Ay, chica, no sabes por dónde empezar. Vivo con Jacobo hace casi siete años. Es mi todo, mi dios del placer. Cada día lo deseo más. Sus manos en mi piel, su boca… uf, me derrito. Anoche, después de días sin tocarnos, me subí encima de él. Accroupie, como dicen los franceses, con su polla dura dentro de mí. Movía las caderas lento, apretando fuerte. ‘¡Ay, amor, qué rico!’ gemí. Él jadeaba debajo, ‘Mary, fóllame más’. Yo subía y bajaba, el jugo chorreando, olor a sexo puro, sudor mezclado con mi perfume. Casi me corro tres veces, lo torturaba deteniéndome en el borde. ‘Te imagino con otro, amor, dándoselo todo’, murmuró él entre gemidos. Yo no dije nada, solo ronroneé, concentrada en el ritmo. Sus palabras me encendieron más, pero seguí cabalgándolo hasta que explotamos juntos. Su semen caliente llenándome, mis paredes contrayéndose. Uff, qué orgasmo.
Hoy vinieron Sergio y Marcos a arreglar el ordenador de Jacobo. Sergio es un lobo hambriento, su mujer lo tiene seco hace años. Me miró como si quisiera devorarme. Me acababa de bañar, piel húmeda, olor a jabón de lavanda. Me puse una blusa blanca de laboratorio, nada debajo. Transparente por la humedad en las nalgas. Bajé al sótano, me incliné sobre el hombro de Sergio. ‘¿Qué pone ahí?’, pregunté inocente. Jacobo detrás, notó el botón abierto arriba, mis tetas casi saltando. Marc miró fijo, tragué saliva. Olor a hombres, testosterona en el aire. ‘Chicos, subid al salón, os pongo cervezas’, dije sonriente.
La visita inesperada y mi juego provocador
En el salón, con blusa pegada, tetas moviéndose libres, pezones duros rozando tela. Serví cervezas, me agaché a recoger una que tiró Jacobo torpe. Entre mis muslos, solo un triángulo rubio arriba del clítoris hinchado. Marc vio todo por la mesa de cristal. Sus ojos clavados, yo frotando lento con la esponja, culo al aire. ‘¡Uy, qué desastre!’, reí. Sergio ajeno, pero Marc rojo, polla dura seguro. Luego recogí botellas, blusa subiéndose, raja al aire. Jacobo sudando, yo excitada por su mirada de pánico-placer.
Se fueron al fin. Jacobo contra la puerta, yo subiendo escalera, desabotonando blusa. ‘¿Me quieres, amor?’, pregunté empañando tetas, pellizcando pezones. Se abalanzó, yo sentada en escalón, piernas abiertas. ‘¡Ven, fóllame!’. Me comió el coño, lengua en clítoris, dedos dentro. Luego me puse a cuatro, culo alto, abrí vulva. ‘¡Dame esa polla!’. Me folló brutal, pelotas chocando, ‘¡Pum-pum!’, olor a sudor, mi jugo chorreando piernas. Grité al correrme, él dentro explotando. Pero… la puerta sonó. Sergio olvidó discos. ¡Uy, casi nos pilla!
Pasaron dos meses. Jacobo obsesionado, yo distante. Una noche en baño, él lamiéndome coño quieto. ‘Me debes revancha’, dije natural. ‘Invito a Françoise y Clara mañana. Cocina tú’. Él pálido, polla flácida. Chiquenaude con pie, ‘¿Qué revancha?’. ‘Ya verás’. Al día siguiente, short y delantal. Clara primera: ‘¡Hombre en delantal, levanta!’, subió tela, vi su polla semi. Sonrojado. Luego Françoise: ‘¡Me encanta!’. Cenamos, champagne fluyendo. ‘Jacques, ¿puedo pedirte todo?’, pregunté. ‘Sí’. ‘Quítate short’. Desnudo, polla colgando. ‘¡Sube a mesa, a pelo!’.
La venganza dulce y el intercambio final
Clara sopesó huevos, ‘Buen paquete’. Lo puse a masturbarse, ellas tocándose. ‘¡Míralo, Françoise!’. Yo fumando porro, olor dulce. Él en mesa baja, mano volando, huevos pesados. Clara lo agarró, ordeñó hasta que salpicó piernas de Françoise. ‘Límpiala, no quiero que Marc huela esperma’. Él lamió, humillado. Después, al cama, yo ignorándolo.
Vacaciones en Bretaña con Françoise. Jacobo llegó tarde. Bronceada, jugamos volley. ‘Échale crema’. Masajeé a Françoise, tetas pesadas. Noche, rechacé a Jacobo: ‘Françoise cerca, no’. Al día, ella sola conmigo. La dejé con él: ‘Folla bien, hazle todo’. Durmió con pastillas. Él la folló salvaje, yo oyendo gemidos. Por la mañana, note: ‘Mary se fue, aprovéchalo’. Me fui, dejé nota.
Volví con Marc. Nos enamoramos ese día, él vio todo. Jacobo con Françoise ahora. Un año después, cenamos. Bailé desnuda con Marc, Jacobo follando Françoise. ‘¡Folla conmigo!’, grité a Jacobo. Pero yo a cuatro con Marc, polla enorme embistiéndome, tetas balanceando, ojos en Jacobo corriéndose. Grité orgasmos, él vacío. Ahora intercambiamos cada mes. Lo amo, pero así es feliz. Jacobo ha dicho: ‘Sé feliz’.