Confidencia erótica: Mi polvo salvaje con el cliente del salón de peluquería

Ay, chicas, acabo de vivir algo que no me creo aún. Estoy aquí, en mi pequeño salón de peluquería en esta ciudad del norte de Francia, tan fría y gris, pero hoy… uf, mi cuerpo aún tiembla. Él entró, mi cliente habitual, ese de treinta años, soltero, con esa mirada que me pone a mil desde el primer día.

Me llamo Carla, tengo 27 años, española de pura cepa, pero trabajo aquí porque el curro mola y los tíos franceses son… intensos. Pelo corto negro ahora, pantalón ajustado que marca mi culo redondo, camiseta blanca que deja ver mis tetas medianas pero firmes. Él se sienta, le pongo la bata, y empezamos a charlar. ‘¿Cómo va el día?’, le digo sonriendo. ‘Mejor ahora contigo’, responde, y nos reímos.

El primer encuentro ardiente en el salón

El salón vacío, solo nosotros. Se me cae el peine, me agacho… y le doy una vista de mi trasero. Lo oigo suspirar. Hablamos de mi novio inútil, ausente, infiel. ‘Odio a los críos, prefiero hombres como tú’, le suelto. ‘¿En serio?’, dice con voz ronca. ‘Termino a las 18h…’, murmuro.

La patrona llega tarde, él espera fuera. Entramos, luces bajas. Me lanza sobre él, labios calientes, lengua juguetona. Huele a colonia fresca y deseo. Manos por todas partes. ‘Siéntate’, le digo empujándolo al sillón de lavado. Abro su braguette, saco su polla dura, venosa, goteando ya. La agarro, piel suave, calor subiendo. La miro, brillante, y la beso. Su gemido… ‘Ohhh, Carla…’. La chupo despacio, lengua en el glande, salado, su olor almizclado me marea de placer.

Manos en sus huevos, pesados, apretados. La mamó con rotaciones, succiono fuerte. Él jadea, ‘Me vengo…’. Explota en mi boca, chorros calientes, espeso, lo trago todo, relamiendo hasta la última gota. Su polla se ablanda en mi lengua. ‘Ahora puedes esperar’, le digo guiñando, mi coño chorreando.

Patrona cierra, salimos. Vamos a su piso, pero su coche está ahí. ‘Mierda, mi novio’. Nos despedimos con beso y palmada en el culo. Tres días después, me recoge. Cenamos chino, picante como nosotros. Bajo la mesa, su mano en mi muslo, sube, roza mi braguita húmeda. ‘Para o te follo aquí’, gimo. Masturba mi clítoris, yo agarro su polla tiesa.

La noche loca en el motel con todo

Motel cercano. Corremos a la habitación. Puertas cierra, ropa vuela. Tetas libres, pezones duros rozando su pecho peludo. Me tumba, entra de golpe en mi coño mojado, resbaladizo. ‘¡Sí, fóllame!’, grito. Va lento, profundo, olor a sexo, sudor mezclándose. Sus pelotas chocan contra mí, plaf plaf. Me corro gritando, él me da la vuelta, culazo en pompa.

Entra otra vez, rápido, me agarra caderas. ‘¡Más fuerte!’. Eyacula dentro, caliente llenándome. Nos quedamos jadeando. Luego, en la cama, perrito inverso. Su polla en mi raja, frotando ano. Lengua en mi espalda, escalofríos. Dedo en mi culo, lubricado con nuestra corrida. ‘¿Quieres?’, pregunta. ‘Sí, despacio…’. Presiona, glande entra, quema dulce, aprieto.

Lleno por completo, pausado. Empieza a moverse, pequeño, suave. Manos en tetas, pellizca pezones. Me toco el clítoris, hinchado. ‘¡Fóllame el culo, joder!’. Acelero, gimo alto. Me corro temblando, él gruñe, inyecta semen profundo, pulsando. Sale despacio, vacío delicioso.

Ducha juntos, jabón resbalando, lo chupo otra vez suave. Toda la noche follamos. Mañana, aún huelo a él. ¿Repetimos? Ay, sí…

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