Siempre soñé con trabajar en un lugar exótico y caliente, y este curro en los trópicos fue como un regalo del cielo. No lo pensé dos veces, me expatrié sin dudar. Éramos una comunidad cerrada, casi solo gringos y europeos, viviendo como reyes en medio de la selva, con sirvientes por todos lados. Venía de un barrio humilde en España, y este lujo me parecía obsceno.
La calor era asfixiante, temporada seca total. Por suerte, había piscina comunitaria, siempre llena de gente con cócteles fríos bajo parasoles. Yo iba mucho, pero noté que un tío de la casa vecina nunca aparecía. Vivía aislado, solo lo veía en su terraza leyendo, o cruzándolo camino al curro con los japoneses. Tendría unos 35, unos 120 kilos fáciles. Sus tetas de hombre enormes se marcaban bajo la camiseta ajustada, pezones gordos visibles. La gente lo veía gordo feo, pero para mí… uf, la mujer más sexy del mundo. Un día lo pillé agachándose en el jardín, sin bragas, su culo enorme, redondo, me dejó babeando. Desde entonces, no paraba de imaginarme apretándolo.
Llegada al paraíso caluroso y mi fascinación secreta
Un finde, en mi terraza con una coca fría, pasa cerquita y me suelta una sonrisa gigante.
—Hola, ¿qué tal? Hoy vamos a reventar los termómetros, ¿no?
—Sí, un horno, responde con voz grave, profunda, acento yankee leve pero español fluido. Algo en esa voz me eriza la piel.
—¿Quieres algo fresco? Tengo de todo en la nevera.
Lo invito arriba, voy por bebidas, mi cabeza a mil: tocando esas tetas gordas, ese culo… Vuelvo, nos sentamos.
—Soy Lola, ¿y tú?
—Pedro, del New Jersey, pero viví años en Madrid, por eso hablo así.
El escorpión, el beso y el sexo desenfrenado
Charlamos de todo: calor, bichos locales. De repente, suelta: ‘Vi un escorpión en el baño hace días, el chico africano dice que no, pero tengo pánico de entrar’. Salto: ‘Vamos a verlo, te ayudo’. Perfecta excusa.
Vamos a su casa, de madera, elegante, con estatuillas africanas que dan rollo. Entro al baño, él en la puerta, yo a gatas revisando. Encuentro el bicho negro detrás del desagüe, no tan grande como temía. Grito: ‘¡Aquí está!’ Él chilla, ríe nerviosa, trae un palo. Pero ya lo cojo con una toalla, lo ahogo en la bañera. Me mira como a una diosa, aplaudiendo.
Me giro, su pecho enorme justo en mi cara. Huele a sudor fresco, hombre caliente. Mi coño palpita. Lo abrazo, temblando de miedo y deseo. Él no se aparta, su boca busca la mía. Beso salvaje, lenguas enredadas, saliva dulce. Su mano baja directo a mi entrepierna, aprieta mi coño sobre el short. ‘Desnúdate’, jadea, ojos febriles.
Camiseta fuera, pechos libres, pezones duros. Short y bragas al suelo, mi coño mojado reluce. Él no para de mirar, lamiéndose labios. ‘Siéntate en la cama’, dice, y me sigue desnudándose despacio. Sus tetas caen pesadas, barriga redonda, pero… dios, su polla semi-dura, gruesa, venosa. La agarro, piel caliente, olor almizclado fuerte. ‘Qué polla más gorda’, murmuro.
Se sienta, yo de rodillas. La acaricio suave, dedo en el glande baboso. Huele a hombre puro, excitante. La meneo lento, bolas pesadas en mi palma, sudorosas. ‘Hummm… sí…’, gime él. Abro boca, lengua en glande, salado, pre-semen. Lo chupo despacio, saliva chorreando, entro más, hasta garganta. Glup glup, mentón en bolas. Alterno suaves lamidas con succiones fuertes, su polla crece, palpita. ‘¡Oh Lola, me corro!’, grita. Redoblo, dedos en bolas apretando. Explota, chorros calientes en mi boca, espeso, salado. Trago todo, lamo glande limpio, resto en labios.
Se levanta, orgulloso: ‘Ahora fóllame, quiero tu coño en mi polla’. Ya dura de nuevo. Yo strip-tease: quito todo, muestro mi coño depilado, húmedo. Me tumbo, piernas abiertas. Él sobre mí, mama mis tetas, mordisquea pezones. Guía su polla gorda a mi entrada, resbaladiza. Empuja, llena todo, estirándome. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñe.
Empieza a bombear, lento al principio, piel sudorosa pegando, olor a sexo intenso. ‘¡Más fuerte, rómpeme!’, grito. Acelera, plac, plac, coño chorreando, pelos míos enredados con su vello púbico espeso hasta culo. Gimo alto, ‘¡Síii, fóllame profundo!’. Él mama tetas, yo araño espalda. Siento orgasmo venir, él también. ‘¡Me corro!’, saca polla, chorros blancos en mis tetas, barriga. Froto su polla juteuse entre pechos, él mete en boca últimas gotas. Follón everywhere: semen pegajoso, olor fuerte, piel brillante.
Solo el principio… volveremos a por más.