Ay, chica… no sabes lo que me pasó ayer. Estaba en casa, sudando con este calor de junio en La Escala, y de repente… Pau, mi marido, con su pacemaker y todo, se va a pescar con los colegas. Yo sola, aburro, y el ordenador se me cuelga con una página porno americana. Crazy Mature, con una rubia tetona metiéndose los dedos. Intento cerrarla, pero nada, reaparece. Llamo al francés ese, Pierre, que está de vacaciones con amigos, ayudando en el garaje. Viene con su saco de playa, olor a mar y protector solar.
—Pierre, por favor, discreción total, ¿vale? —le digo, nerviosa, poniéndome delante de la pantalla apagada.
El problema del ordenador y el primer roce
Enciende, y ¡pum! La tía esa chupando una polla enorme. Él no dice ni mu. Manosea teclas, encuentra el virus. Al apagar, su mano roza algo suave en el suelo… Mi tanga negra de satén, con rositas bordadas. La había dejado ahí, masturbándome antes pensando en… bueno, en lo que sea.
—Toma, Solange, a veces el cuerpo manda —murmuro, roja como un tomate.
Él sonríe: —Yo también tengo mis necesidades, ¿me la prestas?
—Mejor juntos, ¿no? Si te gusto…
Me quito el vestido ligero, ¡zas! Mis tetas saltan, firmes aún a mis 28, con pezones duros por la excitación. Mi coño, peludo, frondoso, negro y rizado, lo mira. Él rueda la silla, mete dedos en mi mata, suave, densa, con olor a mujer caliente, almizclado. Levanto la pierna en su hombro, agarro su nuca.
—Lámeme, Pierre… sí, así…
Su lengua raspa mi clítoris hinchado, chupando jugos salados, dulces. Gimo bajito, ahhh… meto su dedo en el culo, estrecho, caliente. Él lo gira, yo tiemblo, piernas flojas. Pasamos a la habitación de invitados. Me pongo a cuatro patas, culo arriba.
—Cáramelo todo, menos juicios.
Sus manos en mi piel, sudorosa, masajea nalgas, espalda, baja a pies. Yo jadeo, huelo su sudor mezclado al mío. Luego, recompensa: él de pie, yo gateo, tetas colgando pesadas, bamboleando. Abro boca, lengua lamiendo labios, pero cuido dientes. Engullo su verga, dura, venosa, salada de precum. Chupa mis pechos, moelleux, amasándolos fuerte. Gime: —Joder, Solange…
Playa, baño y la follada épica en casa
Bisou en frente, y al baño. Me ve mear, de pie, coño chorreando orina caliente, olor fuerte, salvaje. Luego playa.
En la arena, él nada, yo tumbo boca abajo, coño húmedo aún bajo bikini. —Pierre, ¿le has metido por culo a tu ex?
—No, era frígida.
—Pues hagámoslo, en plan amigos. Vaselina, condones.
Lo mando a farmacia, tartamudea catalán mal, trae dentífrico, jajaja. En salón, me visto al revés, no, desnuda. Me pone cachonda, verga tiesa. Me inclino en sillón, abro nalgas blancas, rosadas. Él unta dedo gordo, frío, lubricante. —¡Ay! Lentito…
Llamo a mi hermana: —Dime cómo, ¿vaselina mucho? Sí, despacio…
Entra, apretado, duele rico, ardor placentero. Empujo atrás, gemidos roncos: uhhh… uhhh… No orgasmo loco, pero nuevo, intenso. Él aprieta, gruñe, sale exhausto.
Después, playa de nuevo. Agua fría, mi pelo recortado para bikini. Sudoku, charlas. Pero fin, culpable, no más.
Luego, Marie-Jo, la polaca culona, maillot transparente en baño, tetas y coño al aire bajo agua. Yo la ayudo a cambiar, risas. Pero mi aventura… uf, piel erizada aún, olor a sexo pegado en memoria. ¿Repetimos? Quién sabe, el deseo manda.