Follada épica en oficina para salvar el culo
¡Ay, chicas, no os lo vais a creer! Soy Elisabeth, tengo 27 años, trabajo en una grande empresa aquí en España, y os cuento esto como si acabara de pasar… ayer mismo, eh. Mido 1,70, rubia con ojos verdes, labios carnosos que vuelven locos a los tíos, y un culo redondo que no para de llamar la atención. Siempre voy sexy pero elegante: faldas cortas, blusas que marcan justo lo que hay que marcar. Bueno, el caso es que soy jefa de servicio, subí rápido, y la gente murmura de “ascenso en la cama”, pero ni una prueba, ¿eh?
Todo empezó hace unos días. Sebastián, el contable de 30 tacos, soltero empedernido, vino a mi despacho. Alto, fuerte, con esa mirada seria. Yo estaba de pie, archivando papeles, con pantalón blanco ajustado que deja ver el tanga, y tacones rojos. “Hola, Elisabeth, ¿está lista la contabilidad para el cierre?”. Me giré, sonrisa nerviosa: “Ehh… no del todo, tengo un montón de carpetas… pero lo acabo ya ya”.
Se acercó, yo me incliné sobre el ordenador, culo en pompa. Sentía sus ojos clavados en mí, el calor de su mirada en mi piel. No dije nada, le expliqué los archivos pendientes, oliendo su colonia masculina, un poco de sudor del día. Se fue cabreado, llamó al jefe, y me dio una semana extra. “Gracias, Sebastián, lo tendré listo”, le dije al teléfono, aliviada.
Una semana después, entró de sopetón. Yo con vestidito negro corto. “¡Lo siento! Hay líos en las cuentas…”. Él explotó: “¡Me tomas el pelo! Mañana a las 18h, o te vas a la calle”. Se largó furioso, sin ni mirarme bien.
Al día siguiente, oficina vacía. Él entró puntual. Llevaba blusa roja desabotonada, falda negra ceñida, medias negras y botas hasta las rodillas. Cerré el pestillo, *clic*, corazón latiendo fuerte. Caminé hacia él contoneándome, sonrisa pícara. “Siéntate, termino ya”. Pero me acerqué: “Lo siento, no lo acabé… ¿No podemos arreglarlo?”.
“¿Arreglarlo cómo?”, dijo, ojos bajando a mis tetas. Desabotoné más: “Tengo otros talentos, ya sabes…”. Me senté a horcajadas, falda subiendo, mostrando los encajes de las medias. Tomé su mano, la subí por mi muslo suave, piel caliente. “Mira, un buen principio…”. Rozamos labios, susurré: “Vamos a follar. Fóllame como quieras, y olvídate de la contabilidad”.
Caí de rodillas, abrí su pantalón. Su polla ya dura, olor a hombre excitado, venoso. Lamí el glande, salado, *slurp*, lo tragué entero. Sus labios perfectos alrededor, succionando rítmico, ni rápido ni lento. Le miré con ojos verdes, chupé huevos, peludos, los metí en boca, lengua jugando. Agarró mi pelo rubio, folló mi garganta, *glug glug*, tosi un poco pero seguí. Rugió y eyaculó, leche caliente, espesa, tragué todo, limpiando con lengua, gusto amargo dulce.
Me subí: “¿Qué tal la entrada?”. “Jodidamente buena”. Me quité el sujetador, tetas pequeñas firmes, pezones rosados duros. Las masajeó, pellizcó, besó, mordisqueó. Gemí bajito, *ahh*, sus manos en mi culo, tirando tanga, rozando coño húmedo, olor a excitación mojada.
Polla dura de nuevo. Me puse de pie, giré, bajé cremallera, falda al suelo, tanga negro, coño depilado liso. “Te gusta?”. “Mucho”. Saqué condón del cajón, lo chupé más, *mmm*, lo puse. Me senté encima, *plof*, entró fácil, caliente, lleno. Ondulé, *clap clap*, tetas botando, sus manos en todo.
Al borde del escritorio, piernas abiertas: “Ven, fóllame tú”. Me penetró fuerte, *zas*, grité placer. Besos salvajes, lenguas enredadas, labios suaves míos devorándolo. Ritmo loco, rápido-lento, coño chorreando, *squish squish*.
“Por detrás”, pedí. Me puse a cuatro, abrí nalgas: “Directo”. Jugó, me hizo rogar: “¡Fóllame! ¡Rómpeme!”. Embistió, brutal, culo temblando, sudor goteando.
Dedos en ano, lubricado con mis jugos. Paré: “Espera, gel”. Lo unté, dedos dentro, *pop*, grititos. Luego su polla en mi culo, despacio… ¡entró! Apretado, ardor placentero, folló fuerte, *plaf plaf*, gemí ronca.
“¿Dónde eyaculas?”. “En tu cara, sumisa”. Me arrodillé, boca abierta, masturbándome. Sacó condón, me folló boca lento. Eyaculó, chorros calientes en cara, ojos, labios, tragué lo que pude, salado pegajoso.
Limpia, vestida: “Ahora ayúdame con el curro”. Terminamos a las 23h. Nos dimos la mano, como colegas. Pero sé que volverá…



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