Ay, chicas… no sabéis lo que me pasó esta mañana. Vengo de la oficina de ese detective de mierda, Jurgensen, el viudo alcohólico con su IA muerta. Me ha puesto de los nervios, con su aliento a whisky rancio y esa mirada de perdedor. Necesitaba… descargarme. Llamé a Haruko, mi guardaespaldas. Esa japonesa menuda, con su cuerpo firme bajo el cuero negro, ojos oscuros que prometen problemas… y placer.
Entró en mi penthouse de New-Paris, el olor a lluvia ácida colándose por las ventanas blindadas. ‘Señorita Templetown, ¿está bien?’, me dijo con esa voz suave, casi un susurro. La miré, mi coño ya palpitando. ‘No, Haruko. Ven aquí’. La acerqué, su piel oliendo a vainilla y metal, de sus implantes. Le arranqué la chaqueta, sus tetas pequeñas perfectas asomando bajo la camiseta ajustada.
La tensión acumulada después del detective
La tiré en la cama king size, sus manos atléticas resistiendo un segundo… luego cediendo. ‘Jayen, ¿qué…?’, murmuró. ‘Cállate y fóllame’, le ordené, besándola fuerte. Sus labios suaves, frescos, sabían a té verde. Le até las muñecas con satén rojo a los postes, eh… sus ojos brillando de sorpresa. Le vendé los ojos con mi pañuelo de seda. ‘Confía en mí, puta’. Mi voz ronca, el corazón latiéndome en el clítoris.
Empecé por sus pezones, duros como piedrecitas bajo la blusa. Los pellizqué, torciéndolos despacio… ‘¡Ah! Jayen, duele…’, gimió ella, arqueando la espalda. El sonido de su jadeo, agudo, me mojó más. Lamí el sudor salado de su cuello, bajando… mordiendo suave sus tetas. Olor a mujer excitada subiendo, almizclado, delicioso. Sus muslos temblando cuando separé sus piernas, su coño depilado reluciendo, hinchado.
No la toqué aún ahí. Soplaron su raja abierta, húmeda… ‘¡Por favor, Jayen! ¡Lámeme!’, suplicó, tirando de las ataduras, el satén crujiendo. Reí bajito. ‘Pídemelo bien’. ‘¡Chúpame el coño, joder!’. Sumergí la lengua, plano, lamiendo sus labios mayores… salados, jugosos. Su clítoris erecto, lo succioné como una cereza. ‘¡Sííí! Más rápido…’, gritó, caderas empujando contra mi cara. El slap-slap de su humedad contra mi barbilla, su olor intenso llenándome la nariz.
El éxtasis con Haruko, paso a paso
La puse a cuatro patas, desatada ya, culo en pompa. Mi lengua en su ano apretado, alternando con dedos en su coño chorreante. Tres dedos, curvados, tocando su punto G… ‘¡Me corro! ¡No pares!’, aulló. Su orgasmo explotó, squirt salpicando las sábanas, cuerpo convulsionando, gemidos roncos como animal. Yo mojada hasta las rodillas, masturbándome furiosa.
Pero no acabamos. La monté, tribbing, nuestros coños frotándose, clítoris contra clítoris, resbaladizos… ‘¡Fóllame más duro!’, le pedí. Sus manos en mis tetas grandes, pellizcando pezones mientras empujaba. Olor a sexo puro, sudor mezclado, el colchón chirriando. Vine dos veces, gritando su nombre, visión borrosa, piernas temblando.
Al final, jadeantes, cuerpos pegajosos. ‘Eres la mejor, Haruko’, le dije, besándola, probando mi propio sabor en su boca. Ella sonrió, limpiándose los labios con el dorso de la mano. ‘Para usted, siempre, Jayen’. Hablamos del plan contra Jurgensen… pero eso, chicas, es otro secreto. Uff, aún siento sus dedos en mí.