Confesión ardiente: Mi secreto prohibido con mi suegro

¡Ay, chicas, no sé por dónde empezar! Tengo 26 años, estoy casada con Guillermo desde hace siete, y… bueno, mi vida sexual era normalita, ¿sabéis? Él me quitó la virginidad a los 18, pero nada del otro mundo. Satisfactoria, sí, pero sin fuegos artificiales. Hasta que llegó Javier, mi suegro. Sí, habéis leído bien. Su padre.

Era un miércoles, hace nueve semanas. Hacía un calor asfixiante, se avecinaba tormenta. Le pedí que viniera a arreglar la lámpara del salón porque Guillermo estaba trabajando. Yo, con mi miedo atroz a los truenos desde niña, estaba nerviosa. Empezaron los relámpagos, ¡bum! Un trueno que me dejó temblando. Corrí hacia él, me eché en sus brazos. “Tranquila, Estrella, aquí estoy yo”, murmuró, su voz grave en mi oído. Olía a colonia fresca, a hombre maduro. Me abrazó fuerte, su pecho ancho contra el mío.

La tormenta que despertó mi lujuria

Sus labios rozaron mi sien, bajaron a mi mejilla. No me moví. Otro relámpago, lluvia furiosa contra las ventanas. Me apretó más. “Shh, mi niña, déjame cuidarte”. Su boca en la mía, lengua caliente buscando la mía. Dios, ¡qué beso! Respondí, aferrándome a él. Me levantó como una pluma, al sofá. Ojos cerrados, corazón a mil. Sentí mis bragas deslizarse por mis caderas, frescas contra mi piel sudada. Las piernas abiertas, expuesta. Su aliento caliente en mi vientre, olor a mi excitación mezclada con el ozono de la tormenta.

De repente, ¡zas! Su boca en mi coño. ¡Me quemó! Lengua abriendo mis labios, lamiendo profundo. “¡Javier! ¿Qué… ahhh!”. Jamás Guillermo me había hecho eso. Lamía mi clítoris, chupando suave, luego fuerte. Gemí alto, truenos fuera, en mi cabeza. Olor a sexo, saliva, mi humedad. El primer orgasmo me destrozó, arqueé la espalda, grité. “¡Sí, así, mi poupée salope!”, dijo él, sin parar. Segundo orgasmo, piernas temblando, jugos por sus barbillas.

Placeres que me volvieron adicta

Dos horas después, exhausta, comblée. No se lo conté a Guillermo. Pero Javier volvió. “Solo un beso más, ¿eh? La última vez”, le dije la próxima. Mentira. Me desnudó entera, besos por todo el cuerpo. Pies, muslos, pezones duros como piedras. “¡Qué tetas tan ricas, Estrella!”. Mordisqueaba, lamía. Mi piel erizada, olor a sudor nuestro. Lengua en mi ano, ¡primera vez! “¡No, Javier, ahí no! Ohhh… sí…”. Lamía el agujerito, penetrando un poco. Explosión, orgasme anal, cuerpo convulso.

Ahora, cada miércoles. Me regala tangas, las llevo para él. Me desnudo, poso como puta para sus ojos brillantes. “Mira tu coñito peludito, mi favorito”. Lo dejo sin depilar arriba, pero labios lisos para él. Me come horas, dedos dentro, lengua en todo. Yo le chupo la polla ahora. Gorda, venosa, más grande que la de Guillermo. “¡Déjame mamarla, por favor!”. La saco, beso el glande, saliva goteando. La trago despacio, lengua girando. Él gime: “¡Joder, qué boca!”. Le exprimo las bolas, trago su leche espesa, salada, caliente. “¡Toma todo, zorrita mía!”.

Placeres nuevos: me pone a cuatro, lame mi culo mientras me como los dedos. Olor a ano, a coño, a su saliva. Orgasmos nonstop. Pero no me folla aún. Quiero su polla dentro, en mi coño, en mi culo. “Javier, métemela, por favor…”. Él duda: “Eres la mujer de mi hijo”. Pero sé que caerá. El riesgo, verlo charlar con Guillermo mientras mi coño palpita… ¡me excita más! Soy adicta a sus ‘besos’. Mi suegro me ha despertado. ¿Y ahora qué?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *