Oye, chica, siéntate que te voy a contar algo que me pasó hace unos días. No sé ni por dónde empezar, eh… Bueno, desde hace semanas tenía un dolorcito en la ingle, nada grave, pero molesto. Hago mucho deporte, yoga y eso, y pensé que era un tirón. Pero no se iba. Así que fui al médico con mi marido, Juan. Le dije: “Ven conmigo, no conozco al tipo y la zona duele ahí abajo, prefiero no ir sola”.
Él se rio: “¿Temes que te viole?”. Yo le di un codazo: “¡No, idiota! Pero sabes que te pone verme expuesta ante otro hombre”. Y es verdad, Juan es un vicioso de verme deseada. Tengo curvas que matan: tetas firmes, culo redondo… Los tíos se giran.
La primera visita y la tensión sexual
Llegamos tarde, sala vacía. Sale el doctor, Carlos, unos 30 años, guapísimo, moreno, ojos verdes. Nos hace pasar. Me pregunta por el dolor, me pide que me tumbe en la camilla. “Quítese el pantalón, por favor”. Me quedo en bragas, él me pide abrir las piernas. Sus manos en mis ingles, palpando suave. “¿Aquí duele?”. Yo: “Sí… un poco”. Veo que se sonroja, y ¡zas!, una erección enorme en su pantalón. Huele a su colonia fresca, mezclado con mi aroma de excitación. Suspiro sin querer, mi coño se moja.
“Baje las bragas, necesito ver bien”. Levanto el culo, se las quito. Mi chochito rasurado, labios hinchados. Él traga saliva, cara roja. Palpa más adentro, roza mi clítoris. “No es grave, pomada y reposo. Evite forzar”. Yo, juguetona: “¿Incluso follando? ¿Qué posiciones evito?”. Se pone nervioso, mira a Juan sonriente. “Eeeh… las que abran mucho las piernas”. Le digo: “Gracias por el piropo, estás monísimo tú también”. Se revuelve, me visto. Nos da receta, pero dice volver si no mejora.
En casa, salto sobre Juan: “¡Fóllame ya, estoy ardiendo!”. Nos arrancamos la ropa, me come la boca. Su polla dura entra en mí de golpe, huelo su sudor, siento sus embestidas brutales. Gimo fuerte, “¡Sí, así!”, corro dos veces, él se corre dentro, caliente, espeso. Luego confieso: “Me puso cachonda su examen”. Juan: “¿Hubieras follado si estuviera sola?”. “No te engaño nunca… pero contigo allí, casi. Sé que te excita”. “¿Por qué no lo hiciste?”. “Miedo a parecer puta fácil”.
Los días pasan, la pomada funciona, Juan me la unta cada noche, dedos resbalando en mi coño. Dolor ido. Pero digo: “Lástima, volvería con él”. Juan: “¿Te masturbaste pensando en Carlos?”. Silencio. “Sí, una vez en la ducha, agua caliente, dedos en el clítoris, imaginándolo lamiéndome”. Juan llama, cita fin de día. Le digo a Juan: “Esta vez no paro”.
Llego con falda corta, sin sujetador, tetas apuntando, sin bragas sorpresa. Carlos abre rápido, ojos como platos al ver mi escote. “¿Mejor?”. “Casi, un puntito persiste”. Me tumbo, subo falda: coño depilado íntegro, labios relucientes. “No hace falta bragas”. Él tartamudea, palpando. “Más abajo”, digo, abro piernas. Sus dedos rozan labios húmedos, huelo mi jugo dulce. Mira a Juan, yo gimo. Introduce dedos, lame sus dedos: “Deliciosa”. Baja la cabeza, lengua en mi clítoris, chupando suave, luego fuerte. “¡Ay, Dios!”, arqueo espalda, huelo su pelo, siento vibraciones. Juan me besa, pellizca pezones duros. corro gritando, jugos en su boca.
“Quiero chupártela”. Él se baja pantalón, polla gruesa, venosa, goteando. La beso, salada, la meto en boca, succiono lento. Él gime: “¡Qué boca!”. Juan me mete dedo en coño, chapoteo. Carlos aguanta, aviso: “Me corro”. Manoseo, semen caliente en mi cara, tetas, lo unto, lamo polla flácida limpia.
El control que se convierte en orgía total
Juan mete su polla en mi boca, Carlos me acaricia culo. Trago saliva de Juan, él me come tetas. Me corro en su boca otra vez. Carlos me lleva al escritorio, me tumba, polla en mi entrada: “¡Fóllame!”. Entra de un golpe, llena, pica. Me pilla duro, piernas en hombros. Juan me la mete en boca, veo su polla entrando-saliendo mi coño, hinchado. Juan me toca clítoris, corro de nuevo.
Cambiamos, Juan en coño, Carlos en mi boca. Juan cambia a culo: lubricado por jugos, entra apretado, quema rico. Carlos mete dedos en coño, rozo a través pared. Corro temblando. Juan sale, Carlos le pajero, semen en mi vientre. Carlos lame polla de Juan limpia, ¡sorpresa! Juan se pone duro otra vez.
Juan me folla coño, yo grito. Cambiamos turnos, me follan sin parar, orgasmo tras orgasmo, sudor, olor a sexo, pollas resbalando. Pido descanso, besos.
“Nunca corrí tanto”. “Llamadme Carlos”. Cena, nos cuenta es soltero, primera vez en año. En casa, yo en camisón transparente. “Quiero veros follaros”. Juan dudoso, Carlos le toca muslo. Juan se deja, Carlos le chupa polla: “¡Joder, qué bien!”. Se ponen 69, Juan chupa polla Carlos por primera vez, bolas pesadas, ano. Se corren mutuo, semen espeso.
Yo al suelo, ellos me comen: lenguas en tetas, coño. A cuatro patas, Carlos en culo, profundo, lento-rápido. Juan en boca. Luego doble: Juan coño, Carlos culo, sincronizados. “¡Me partís!”, grito, corro eterno. Juan se corre dentro coño, Carlos en culo a petición: “¡Córrete en mi culo!”, siento pulsos calientes.
Agotados, abrazados. Experiencia brutal, quiero más.