Ahora sus manos en mí, hombros, espalda, nalgas… Se unen a las de ella. ¿Cuántos dedos me penetran? Mi clítoris arde, mi culito palpita. Delante y detrás, me llenan, me revientan de placer. Gimo bajito, ‘¡Sí, más…!’ Pero se paran. Me dejan jadeando, deseando.

No abro los ojos. Manos fuertes me giran boca arriba. Abro las piernas, confiada. Entra en mí. Su polla me posee, me estira hasta el fondo. Grito, ‘¡Joder, qué bueno!’ Nunca un hombre me folló así. Rodamos de lado. Cécile se pega a mi espalda, sandwich perfecto. Sus pechos contra mí, su aliento caliente en mi cuello.

Una mano entre mis nalgas, roza mis labios hinchados, empapados. Dedo en mi ano, suave al principio. Lo acepto, me abro. Lo hunde. Exploto. Orgasmos desde el culo, sube a mis tetas. Me convulsiono, grito, ‘¡Me corro, ay Dios!’ Pierdo el control.

Julien acaba en las piernas abiertas de Cécile. Los veo besarse, tiernos. TiemBlo al pensar que quizás tengo un hueco ahí.

Más tarde, en la pausa del mediodía. Nos quitamos las camisetas, tetas al aire. El sol calienta mis pezones. Thomas nos unta crema. Sus manos en mi vientre… bajo, rozan. ‘¿Te gusta?’, susurra. ‘Mucho…’, respondo, mordiéndome el labio. Sus dedos en mis tetas, masajea, pellizca suave. Huele a crema de coco, a su sudor masculino.

La crema solar y el clímax en el agua

Luego, la cascada. Todos desnudos. El agua fría me eriza la piel. Nado hasta la caída, me refresco. Manon aparece, mano en mi tripa. ‘¿Todo bien?’, pregunta. ‘Sí… increíble’. Nos miramos, ojos brillantes. ‘Tú también estás caliente, ¿eh?’, digo riendo. Se acerca, sus labios rozan los míos. Lenguas danzan, su coño contra mi muslo, resbaladizo.

En la roca, con Antoine y Cécile. ‘¿Te gustó anoche?’, le suelto a Cécile. Se sonroja. ‘Sí… mucho’. ‘¿Y si cambiamos? Tú con Antoine, yo con Julien’. Dudó. ‘Habla con él…’. Mi mano en su muslo, sube. Antoine ya duro, su polla asoma, venosa, oliendo a mar.

Julien y Thomas en su roca. Los veo de reojo, manos en pollas ajenas. Gemidos bajos, ‘¡Así, despacio…!’. Se corren juntos, esperma chorreando, salpicando pieles. El olor almizclado me excita.

Antoine me coge por detrás en el agua poco profunda. ‘Te follo aquí’, gruñe. Su polla entra fácil, chapotea. Cécile nos mira, se toca. ‘¡Ven!’, le digo. Se une, lengua en mi clítoris mientras él empuja. Sensaciones dobles: su verga gruesa, su lengua suave. ‘¡Me vengo otra vez!’, chillo. Agua salpica, cuerpos chocan, risas y gemidos.

Al final, exhaustos, abrazados en la orilla. El sol seca nuestra piel pegajosa. ‘Esto es solo el principio’, susurro. Todos asienten, ojos llenos de promesas calientes.

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