Estoy en casa de mi padre, sentado en su sillón, dormido. Sobre la mesita, un papel arrugado, como un origami viejo. Lo miro y… bum. Viajo atrás. No sé por qué lo guarda aún. Mi corazón late fuerte. Me acerco, lo toco con dedos temblorosos. Prénoms de mujeres. Lista rara, en columnas. El de mamá al final. ¿Sus amantes? ¿Un mapa de su vida sexual?
Me siento. El aire huele a su colonia vieja, mezclada con medicina. Papá abre un ojo, me ve. ‘Hija…’, murmura. No dice más. Yo tampoco. Pero dentro, explota todo. Pienso en mis hombres. En esa noche reciente. La que me hace mojarme solo de recordarla.
El Papel que Despierta Recuerdos
‘Háblame’, dice él bajito. Sacudo la cabeza. ‘No, papá. Pero… déjame contarte algo. Como confidencia.’ Él asiente, ojos brillantes. Empiezo.
Era en una fiesta. Lo vi de espaldas. Sus nalgas… Dios, redondas, firmes, moviéndose con gracia felina. Olía a noche de verano, sudor fresco y colonia ligera. Me acerqué. ‘Hola, guapo’, le dije. Él se giró, sonrisa pícara. ‘¿Y tú quién eres, preciosa?’
Charlamos. Mi mano en su brazo, piel caliente. ‘Ven conmigo’, le susurré al oído. Olor a su aliento, menta y deseo. En el taxi, ya besos. Lenguas enredadas, saladas. Mi coño palpitaba, húmedo. ‘Quiero follarte’, le dije directo. Él rio: ‘Yo también, nena.’
Llegamos a mi piso. Subimos escaleras, yo delante, balanceando caderas. Me quité la blusa en el pasillo. Falda en la puerta. Desnuda total. Él parado, polla medio dura asomando por pantalón. ‘Ven’, lo tomé de la mano. Luego, apreté su paquete. Dura ya, caliente.
En la cama. Luces bajas. Olor a sexo inminente. ‘Quítate todo’, ordené. Obedeció. Cuerpo atlético, pecho velludo suave. Besé su cuello, salado. Bajé, lamí pezones. Gemido suyo: ‘Ahhh… sí.’ Polla tiesa, venosa, goteando pre-semen. La olí: almizcle puro.
La Noche de Placer Desenfrenado
La chupé lento. Boca llena, lengua alrededor del glande. ‘Joder, qué buena boca’, gruñó. Aspiré fuerte, saliva chorreando. Él me agarró pelo: ‘Más profundo.’ Tragué hasta garganta. Tosí un poco, pero seguí. Sabor salado-amargo.
Me puse encima. Coño chorreando, lo froté contra su polla. ‘Métemela ya’, supliqué. Deslizó adentro. Lleno total. ‘¡Qué apretada!’, jadeó. Cabalgué fuerte. Piel contra piel, slap-slap. Sudor nos pegaba. Olor a coño mojado, a huevos calientes.
Cambié posición. A cuatro patas. ‘Fóllame duro.’ Empujó brutal. Cada embestida, tetas rebotando, clítoris rozando sábanas. ‘¡Más! ¡Rompe mi coño!’ Gritos míos. Él: ‘Toma, puta cachonda.’ Palmaditas en culo, ardientes. Dedo en ano, juguetón.
Orgasmo cerca. ‘Me corro… ¡ahhh!’ Espasmos, jugos salpicando. Él siguió, gruñendo. ‘Dentro… lléname.’ Caliente, chorros profundos. Semen goteando piernas. Colapsamos. Sudor, semen, coño latiendo. Besos suaves después. Silencio sublime.
Se fue al amanecer. Puerta suave. Yo, saciada. Vuelvo al presente. Papá sonríe débil. ‘Hermosa historia, hija.’ Lágrimas mías. ‘Tu lista… es vida, placer.’ Él asiente. Abrazo su mano. Ahora entiendo. Mi propio origami de deseos crece.